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20 de agosto de 2009

Boy's grammar

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Atravesandome una lluvia fina
mi mundo se vino abajo
aquella asta cruel y fría
devoraba mi estado.
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Un ademán cordial
no merecía la pena
pues me herviste las venas
clavandome aquel puñal.
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¿Miedo? Terror tengo.
Escapar de esta pérfida tierra
es lo único que deseo.
Es lo único que me queda.
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Pero vuelves para mofarte
En mis ojos, una lágrima lastima.
Y mi odio articula al hablarte
¡Mil rayos te partan encima!
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Ramón.

13 de agosto de 2009

Hilos de luz

¿Qué puede ofrecerte una marioneta? Un títere de abstracto titiritero sobre cuya cara han dibujado con un lápiz gastado una sonrisa que sesea, con una peluca de fiesteras serpentinas oscuras y unos ojos pintados de un modo desigual, con una pajarita de color carmín brillante y un colorido traje de papel charol con múltiples roturas, con rasguños sobre su frágil madera y unas muñecas atadas con trapo, con agujas como dedos y con unos zapatos tallados con aguja de diamante. Con invisibles hilos que le salen de la cabeza y del pecho, y de las extremidades.

Le gustaría poder tocar el piano, o poder arreglar las desencajadas piezas de otras marionetas, pero no puede. ¿Por qué? quien sabe. En ocasiones llegan otros abstractos titiriteros y compran con dinero a alguna de las marionetas que acompañan al títere en la función. Cuán maravilloso debe ser el dinero si puede comprar vidas. Debe ser de un color verde brillante, como el de una libélula que planea sobre un riachuelo, tener un sabor intermedio entre la miel y el chocolate fundido, poseer un tacto áspero y suave que relaje al tocarlo, que al ponértelo en la oreja se escuche el sonido de los pájaros que cantan en una mañana de abril y oler a hierba fresca, o a leche materna. Si no, ¿cómo se explicaría?

Cuando las luces se encienden y los acordeones resuenan por las calles significa que ha llegado el momento de su actuación. Emocionado, sale a escena y baila, tararea una canción olvidada de color amarillento y hace reverencias al público. Noche tras noche, recibe como respuesta a su alegría abucheos por parte del público, que no está nunca satisfecho. Él sabe que es telonero del auténtico espectáculo, y totalmente prescindible. Aun así sigue bailando, porque en ocasiones se sitúa al fondo del teatro una pequeña niña subida a los hombros de su padre que le chilla y le aplaude.

Cuando acaba el espectáculo es arrojado con rudeza a una vieja caja junto a otras marionetas que ya han cumplido su función por esa noche. La caja es colocada en el patio de detrás del teatro de los sueños, desde donde se ve una calle de la feria. La marioneta podría en cualquier momento echar a andar y liberarse de los hilos para ser libre y campar a sus anchas por el mundo, llegando incluso a poder contemplar el mar, pero si hiciese eso la soledad sería su única compañera. Teme la soledad, y la evita, aguanta, y observa. A la intemperie, y desde ese punto del patio, solo se ve en la noche un gato negro que busca por los tejados algo de comida sobrante, y que se queda mirando fijamente a las personas que pasan. Precisamente personas es lo que más ve por el día, se pregunta el por qué de sus sonrisas y sus apretones de mano, y mientras intenta comprenderlo ve como se acerca de nuevo el momento de su actuación, su oportunidad. Y así día tras día. ¿Qué puede ofrecerte una marioneta, además de una burda metáfora de su condición?.

Y… ¿Qué pasaría si derepente esa marioneta decidiese liberarse de su pesado cuerpo aún renunciando a la sonrisa de aquella chiquilla? (dando por hecho por tanto que sueña y recuerda). Dado que abstracto es su titiritero, solo podría librarse de él igualando sus condiciones de abstracción. ¿Qué hay más abstracto que una luz verde y pálida? Pues caso resuelto.

Tan inmensa es la decisión de pasar de la esclavitud a la libertad, que la decisión que la seguía no debía ser de ninguna manera desmerecedora a su rango de primera decisión en libertad. La gente que ríe, el dinero y el gato. Eso es todo lo que sabía del mundo exterior, y lo menos terrorífico era el gato. Por tanto la decisión estaba ya tomada, sería un gato, un felino negro. Para aprender a ser gato tendría que seguir a aquél gato de cada noche, aprender sus costumbres y su filosofía de vida.

Cuando vio al gato, se desplazó hasta su posición, y cuando éste terminó de comer comenzaron su travesía por los tejados. Al ángel le sorprendió el paralelismo entre sus vidas: El gato negro dormía todo el día en una esquina apartada, y cuando llegaba la noche es cuando comenzaba a vivir, iba de barrio en barrio buscando comida, en alguna ocasión encontraba alguna gata con la que flirtear, y cada noche se paraba durante horas en un tejado. Cuando llegaba el día, dormía, como él había esperado en la caja.

El tejado era un punto obligatorio, y no era nada especial, era viejo inestable y no se divisaba comida por ningún lado, pero cada noche iban allí. La luz se preguntó desde cuándo había estado aquel gato mirando cada noche por la ventana que enfrente se iluminaba, y cuanto tiempo más estaría. ¿Por qué dedicar la libertad a observar por una ventana? ¿Qué quería ver? ¿Qué esperaba? Cansado de hacerse preguntas y de observar la cara de tranquilidad del felino, el ángel se decidió a mirar por la cristalera. La escena no era para nada singular: Dos niños, el mayor dormido, y el pequeño sentado en el suelo con un rostro inquieto y curioso, y sentados en el sofá sus padres, frente a ellos una televisión que emitía un estúpido programa americano llamado Ally Mcbeal, entonces se produjo un breve diálogo: -Mamá, que es un condón- dijo el pequeño, -¿se lo contamos ya?- murmuraron los padres entre risas. La luz dedujo que el gato no rondaba aquél lugar por la televisión, ni por los tales ‘’condones’’, sino por algo más interesante…

9 de agosto de 2009

La décadence d'une fleur


Este post lo publiqué hace días y lo retiré minutos después. Para mí y para vosotros sería mejor no leerlo porque ya no se ni qué decía y probablemente ya no piense igual. No puedo huir de mí mismo, por eso lo vuelvo a publicar.


Esto es lo que escribí un día:

El otro día, en el mar, nadaba con una velocidad poco propia de mí hacia el horizonte, lo más lejos posible de la realidad, de la tierra. ¿Bestias marinas, a quién le importa ya eso? Me cansé de nadar y sumergí la cabeza en las aguas, allí había paz. La paz que busca el que convive con la oscuridad. Escuché como la voz de una niña se alzaba entre el silencio gritando mi nombre. Sobresaltado levanté la cabeza y la busqué. La niña corría hacia un hombre, presumiblemente mi tocayo. La llamada no era para mí tampoco esta vez. Volví a hundir la cabeza en el silencio tras mi fracasado intento de rescate de aquella niña en apuros.

Ya no quedan ni migajas de la persona a la que, probablemente, un día conocisteis. Ni los míseros recuerdos que me acosaban me consuelan ya. Finalmente he perdido la batalla, la batalla de los desesperados en la guerra de los que no deberían haber visto lo que han visto. Me digo a mí mismo que aún queda algo por lo que luchar, pero cada vez mi voz se hace más débil, no recuerdo ya nada y mis ojos se están cansando de buscar cosas que valgan la pena en este mundo. Últimamente han pasado las cosas tan deprisa que no he tenido tiempo de asumirlas, y ha comenzado mi décadence.

Desprecio mi mirada, que denota odio debajo de una mata de pelo que lo entierra y disimula, ese odio que tanto temo. Amo… quién sabe lo que es amar, y no me convence lo de sorber la eternidad. Normalmente hay que indagar mucho en mi mirada para encontrar ese negro odio que se esconde en ella, hoy no se ve en mi rostro otro rasgo. Seguiré esperando una llamada de socorro, para fingir que ayudo a alguien mientras me salvo a mí mismo. Mientras tanto me podéis encontrar flotando boca abajo en un lugar alejado del mar.

‘’Un hombre se vuelve loco si no tiene a nadie, no importa quién sea ese ser mientras esté contigo. Te digo que se vuelve solitario y enfermo’’




Pero claro, no podía quedarse así, así que al día siguiente:

Mi padre. 48 años. Ascendencia de la nobleza. Conoció el amor a los 18 años, y a los 25 dejó de estudiar, precisamente por esa razón. Por suerte o por desgracia, tuvo 4 hijos. En mi opinión conocer a aquella mujer fue la condena a una prometedora vida. Ahora está condenado al tedio y a la mala salud, a ver como su lucha jamás tendrá recompensa.

Hoy paseaba por la playa junto a él y a mis hermanos (después de no haberlo visto en mucho tiempo), nos paramos en un lugar apartado y se tumbó. El sueño pudo conmigo y apoyé mi cabeza en él, me habría abrazado a su cuerpo, pero al fin y al cabo debo cumplir con mi rol de persona fría y calculadora. Sentí un calor y una protección especial, abrí los ojos y era de nuevo un niño ganando su primera partida de ajedrez. Habían vuelto los recuerdos.

Trabajar, trabajar, trabajar, y morir. Él sabe que es su destino, yo con el tiempo lo he tenido que asimilar. Trabajar día y noche para no abandonar sus responsabilidades. Sabe que la vida que le queda es amarga y solitaria, y que muy lejano debe resultar el día en que pueda disfrutar de la vida. Encadenado por una serie de malas decisiones que han consumido su vida, y que fueron el inicio de su décadence. No hay persona en el mundo con mayor fuerza de voluntad y que haya probado más en sus labios la amargura de la vida. Una historia terrible que no considero justo contar aquí. Incendios, muerte prematura, rechazo, clandestinidad, lágrimas reprimidas... En efecto, él es mi modelo, la persona a la que admiro, aún habiendo pasado mi infancia. No hay persona más valiosa. En este momento está trabajando en su mes de vacaciones mientras aquella mujer le pide más trabajo sentada en su cómodo sofá. No está tan solo como piensa, un día le ayudaré a salir de su agujero, solo necesito poder. Poder…

Voy a empezar mi camino. Romperé cadenas que considere amenazantes. Imitaré sus bondades y evitaré sus errores. Me levantaré y descargaré mi odio contra la tiranía. Amaré las cosas que valgan la pena y seguiré cultivando algodón entre la maleza.
Pero lo más importante es que aún no me rindo, no importa lo que haya pasado, ni lo que pasará, sigo vivo, y tengo recuerdos. No necesito más. Superaré los obstáculos… y el dolor.

Lo siento por la publicación.






6 de agosto de 2009

Queridos

Buenas. Soy Ramón, y a falta de un acontecimiento para hacer la entrada que esperaba hacer hace años,pondré mientras un poema que retrata a gente que conozco. Espero que os vaya bien a todos.
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Queridos
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Entra por mi ventana
el fresco aire nuevo.
Su sonrisa me calma,
un rápido te quiero.
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El viejo sigue su corriente,
felices sus ojos veo.
Una sóla persona es su gente,
no necesita más que un te quiero.
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Golpea todo lo que a su paso queda
la dura rama que se mece al aire;
mas quiere abrazar al que siente
que será quén le dé un te quiero.
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Alegre aparenta la gota de agua,
vacía se siente por dentro.
Un día descubrirá sola
como decirse te quiero.
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El aire nuevo se rie.
El aire viejo tiene suerte.
La rama verá que es posible.
Y la gota de agua se entiende
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Ramón.
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