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30 de septiembre de 2009

48- Y comieron perdices



M
iedo. El miedo es aquello que nos hace elegir con más prudencia para prolongar nuestro tiempo de vida, es como un dosificador que regula cuidadosamente toda una existencia. Mirando por la ventana puedo reconocer el rostro de Carmen, la hija de Estela, que hoy se ha pintado por primera vez los labios para la cita con el chico que la espera bajo su balcón. Una anciana con un sombrero cubierto de terciopelo pasea a su nieto con una apacible tranquilidad. El poeta que se sienta cada día en el banco más cercano a la fuente parece por fin inspirado y apunta con pasión sus pensamientos, para que no salgan volando. Este es el día de todos ellos, ¿qué podría arruinárselo?. El miedo es lo que me falta en estos momentos. En mi mano sostengo un antiguo portarretratos, con una foto no tan antigua en su interior, al mirarla no puede existir en mi una sensación que no se acerque a la felicidad. Cualquiera que me conozca de una copa sabe perfectamente que solo me queda ya un miedo: dejar de amarte, querida, dejar de sentir tu amor y no tenerte más en mi interior ni que yo esté en ti. Coloco el portarretratos boca abajo y me dirijo al centro de la habitación, a mi alrededor está mi hogar, mi cálido hogar. Tantos recuerdos, tantas historias, cada rincón oculta un secreto y cada secreto oculta una pasión. Curiosamente, sobre la mesa hay una antiquísima vela encendida, la cojo con cuidado (no quisiera quemar algo por accidente) y me dirijo lentamente a la ventana, coloco la vela bajo la cortina y me dispongo a pulsar un botón que está junto a la puerta. Es hora de salir de aquí, con una visión más global de la casa se puede observar que las cortinas de tela están en contacto con unos cuantos materiales extremadamente inflamables, y estos materiales a su vez tocan a otros materiales inflamables. Qué curiosa disposición. Cierro con cariño la puerta para que no entre nadie indeseado, y emprendo mi camino.

Meto las manos en los bolsillos, mientras camino puedo observar como Carmen chilla desde su balcón asustada. No te sulfures, pienso. La anciana grita pidiendo ayuda y el poeta se dedica a observar perplejo como la gente corre nerviosa a su alrededor, mientras le siguen llegando ideas que apunta emocionado. En la parte posterior de mis hombros se refleja una luz roja que, por lo visto, se alza a mis espaldas. Yo ya no puedo mirar atrás. Es otoño, 30 de septiembre, para ser más concretos, personalmente me encanta como el viento arrastra en su silbido a las hojas secas que se emancipan de los árboles. Hoy soy otoño. Saco de mi bolsillo derecho un montón enorme de papeles arrugados, son unos 274, creo, y tienen en una de sus caras un enorme número, y en otra un texto de tamaño variable. Como si repartiese por el mundo mi legado, voy arrojando por las calles estos papeles, en un orden aleatorio: 15, 14, 8, 16, 5, 18, 17, 12, 14, 16, 27, 7, 21, 17, 18, 24, 19, 32, 40... Así se fueron mezclando los papeles arrugados con las hojas rojizas, y juntos bailoteaban con gracia al son del viento. Me pregunto dónde acabarán, y si alguna vez alguien los leerá. En el plano personal, me siento de repente mucho más ligero y capaz, como si no hubiese vivido hasta este momento. Supongo que esto realmente significa que estoy comenzando una nueva vida. Sigo caminando, no puedo pararme, ahora no.

Después de un agradable paseo he llegado. Este es el sitio más gris que he visto jamás, sé que entre aquellos papeles arrugados se encontraba un nefasto recuerdo de este lugar, pero afortunadamente ya no están conmigo. Me sitúo frente a la tumba correspondiente y resoplo con todas mis fuerzas. Ha llegado el momento. Hola, vengo a despedirme, hoy partiré muy lejos, más lejos de lo que siempre soñé llegar. Llevo muchos días pensando cómo decirte todo esto sin derramar una lágrima, y seré lo más distante posible. Creo que no es algo que te sorprenderá, siempre me viste así, siempre elegí que me vieran así. A lo largo de mi vida he estado continuamente eligiendo el camino que debía tomar, no porque fuese el momento ni porque me viese preparado, sino porque todos lo hacían, y siempre tuve miedo a decepcionarte, hasta que ya no lo pude tener más. En ocasiones, reuní suficiente valor como para darle un giro drástico a mi vida. Es increíble lo que puede cambiar el abrir una puerta, o el decir una palabra. Fui testigo presencial de tu vida, ya que yo era uno de sus pilares. Me dediqué muchas noches estrelladas a reflexionar sobre los errores que alguna vez cometiste. Siempre quisiste mi felicidad, y yo no he querido a nadie más de lo que te he querido a ti, aunque esto no te dijese. Estudié, senté la cabeza muy pronto, e intenté alejarme de aquellas mujeres que pudiesen arruinar mi libertad (como hicieron con la tuya). En el resto, intenté seguir tus pasos, tu talento, tu alegría, tu fuerza, tu corazón. No tengo nada de eso, no pude ser ni tu sombra. Intenté compensar todo eso formulando un método para gozar al máximo de cada segundo. Con el tiempo ese método se agotó, y todo se volvió igual. Ahora estoy solo en el mundo. No por ser un tópico es menos cierto que el amor es lo único que puede completar nuestro ser. Yo la amo a ella, siempre la amé a ella, desde la noche de los 48 dolores, las 27 lunas y las 274 estrellas, y antes de esa noche también me vi atraído por sus destellos. La amo, y quiero que experimente junto a mí todo un mundo de sensaciones nuevas. Lo he dejado todo, he olvidado quién era. A partir de hoy todo lo que vea lo veré por primera vez, y la emoción será un punto inevitable de mi vida, seré un niño de nuevo y disfrutaré. Disfrutaré como un loco. Por eso me voy lejos, muy lejos. Te prometo que volveré aquí, contigo, algún día. Ahora debo irme.

Lentamente me vuelvo hacia el camino que debo tomar, si sigo por allí llegaré a mi destino en poco tiempo. Queda poco. Pero algo sucede, mis ojos se abren de par en par. Fui un iluso al no calcular que esto pasaría, y ahí está. Sentado en medio del camino está el gato negro, que clava sus ojos azules en mis pupilas. La incredulidad se apodera de mí. Algo va mal, una fuerza inmensa me oprime el pecho, me siento de nuevo pesado y me cuesta respirar. Por desgracia, sé lo que me está pasando, tengo aproximadamente un minuto para intentar encontrar mi último recuerdo. Cierro los ojos y miles de imágenes se clavan en mí, pero entre todas ellas hay una, al fondo, no la había visto antes, no estaba entre las 274. Inmerso en mi propia mente, voy flotando hasta esa imagen, y la toco.

Tengo los ojos cerrados, muy cerrados, tan cerrados que llevan así toda mi vida. Tengo que hacer un esfuerzo, en otras ocasiones no pude ver más que manchas, pero me niego a asumir que el mundo realmente sea así. Concentro toda mi energía, y los consigo abrir. No sé dónde estoy, pero sé lo que hay aquí. Lágrimas en mi cara, y mi madre sosteniéndome con dulzura en sus brazos. Me está cantando una canción muy suave para que me tranquilice, todo a mi alrededor es entre rosa y blanco. El sueño me vence, voy a volver a cerrar los ojos, adiós mamá, te echo de menos.

Abro los ojos, el dolor es ya incontrolable, no puedo fijarme en nada de lo que hay fuera de mí, ya no solo me duele el pecho, se ha extendido ya a hombros, cuello y mandíbula. Me desplomo contra el suelo, ya apenas puedo mantenerme de rodillas, me llevo la mano al corazón. Estoy sufriendo un infarto. Todo a mi alrededor se ha desvanecido casi. Con que es así como se va a acabar. Es así como dejo de amarte, es así como el miedo abandonará mi cuerpo. Tú nunca me entenderías, no tienes cuerpo. Me lo has dado todo: el sufrimiento, el goce, la indiferencia. He llegado a odiarte con todo mi ser, y a amarte y venerarte como a una diosa. Ahora nuestros caminos se van a separar, y jamás volveré a odiar, ni a amar, porque tu eres lo único que merece ser odiado y amado. Gracias, es todo lo que te sé decir, ojala pudiese estar contigo por siempre, quiero más de ti, siempre quise más. Quizás tú también quisiste más de mí. Te amo, vida. Jamás seré yo si ti, ni tú serás tú sin mí. Cuando te pierda ya no podré amar, ni odiar, ni elegir mis caminos. Pero tú seguirás aquí, ¿verdad? Seguirás aquí con Carmen, el poeta, la anciana y su nieto. Les darás ilusiones y escarmientos y les enseñarás mil lecciones que al final se resumirán en una. Decides irte, pero te advierto que no conocerás a muchas personas que te amen como yo te he amado. En fin, vida, es hora de despedirse en esta tarde de otoño, recuérdame, si es que puedes. Yo te querré siempre.

De repente me encuentro mejor. Veo lo que ocurre a mi alrededor con cierta claridad. Ha empezado a llover por aquí, la lluvia se mezcla con el sudor frío que recorre mi frente, y a lo lejos puedo contemplar como un chico saca la lengua para sentir como el dulce sabor de la lluvia recorre sus labios mientras mira hacia arriba, se le ve feliz. Tiene gracia. Como esperaba, vuelve a dolerme el pecho y siento mareos. Esta vez no habrá nada que lo pare. Todo se hace cada vez más confuso. Abro los brazos hacia el sol, como si fuese a atraparlo entre ellos, y me desvanezco. No sueño, no odio, no amo, no siento indiferencia. Ya no existo.



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La luz dedujo que el gato no rondaba aquél lugar por ese motivo, sino por algo más interesante. Si se observa la situación con atención, uno puede darse cuenta de ciertos paralelismos. El gato que en estos momentos se encuentra junto a la luz vive en la noche, el tiempo en el que las marionetas hacen su función, y en el que los niños sueñan. La vida en realidad no es fácil de entender. Nace un ser perfecto y puro, que ante la desesperación y el paso de los años comienza a tener prisa por llegar a alguna parte (no sabe dónde), y olvida todo lo que fue, para acabar siendo nada. La marioneta que se desprende de su cuerpo armónico para ser libre y se encuentra con que lo único que puede hacer es observar a un ser humano, uno cualquiera, por lo que parece. Pero tú y yo somos parte de él, no existimos en otro sitio que en su interior. Esperas a algo, ¿no? Estarás ahí sentado el tiempo que sea hasta que llegue la hora de que comience tu función. No le dejarás huir ahora que eres parte de su vida, nunca podrá olvidarte, estarás ahí cuando cometa un error, y más tarde volverás a estar para recordárselo. Eres el miedo. Jamás será libre del todo mientras tú estés. Mientras tanto, el niño está sentado en el suelo, aún a los pies del sofá. Aparentemente no ha encontrado respuestas, así que cruza los brazos, cierra con fuerza los labios, y entrecierra los ojos. Será interesante ver cómo llega a su destino, le queda toda una vida. Espero poder decir al final que él y los que le rodearon fueron felices...


27 de septiembre de 2009

7- Vida



La esfera es la forma perfecta para nosequién, todo mi cuerpo comprimido al máximo y mi dedo pulgar dentro de la boca. Este calor y esta comodidad que siento no es igualable a ningún placer existencial. Entre algodones y con el moflete pegado al colchón me estiro un poco y saco el pie derecho de la manta, levanto la espalda para acomodarme y me vuelvo a dormir abrazado esta vez a la almohada, que se halla atrapada por mis piernas. Siento una leve sensación alegre pero un poco molesta en algún lugar del cuerpo y me dispongo a identificarla. Algún invasor del sueño ha aprovechado la debilidad de mi pie derecho para asediarlo a cosquillas. No me deja otra, debo defenderme.




''¿¡Quieres parar, Papá!?'' fue mi réplica más mordaz. ''Venga, vistete rápido hijo, tenemos que irnos, ya ha llegado el momento'' contestó. Anoche estaba tan cansado que me dormí con la ropa puesta, me gusta cuando el trabajo ya está hecho de antemano, soy previsor. Con un paso lento y cansino bajo a la planta baja y sigo a mi padre (con mi hermano pequeño en brazos) y a mi hermano mayor hasta el coche. Pasando por el jardín recuerdo que ayer jugué a ser un tirano que debía destruir el mundo de las hormigas porque habían manchado el honor de mi especie a base de picotazos. Metí la manguera en su nido (o como se llame) y maté muchas, luego estuve toda la tarde derramando lágrimas porque me sentía culpable, menos mal que la cena me relajó un poco. Lo siento chicas. Una vez en el coche me siento justo al lado del conductor, como siempre. Al fin y al cabo es el segundo puesto más importante dentro de la sociedad de personas que se montan en coches, en cuanto pueda le arrebataré a mi padre el primer puesto y seré el rey.


''¿A dónde vamos papá?'' pregunto mientras me froto los ojos de sueño. ''Al hospital virgen del rocío, allí está mamá esperándonos''. Apoyo la cabeza sobre mi puño cerrado mientras sitúo el codo sobre un punto sólido para pensar en condiciones. ¿Qué estaba haciendo mi madre en el hospital?. Últimamente no paraba de comer dulces y de quejarse sobre dolores de barriga, seguramente le están tratando eso. De repente se ilumina mi ideario, mi madre, ni más ni menos, guardaba en su barriga a mi futuro hermano. Seguramente se la abrirán en dos para que salga y no se ahogue, espero que no le duela. En cuanto lo conozca pienso enseñarle a pelear como un maestro, para que sea invencible, será mi arma secreta por si alguien se mete conmigo en el futuro. Caigo en la cuenta de que las personas que están a mi alrededor no tendrán ni idea de por qué estamos camino al hospital, así que adopto un natural aire de superioridad y exclamo: ''¡Ya ha nacido el hermano!, ¿es que no os habíais dado cuenta?''. ''Hermana, querrás decir, os está esperando allí para conoceros''. La respuesta de mi padre me deja helado, una niña, ¡qué asco!. ''Yo no quiero que sea una niña, si lo es la pienso maltratar todos los días'' dije cruzándome de brazos. ''Es tu hermana, deberás cuidarla y enseñarle cuanto puedas, además, ¿si te dan asco las niñas como te vas a casar cuando seas mayor?''. ¿Casarme yo?. Que indignación, ante esto solo me deja la opción de entrecerrar los ojos, cerrar con fuerza la boca y hacer un gesto llamativo al volver a cruzar los brazos para que sea bien consciente de mi enfado. Giro la cabeza, la sombra del coche se proyecta en el asfalto, la vida transcurre.


''Esta es vuestra hermana, Isabel Cristina'', dice una vez hemos llegado al punto clave. No es que me interese demasiado conocer al que seguramente será mi mayor enemigo el resto de mi vida, pero me asomo a la cama donde está mi madre sonriente, parece cansada. Entre sus brazos hay un bebé envuelto en una manta rosa. Parece muy suave y tiene algunos pelos rubios en la cabeza, tiene los ojos cerrados y no se ve muy peligrosa. Una mueca se dibuja en su cara. ''¡Creo que me ha sonreído!'' grito. ''Aún no puede, Ale, te lo has imaginado'' me replica mi madre. Yo sé lo que he visto. No se por qué, pero en estos momentos me siento en armonía con este nuevo ser que ha aparecido en mi vida pidiendo a gritos que le proteja y le cuide. Parece que al final no es tan mala como creía, me caes bien hermana, puede que sea tu aliado en la vida que acabas de empezar. La vida es maravillosa en momentos como éste, estoy deseando llevarla a casa para presentársela a mi perro. Mientras me regocijo en mis planes un señor con bata blanca me pisa sin querer y alcanzo a dejar la huella de mi zapatilla en su reluciente atuendo sin que se dé cuenta, será estúpido...



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22 de septiembre de 2009

XX- Sin título



Al son de una melodía celestial los ángeles bailan sobre nuestras cabezas y con sus sandalias de madera pisan con fuerza las nubes, que a su esponjoso modo se sienten irritadas y deciden arrojar al vacío el néctar de la vida para que los ángeles no puedan beberlo más. Si los fluidos de repente gozaran del deslumbrante pero engañoso sentido de la vista podrían observar en la larga caída en vertical a un niño que hace muecas mientras pega la lengua en la ventanilla de un avión, también a la madre que levanta la mano y la dirige a toda velocidad y abierta de par en par a uno de los mofletes del niño, mucho más abajo podrían ver un gordo señor con camiseta de tirantes blanca que aprovecha que nadie mira para coger con cuidado la ropa interior de las mujeres mientras está tendida en la azotea de algún edificio azul, y el brillo de la naranja más alta de un naranjo al situarse este líquido sobre ella, por último podrían ver una lengua totalmente fuera de una boca y a la que se precipitan sin remedio hasta chocar contra ese pegajoso órgano móvil.




Meto la lengua en su sitio, parece que está lloviendo, en circunstancias normales me quedaría aquí como un tonto esperando a ver el espectáculo de una señora resbalándose, el parabrisas de un coche en plena acción o la luz de una farola reflejándose en un charco cualquiera, pero hoy no es el día más adecuado para ello. Así que echo a correr hacia ninguna parte, por el camino piso sin querer la cola de un gato negro que corría en dirección contraria a la mía. ''Lo siento'', susurro, y sigo corriendo hasta encontrar un local con un gran letrero, que deduzco que es un café-bar. Entro para resguardarme de la lluvia y pedir algo que me caliente un poco el cuerpo. Al entrar tengo la sensación de haber perdido algo, rebusco en los bolsillos de mis pantalones pero no está, y no sé exactamente qué es lo que es. Todo parece mejor desde fuera, el ambiente era bastante deprimente, solo salvado por una pareja que, también mojada, se acariciaba mutuamente como si acabasen de salvarse la vida y estuvieran viviendo una nueva oportunidad. Cinco ancianos juegan a las cartas, uno de ellos tiene pinta de perder siempre, todos se ríen de él, en el fondo nunca perdemos el espíritu de la niñez. Solo una persona está sentada en la barra, y como nunca fui de llamar al camarero desde una mesa, me siento a su lado.



Mientras me voy acercando voy asimilando que esa persona que está apoyada en la barra no es una persona cualquiera para mí, y también que este momento no pasaría desapercibido en la historia de mi vida. ''Hola, Ramón'', fue la primera frase que se me ocurrió, quizás no fue la frase que estuve imaginando ni planeando durante tanto tiempo, pero es lo primero que me salió, y el objetivo de llamar la atención de esa persona ya estaba cumplido. ''Ale...'', respondió con cara de estar viendo un fantasma. A: ''Hace ya mucho tiempo desde la última vez, había perdido la esperanza de volver a verte''. R: ''¿Por qué querías verme, acaso esperabas perdón?''. A: ''Aun así, me consuela comprobar que aún queda algo de mi antigua vida, ya sabes que nunca quise hacerle daño a nadie, pero siempre acabo haciéndolo, supongo que va con mi naturaleza''. R: ''¿Y ha cambiado mucho tu vida en este tiempo, o sigues mendigando por ahí algo de cariño?''. A: ''Ya sabes, en superficie es distinta, pero en el fondo sigo igual, al fin y al cabo la gente nunca cambia, ¿no?''. R: ''Si tu lo dices... bueno, debo irme ya, tengo una mañana ajetreada, me ha gustado volver a verte''. A: ''Espera, no te vayas tan rápido, podemos vernos un día de estos para retomar el contacto y saber qué ha sido de nuestras vidas''. R: ''Claro, ya te llamaré, adiós''. ''Hasta que nuestros caminos se crucen'' susurro, ni siquiera le di mi número, siento ganas de correr detrás de él y decirle lo que le llevo queriendo decir mucho tiempo, pero es mejor dejarlo así...



El camarero corre histérico de un lado para otro y resopla cansado, el anciano de antes había ganado por fin una partida y fuera había dejado de llover y ya salió el sol. Al final no pedí nada, pero el camarero sabrá perdonarme. Voy lentamente hacia la puerta y observo como brilla el sol a través de las hojas de un naranjo, caigo en la cuenta de que había algo que había perdido y que por tanto no estaba en su sitio, el título, así que meto la mano en el bolsillo de la bata, y lo saco. ''27- Roturas''.


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21 de septiembre de 2009

NO QUIERO VERTE MÁS

Es una mañana un tanto nublada, sin embargo me encuentro distraido, excitado, emocionado, es mi primer día y nada puede chafármelo excepto el miedo de volver a verlos y recordar sus burlas, sus prejuicios, sus acosos...Nada.
Entro por la puerta principal que me parece grande, muy grande, a diferencia de la del colegio esta es mayor, quizás porque en este lugar es donde se forman las personas mayores o quizás simplemente porque la estructura del edificio así lo exigía.
Como en todas las cosas, me seleccionan y me llevan al lugar donde, de lunes a viernes pasaré mi vida durante todo un año.
Mi siento solo, miro a mi alrededor, entonces...ella.
Es pequeña aún, muy pequeña, se da un aire a lo que es ahora pero aún es una niña.
Me quedo embelesado mirándola, oyendo su voz, escuchándola, ha empezado mi pesadilla.


Me transporto ahora y me veo en un lugar cercano a la madurez, me queda poco para cumplir 18, me queda poco para ser un hombre y dejar este lugar asqueroso que solo me ha traído desgracias y dolor y sin embargo, ella.
Aún no puedo dejar de mirarla, aún no puedo evitar quedarme fíjamente estudiando su anatomía, aún no puedo dejar de arriesgarme a que me vea porque así podemos cruzar nuestras miradas, aún no puedo evitar pasar por su lado y respirar su fragancia, aún no.
Estoy a punto de hacer la selectividad, sin embargo...ella.
Se acerca, pregunta algo que relacionado con los exámenes, se queda estudiando a mi lado para preguntarme las dudas, se marcha cuando ve que la ignoro y que no me agrada su presencia.
Ya no quiero mirarla, ya no quiero sentirla, ya no quiero saber nada de ella, solo quiero sacarla de mi vida, olvidarme de su cuerpo, de su figura, de su voz, de estos seis años platónicos.
Se marcha, solo volveré a verla tres veces más.



Espero en la puerta de la iglesia a que vengan a recogerme, de pronto un hormigueo me recorre la espalda, hay gente que sale de misa y yo, ya sé lo que voy a ver si me giro hacia atrás.
La veo de lejos, la reconozco al momento y veo como se marcha no sin antes percatarme de que ella me ha visto y que, desafiante, me devuelve la mirada. La veo marcharse en un coche.
No sé que me pasó, no sé que sentí, no es amor, no es cariño ni pasión, es algo doloroso, profundo y tremendamente jodido, pero no sé ponerle nombre.
No me encuentro bien.

Solo una persona puede ayudarme, la única que quiero, que amo, la más especial, ojalá supiese cuanto la amo y cuanto quiero librarme de ella para nunca más hacerla sufrir.
Me odio a mí mismo, querría ser un muñequito de trapo sin sentimientos, que se quedase debajo de una cama, olvidado, hasta que llegase el momento de ser arrojado a la papelera y de ser reciclado para convertirse en algo útil.
Y sin embargo ella, no quiero verte más.

18 de septiembre de 2009

12- Se marcharán las estrellas











16- El bloc de notas


Doscientos setenta y uno, doscientos setenta y dos, doscientos setenta y tres, doscientos setenta y cuatro... Ojeras, labios secos, hambre, sed, y sueño. No quiero comer ni dormir, no le veo sentido ya. Ahora lo único que existe en mi vida es el silencio y la observación. Ni a mi familia le hablo, y ya han desistido de intentar arrancarme una sonrisa. Este verano es el precio que debo pagar por todo lo que he hecho mal. Desde las 4:12 de la mañana, que empecé la cuenta, he contado 274 estrellas, me he entretenido 27 veces mirando el brillo de la luna y he sentido dolores 48 veces en el pecho, piernas, y cuello. Eso significa que no deben quedar muchos minutos para que, un día más, vea como amanece. Al principio era lo que me mantenía alegre, pero no puedo retener esa sensación, el amanecer es efímero como mi inconsciente felicidad. A duras penas sostengo en mis manos un viejo bloc de notas que conservo desde los doce años. En las primeras páginas hay dibujos de mi y de mis amigos del colegio, en posteriores páginas la fantasía se torna en lamento. Dibujos de estrellas y del desaparecido Simba, fragmentos de canciones, la mitad de un papel arrugado pegado en una de las hojas, y textos en los que me desahogo. Ya que no hablo con nadie, es importante tener un medio para esto.



El muro de esta azotea sigue igual de blanco que siempre, ya he calculado miles de veces las consecuencias de saltar desde ahí al patio de la planta baja. Una opción es que salga gravemente herido, gracias a lo cual recibiría por fin algo de cariño, otra opción es la muerte. En muchas ocasiones he apoyado mi talón en el muro, con lo cual solo debía apoyar el otro para caer al vacío en cuestión de dos segundos. Sin embargo nunca di el segundo paso. Supongo que no estoy hecho para esas cosas, mi yo futuro jamás me lo perdonaría. Espero encontrar alguna motivación en el bachillerato que me despeje para siempre esas ideas de la mente. Oh, el cielo ya se tiñe de rojo, es hora de dejar de pensar...


14- Sueños blancos

Suenan campanas desde algún campanario alejado de aquí, seguramente solo existan en mi cabeza. Por alguna razón que desconozco me hallo situado en la calle paralela a mi antiguo colegio, pero hay diferencias. Lo que antes eran afilados bordes de la acera ahora se han redondeado y todo es inofensivo, no creo que haya nada en este mundo que me pueda hacer daño, lo que me permite ir a mi ritmo sin preocuparme. La diferencia más notable reside en una especie de marco blanco que recubre toda la zona, todo es más blanco y brillante. Seguro que nunca olvidaré mi paso por este mundo suave y difuminado.




Entre tanta blancura se observa con claridad una silueta subida en lo alto de un montículo de los laterales del colegio. Sin respetar mi propio ritmo me veo de repente a su lado, como por arte de magia. Su cara es más blanca que nunca, pero con color suficiente como para que no pueda existir nada más delicado, y como siempre, se resaltan las pecas entre su piel. Habla: ¿Qué haces aquí, Ale?-, contesto: Acompaño a mi hermana- supe mientras lo decía. Sigue hablando y hablando, yo solo veo una boca abriéndose y cerrándose. Usando la visión periférica puedo comprobar que de buenas a primeras el mundo se había reducido a aquel metro cuadrado en el que nos situamos, el resto había desparecido. Creí que no volvería a verte- digo. Debe haberte atormentado esa idea, ya que nunca pudiste despedirte de mí, ¿no es así?- responde, me pregunto como sabrá lo que pienso. El espacio que nos rodeaba se hace cada vez más pequeño y de buenas a primeras encuentro que mis labios están junto a los suyos. No sé cómo ha pasado, ni quién se ha acercado, pero el tiempo se ha parado y todo se ha vuelto más blanco. Esto es lo que llevo esperando toda mi vida, es como si estuviera soñando. Sus manos están cogidas de las mías y son suaves, más que el invierno. ''No me volveré a separar de ti, solo tienes que mirar al cielo'', me susurró. Todo se vuelve de pronto blanco y desaparece todo lo que tenía. Ahora solo soy un solitario chico tumbado en su cama al que le late demasiado deprisa el corazón y se mira estupefacto la mano, como si hubiera visto el mayor milagro del mundo.




12- Cómo construir una sonrisa



Y ahí están los dos niños, Ale y Lorena, a la salida del gimnasio y después de hacer educación física. Ella con un chándal lila y él con uno negro y blanco. Cuando se quedaron solos se produjo una singular conversación que quedaría marcada en alguna memoria:



L: Oye, ¿tú tienes pareja para el baile?

A: No.

L: Pues ya está, tú conmigo.

A: Vale.

L: Pues hala, ¡hasta luego!


El chico esperó a que la chica se fuese para emitir un sonoro ''¡Toma ya, soy una máquina!''. Cosas de niños. El día del baile terminó de bailar con ella la primera pieza y le dejó a otros los siguientes mientras se sentaba en medio de la pista con Chema, al fin y al cabo ya había cumplido su objetivo de sacar a bailar a la dama, y así lo reflejaba su sonrisa.


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15 de septiembre de 2009

17- El charco y la farola



Sigue lloviendo. Un melancólico olor a tierra removida invade mi ser y siento como la plenitud recorre cada rincón de mi cuerpo. Una chispa se enciende en mis ojos y siento ganas de gritarle a todos que estoy más vivo que nunca. No creo que pueda hallar mayor felicidad que la que me proporciona la lluvia.


Poniéndonos en contexto, son las 22:37 de un sábado cualquiera y acabo de bajarme de un autobús que venía de Mairena del Alcor. Me despido de Migue y voy en camino a la parada para coger el autobús que me lleve a mi casa. La verdad es que me daba algo de pena coger ese autobús para volver, ya que significaba que volvía en solitario después de un día bastante feliz en general, como la mayoría de los sábados. Lo bueno, si breve, dos veces bueno. Nunca pensé que me llegaría de verdad la hora de ser feliz. Tendría que ocurrir una debacle en mi interior para que decidiese terminar con esta situación.


En mi ya gastado MP4 suena una canción de The killers que escucho impaciente mientras descubro una gran revelación: la luz de una farola, al reflejarse en un charco y combinarse con la lluvia forma unas centelleantes estrellas de luz en el charco que me recuerdan a mis noches de navidad de la infancia. Si por mi fuera se lo contaría a todos para que lo admirasen, pero no hay nadie conmigo, así que volveré a casa para cobijarme en el calor del hogar y dormir plácidamente. Una noche más en mi plácida vida actual. ¿Qué más puedo pedir?.


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12 de septiembre de 2009

18- La habitación




Hoy ha llovido por primera vez en el verano, y como gran parte de las veces que llueve, he aprovechado para salir a pensar bajo la lluvia. A pocos días de empezar una de las etapas más importantes de mi existencia en sociedad acabo de ser testigo de nuevo de cómo la ruleta de mi vida vuelve a girar. A saber dónde se parará ahora... Estoy tan solo como al principio, y seguramente como estaré al final.





Una vez debajo de la lluvia cerré los ojos y dejé de sentir todo lo que había fuera para sumergirme en mi mundo interior. Me situaba en una habitación de forma triangular. En el medio había una piedra con una grabación: ''suave y difuminado''. Le escupí a esa piedra y aparecieron tres siluetas de la nada, una en cada esquina. Primero me acerqué a la más pálida. Me habló. ''No sé ni por qué estoy en esta habitación. Al fin y al cabo no soy amor, sino utopía. Si la utopía se consumase en amor no sería tan maravillosa. Quedaré siempre en tu memoria como la primera persona a la que amaste y perdiste. Pero yo no te he enseñado tanto como ellas, nunca te dí una oportunidad, deja de pensar en mí porque ya no existo, y no sé si volveré a existir''. Tenía sentido, así que me aparté de ella antes de que me invadiese la melancolía y analicé las otras dos siluetas: una era mayor, de pelo castaño y muy delgada, la otra era morena de pelo y de piel, y más baja. La segunda estaba dormida y preferí no molestarla, así que me dirigí a ver a la fina silueta.



El camino hacia ella conforme avanzaba se iba haciendo cuesta arriba (juraría que una vez estuvo cuesta abajo), y en mi cabeza sonaban palabras sin sentido como ''fin''. Cuando me hallé delante de ella empecé a hablar antes de que ella pudiese articular palabra. ''¿Parece que todo ha tocado a su final, eh? disculpa que no llore, pero es que estoy bastante acostumbrado ya a estas cosas. Creí que esta vez sería la definitiva, pero tampoco es la primera vez que fallo en mis predicciones. Para el recuerdo me quedará aquel moño que te hiciste en nuestra primera cita, y como mirabas nerviosa en todas direcciones. Supongo que lo más triste de la ilusión es que alguna vez se acaba. También abrazos, muchos abrazos, noches bajo las estrellas, risas, y alguna lágrima. Me sacaste del fango, y creo que yo te saqué a ti. Si hoy sonrío es gracias a ti. También recordaré despedidas, quizás demasiadas despedidas. Al final eso fue lo que lo destrozó todo. Nunca me arrepentiré de haberte querido ni de haberte dado todo lo que pude y supe darte. Ahora es el momento de decir un hasta luego, hasta que nuestros caminos se vuelvan a cruzar''.



Cuando abrí los ojos estaba completamente empapado, era hora de volver a entrar en casa y seguir escribiendo, al fin y al cabo el mundo aún no se ha parado, y no sé cuantos años me quedan de vida.





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7 de septiembre de 2009

5- Sueños azules

En lo que supone la culminación de su tranquila vida de cada jornada, se dispone a acostarse, para lo cual se acurruca en la cama y espera impaciente a que llegue su madre para darle aquél beso mágico que le transporte al mundo de los sueños como cada noche. Una vez lo ha recibido se despide de la persona que le ha dado la vida y mira en cada rincón de la habitación por si hay algún asesino o, en su defecto, un fantasma. Hay una sombra en pie justo al lado del armario, pero ya la investigó la noche anterior y resultó ser un abrigo. Por la ventana solo se ven los naranjos de aquel patio de Pino Montano y un gato correteando por la fachada, la noche es la más azul que recuerda y recordará. Todo listo para dormir.



Al poco tiempo de cerrar los ojos siente como el corazón empieza a latirle mucho más rápido, los vuelve a abrir y ve como la manta toma voluntad propia y se despega de su cuerpo, cubierto ahora con un pequeño pijama celeste. La habitación es casi blanca, y ante este panorama lo más razonable sería quedarse con los ojos bien abiertos y la boca en forma de 0, pero él nunca fue un chico muy razonable, así pega un brinco y se sitúa flotando en el aire. Volar, el sueño del hombre desde que es hombre, pero claro, las limitaciones no están hechas para él. Alguien tenía que ser el primer niño de cinco años que vuela, así que no es para nada extraño que le tocase a él. Él desde luego era el menos sorprendido, al fin y al cabo era la única persona que conocía sus propio potencial. Sin más preámbulos comenzó un espectáculo que duraría toda la noche, la más emocionante de su vida. Primero, para cogerle el truco a la cosa volaba en círculos por toda la habitación, que ahora carecía de puertas. De vez en cuando, cuando la emoción le envargaba, la liberaba en forma de baile. Nunca se le olvidaría la noche en la que tocó las palmas y zapateó mientras flotaba en medio de su habitación.


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16- Al filo de la navaja


Estar sentado en la última fila tiene la ventaja de que puedes ocultar tu rostro a la mayoría de la clase. Mientras escucho mi nombre entre la lista y se confirma mi tragedia personal siento como Emilio me aprieta la pierna para que no me sienta solo y me susurra unas palabras incomprensibles para mí en este momento. Miro hacia abajo, lo que facilita la caída de las 2 o 3 lágrimas que asoman por mis ojos, y pienso. Este ha sido un año extraño, desde el año pasado he estado la mayoría del tiempo encerrado en casa y matando el tiempo mientras esperaba algo que me levantase por fin después de tanto tiempo de soledad, pero no ha llegado. No ha llegado y he desatendido amigos, familia y estudios. Por eso hoy me encuentro a punto de repetir curso, pero a punto. Me he pasado toda la vida intentando que alguien reconozca que valgo algo, a partir de ahora me toca demostrarlo. No voy a dejarme ganar esta vez, ni nunca a partir de este día. Voy a obligar al mundo a convivir conmigo.


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5 de septiembre de 2009

8- Sueños dorados

-¿Tú lo has visto?

-¿Ver?¿El qué?

-Ya sabes, esa sombra de niño que en ocasiones cruza
las fachadas de la ciudad como un relámpago.


-Ah, eso, cuando la ves es mejor no estar cerca porque
hay muchas posibilidades de que te veas implicado en algún lío.


-Eso, y que puedes salir herido.

-¿Se sabe ya de qué o de quién se
trata?


-Parece ser un mocoso con una fuerza
descomunal que sobrevuela la zona buscando delitos para
castigar.


-¿Una especie de justiciero?

-O al menos eso cree, cuando se carga a algún criminal
enciende su megáfono y se ríe como un loco para que lo escuchen todas las
personas que se encuentren por allí. Dice: ''Escuchad todos, amigos, mi nombre
no es ni pronunciable por el mismísimo viento, estoy aquí para actuar de barrera
contra la injusticia. Nunca jamás seré como vosotros, pues no creceré ni
comenzaré mi decadencia, pero me deberéis todo lo que tenéis. Si algún día me
necesitáis podréis encontrarme rompiendo las olas del mar, o provocando la
lluvia que cae sobre vuestras cabezas''.


-Da miedo.

-Ya ves.




3 de septiembre de 2009

14- Las reglas



Todo empezó esta mañana con aquel sueño. Luego todo se torció y ahora me encuentro hablando con un desconcertado Andrés que intenta levantarme el ánimo. Leyendo Más de cien mentiras llego a la conclusión de que el amor, si es que lo hay, no es para mí, así que dejaré de buscarlo y me dedicaré a esperar sentado al mañana (maybe tomorrow). Total, ya perdí lo que podía perder. A partir de mañana seré una persona totalmente distinta. Entraré a clase ya cubierto con la carcasa que me estoy puliendo esta noche de invierno. Como legado de estos años de mi vida solo quedarán las letras que he escrito en este papel, que en breve arrugaré y partiré por la mitad, una mitad se quedará en mi montaña de papeles inútiles y la otra en mi estuche. Me despido de mí mismo, ha sido un placer.





''Sólo quedará de mi guión
Aquel diente de león,
La Canción de adiós,
El tiempo, y el silencio''

1 de septiembre de 2009

15- Casilla de salida

Coge la cazadora vaquera, la braga, las llaves y llama a su perro Simba para ponerle la correa. Una vez ha salido por la puerta principal se cruza en el ascensor con aquella vecina de abajo, como casi siempre. Emprende el monótono camino de cada noche y en un punto concreto del recorrido ve como la luz de un puntero láser le apunta desde cierta ventana de cierto edificio que está enfrente. Su amigo Manolo apunta con una sonrisa juguetona, pero no es consciente de que en la parte de la cara a la que no le da la luz de ese chico que pasea a su perro ahí abajo está mojada por una vacilante lágrima...
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