Era una gata siamesa, la subimos y la tapamos bien, le dimos algo de leche y se quedó dormida en mi regazo… no me moví durante horas para no despertarla, durante ese tiempo pudimos ponerle un nombre: Minnie. Se lo puso mi hermana, por aquel entonces de 4 años, por el personaje de Disney supongo… Es irónico que un gato tenga nombre de ratón, pero en mi opinión, no podría haber habido mejor elección.
Desde entonces ha estado siempre ahí, a los pies de mi cama por la noche y en lo alto del sofá durante el día, para observar todo lo que pasase a su alrededor. Y escapándose cuando podía, no la culpo, todos necesitamos irnos de vez en cuando de picos pardos.
En definitiva ha sido la única que ha estado siempre a mi lado estos años, no se como se sabía siempre que yo estaba bajo de ánimo y necesitaba algo de cariño…lo que fuera…
Tantos y tantos días, meses y años siendo lo primero que veo al levantarme…
Como habréis podido suponer, ya no está conmigo, ha muerto.
Como la vida es muy dura, se que aunque ahora mismo se me estén empañando los ojos, dentro de un tiempo la habré olvidado. Porque soy humano, egoísta y desagradecido. Y como me resisto a esa idea, quiero dejar esto aquí, para acordarme de ella al menos cada vez que revise este rinconcito…
No he podido verla los últimos días de su vida, y se que ella me ha estado esperando, porque siempre lo hace, ha estado esperando a que llegue como cada día, me tire en la cama y le acaricie detrás de las orejas o en el cuello, según mi estado de ánimo… Pero yo no he estado ahí.
Se que no es mucho, pero esta es mi despedida: Adiós, Minnie, ojala creyera en el cielo… no lloraré más por ti, porque se que no vas a venir esta vez, aprenderé a vivir así…
Adeu.



