¿Qué es el alma? Parte I

-¿Quién soy? ¿Existimos?

-Sí… o no… depende. No lo sé.

-Alberto, ¿Tienes miedo?, contéstame, ¿Tienes miedo?

-Una vez… un cirujano ruso y un cosmonauta hablaban de religión. Sí, tengo miedo. Bueno, el cirujano era católico, sin embargo el cosmonauta no lo era, y presumía de haber estado en el espacio y no haber visto ni a Dios ni a los ángeles. Ante eso el cirujano le contesta que ha operado muchos cerebros, pero nunca ha visto un pensamiento.

El mundo de sofía



Conversación con un extraño barbudo a las 7:28...

Conversación con un extraño barbudo a las 7:28 de la mañana de un sábado después de una noche de fiesta en el camino entre el fnac y la puerta de jerez mientras llueve a cántaros y tengo los pies empapados

-Oye, ¿tienes fuego?

-No
-¿Tienes un cigarrillo?
-No
-¿Quieres que te la chupe?
-N...no





La muerte y la física


Salmo 12
¿Hasta cuando, Señor, seguirás olvidándome?
¿Hasta cuando me esconderás tu rostro?
¿Hasta cuando he de estar preocupado,
con el corazón apenado todo el día?
¿Hasta cuando va a triunfar mi enemigo?

Atiende y respóndeme, Señor, Dios mío;

da luz a mis ojos
para que no me duerma en la muerte,
para que no diga mi enemigo: "le he podido",
ni se alegre mi adversario de mi fracaso.

Porque yo confío en tu misericordia:
alegra mi corazón con tu auxilio,

y cantaré al Señor por el bien qu
e me ha hecho.




¿Q caraj
o hago aquí?, ¿y qué soy yo? El tiempo no perdona. Cualquier momento puede ser el último. Ha pasado tanto tiempo ya... he olvidado tantas cosas... tengo miedo, tiemblo, pero seguiré escribiendo.

Una montaña de papeles se sitúa amenazante ante mí y todo es gris, gris como yo. Nadie a mi alrededor. Mejor, porque últimamente solo se acercan a mí para zancadillearme. Si mi vida es un cuento esta debe ser la parte en que reposo para lograr una increíble hazaña en cualquier momento. Pero después de tantos años, no parece que vaya a pasar nada. Esta situación me recuerda a la de hace unos cuatro años, pero
ahora sé mantenerme firme, tanto me recuerda que hasta vuelvo a marearme en ocasiones y a perder toda mi energía. Todo se vuelve azul y yo rezo
para que cuando todo se clarifique el mundo siga estando ahí, para tener otra oportunidad. La montaña de papeles sigue aquí, esa pila de cadáveres que me hace pensar cuánto vale una vida para arrebatarlas a nuestro antojo, seguramente dependa del euribor.

Estoy cansado, no sé exactamente de qué pero lo estoy, y mucho. Sigo a trompicones buscando algún p
atio con pintadas en el suelo y una fuente de la que beber. Todos mis sueños... ya ni lo son. Todo mi ser... todos mis ideales... está todo dormido. Ahí fuera me siguen bombardeando pero cada vez lo noto menos. Pertenezco a una especie rebelde y solitaria por naturaleza. De un modo esquemático, hace ya muchos años evitamos el contacto con el resto de animales, solo para cazarlos y engullir su vida, adoptamos una posición bípeda para la que no estábamos anatómicamente preparados, ni lo seguimos estando del todo. Una serie de fortuitos descubrimientos y alguna que otra habilidad nos hizo creernos los reyes de la Tierra. Podemos destruir todo cuanto queramos, ese es nuestro poder.

Suspira mientras te desan
gras, no pasa nada, en unos segundos morirás pero eres cristiano y Dios te salvará. Te cogerá de la mano y se llevará tu ser a otro lugar mejor, que no es físico, por lo que parece difícil estar en él, es más, no podrás ver el sitio, ni oír la voz de Dios, ni tocar realmente su mano, ni averiguar a qué huelen las nubes en las que te imaginas el paraíso. Pero no hay problema, porque tu ser seguirá existiendo de un modo metafísico, eso si obviamos el hecho de que lo que hace a tu ser es el sistema nervioso donde se localiza el cerebro y que controla absolutamente todo lo que sientes, y que al morir dejará de funcionar, perdiéndose todo lo que eres entre las voraces mandíbulas de los gusanos que se lo coman. Si quitamos todo eso que se queda en tierra, ¿qué es lo que se supone que va al cielo?. Pero es igual, tú dedícate a sonreír mientras por tu boca rezuman tus últimas bocanadas de vida, al fin y al cabo acaba de terminar tu oportunidad. Un placer.

Las personas vivimos de los sueños, y cuando los que uno mismo se hace se ven frustrados y no hay nadie ahí fuera que te despierte ninguno se vuelve todo un tanto vacío, todo da igual. Ama cuanto puedas, y hazlo sinceramente, es el único consejo que me queda ya.


Somos golems, titanes, unas bestias sobrenaturales con un sistema de defensa digno de los dioses, todo está montado en nosotros con una precisión de reloj y ni el mejor ingeniero podría diseñar algo igual. Somos entes que por alguna razón están en este lugar, que está lleno de miles de millones de entes que intentan continuamente acabar con nosotros, una infinidad de mecanismos nos defienden cada segundo mientras consumimos los segundos. Cada uno de nosotros podría ser el mejor de entre todos, pero para quitarnos esa responsabilidad hay un sistema a nuestro servicio que se dedica a formarnos para una vida monótona e inconcluente, si un objetivo lógico definido que esté orientado a aprovechar una oportunidad única, nos amuerman y nos vuelven grises. Y nos dejamos creyendo que la decisión es nuestra, el mundo no es como crees, ni como creo, si supieras parte de la verdad que te ocultan probablemente no estarías ahí sentado, pero como ni tú ni yo la sabemos, aquí estamos, de momento. Pero hasta nuestro propio organismo se cansa en algún momento de nosotros tendiendonos trampas mortales. Con la edad los procesos de descalcificación ósea y calcificación de las paredes aórticas parecen acoplarse. Se forman poros en el hueso y el calcio que desprende va a parar a los vasos sanguíneos haciéndolos menos elásticos y por tanto más resistentes al flujo sanguíneo, por lo que el corazón tiene que trabajar mucho más para llevar la misma cantidad de sangre a los tejidos mediante los vasos calcificados, pero todo tiene un límite. El límite suele ser el final del camino.

Todo sigue gris a mi alrededor, desde un cajón que abro sale rodando una alianza plateada con una inscripción que contiene el número 20, no sigo leyendo para no sufrir más de lo necesario, me limito a sonreír. Todo muere, todo se acaba. Todo. Todo tiene su principio, sus fragmentos buenos y los malos, y su fin. Terminar algo significa que al menos lo empezaste. Yo sufro porque estoy bloqueado, no sé qué hacer con la vida en estos momentos, pero sé que algún día todo mejorará, solo tengo que poner algo de mi parte.

Podemos resumir todo lo que he dicho en que la vida es un ciclo, pero llega un punto en el que no hay retroalimentación, yo no estaré siempre ahí para recordarte que vivas, ojalá alguien me lo recordase a mí. Es tan extraño haber sobrevivido tantos años y haber visto tanto como hemos visto... ¿verdad?. Estoy plantándole cara a la muerte en esta etapa de mi vida, es parte de mí y algún día dejará de perturbarme, por el momento seguiré absorbiendo lo que me enseñan los niños en el voluntariado de pediatría, y es que cuanto más nos acercamos al punto final y ''avanzamos'' más nos alejamos de la vida humana como tal. Tranquilo, sigues vivo, por extraño que sea.

Flashes

''If I remember you, will you remember me?''


Eso pensaba Lori Treiger mientras cantaba la canción de April Matson. Quizás no se daba cuenta de que eso era algo inevitable.

Porque cualquier demonio interior se esconde bien en nuestra memoria, para salir en los momentos menos esperados. Algunos los llaman flashes, otros lo llaman una putada. Para mi, ni fu ni fa.

Los hay de muchos tipos. Unos muy singulares son los olfativos, aquello que tendemos a olvidar con más rapidez, y vuelven a nosotros rápidamente. No sabemos qué nos evocan, pero desde luego algo mágico es. ¿A qué me sonará? A saber... quizás a unas vacaciones de la infancia... a una tierra mojada en nuestras manos... a una verguenza inexplicable. Vuelve a mí para revivirlo, que aunque no lo diga, te echo de menos. ¿A lo mejor...?

Otros abrasan como fuego, una rápida imagen en nuestra cabeza, un sentimiento que desborda las palabras. Nos deja paralizados, no contabamos con ello. Pero no hay nada que hacer, mi parada del bus se aproxima y no puedo descentrarme.

Y finalmente cuando oimos una frase. No es el usuario al que recordamos. Hubo alguien anterior que dijo lo mismo, y abandonamos el presente súbitamente para recrear aquella escena pasada. Muy probablemente no nos la quitaremos de la cabeza en todo el día.

Sin embargo, no puedo evitar esgrimar una sonrisa. Que se le va a hacer... Es una alegria muy inestable, por otro lado, ya que unas palabras nos pueden desmoronar nuestros castillos de arena. Por suerte, la experiencia nos enseña que esas palabras no suelen hacerse realidad. Mantendrán mi sonrisa.

Y si no funciona, podemos seguir la receta de Vetusta Morla: flashes con alcohol, restos de sal y altas dosis de ficción.



''I swear...'' dijo Ennis al final. Porque cuando el flash es toda tu vida, como no derramar una lágrima.


video



Hasta la vista. Ramón.

El mundo en mis manos



Me subo la capucha, esta túnica me camufla en la noche, y la calle se alimenta únicamente de la tenue luz de alguna farola. Mientras camino sigo con la mirada la trayectoria de mis pies. Mis manos metidas en los bolsillos tiran de la túnica hacia atrás y las rodillas al flexionarse la empujan hacia delante. En aquél portal hay una pareja, el chico le ha dejado a la chica su sudadera para que no pase frío. La miel de la vida, quién la sintiera en su plenitud... paso sin molestarles. La brisa golpea mi rostro, creo que nunca me acostumbraré a esto, conozco de memoria la secuencia de baldosas de esta calle, la circunstancia me obliga a venir a menudo.


Ya se divisa el Guadalquivir. Entre dos coches se deja ver una luz azul en aquel aparcamiento. Se acerca poco a poco y se va dividiendo en dos. Es un gato negro y raquítico de ojos azules, me veo identificado con él. Maulla con un tono cansado y le sostengo entre mis manos. No ofrece resistencia. Lo vuelvo a posar en el suelo y sigo caminando.


Gasolinera en Torneo, algún trabajador madrugador aprovecha que empieza a aparecer la luz en el cielo para repostar. Callejeando un poco encuentro a una chica que grita desesperada. Su hermano ha bebido demasiado y sus amigos han salido huyendo ante la situación, su cara no tiene un color muy sano, demasiado exceso para un cuerpecito como el tuyo. Su hermana apenas se atreve apenas a mirarme. Le abro al chico la mano para coger su teléfono y dárselo a su hermana. En el hospital le dirán lo que tengan que decirle. Con trabajo me pongo en posición y sigo mi camino.


A dos calles de distancia entro a una cafetería para descansar. A mi lado una mujer de unos 40 años desayuna una tostada de jamón con tomate y come muy deprisa, presumiblemente porque llega tarde a algún lado. Comienza a toser aparatosamente y a llevarse la mano a la garganta, se ahoga. Observo la situación y ante la petición del camarero de alguien que la atienda procedo a golpearle varias veces la espalda. Se acabó el jaleo. Debo irme.

Un rato deambulando me lleva a unas vías de tren que se sitúan en el medio de dos trayectos. Tan temprano y los adolescentes ya despiertos. Tres amigos de unos 16 años charlan animadamente sobre su plan de hoy. Parece ser que se han propuesto cruzar al otro lado de las vías justo algún segundo antes de que pase el tren. Ollen ruido a lo lejos y emprenden la carrera, por mi parte agarro a uno de ellos por el hombro, pero haciendo caso omiso empieza la carrera después que sus amigos, sucede lo que tiene que suceder. Los dos chicos que han logrado cruzar, los mismos que estaban hace unos momentos sedientos de adrenalina, están ahora mirándome atónitos y con el rostro pálido, sus ropas están impregnadas de sangre y de restos de vísceras. Lo lamento por quien tenga que limpiar esto, para ayudarle empujo un ojo con el pie hacia un matorral donde no se vea.


Finalmente llego al hospital, concretamente al área materno-infantil. Suelo ser ignorado por la gente, por eso no me evitan entrar a la zona donde se encuentra los recién nacidos. Cuanta belleza concentrada en esta habitación. Me acerco a un bebé que no para de llorar como un loco, le toco la mejilla con delicadeza y se tranquiliza a la par que cierra lentamente los ojos. Eres lo que más quiere alguna persona, o lo fuiste. Por los pasillos del hospital alcanzo a escuchar la conversación entre una enfermera y un paciente, que acaba con: ''no hay nada que deseara más que ver a mi hija después de tanto tiempo en soledad''. ''No se preocupe señor, la avisaré y estará aquí en menos de un minuto''. Cuando sale la enfermera me cuelo con destreza en la habitación. Me mira con miedo y me suplica algo indescifrable para mí, yo me limito a cogerle la mano y mirarle con Piedad. No siempre salen las cosas como queremos. Reina el silencio, es hora de irse.


A la salida del 'policlínico' diviso a mi lado a un chaval de unos 18 años que mira hacia abajo, en su rostro reina la tristeza aparentemente y está pegado a unos auriculares, de su hombro cuelga un maletín donde guarda sus apuntes y tiene un peinado desaliñado. Al fondo un coche se aproxima a toda velocidad, mucha más de la permitida. Cuando se suma la prisa con la prisa no suele salir nada bueno. Adelanta su pie derecho y yo extiendo mi mano izquierda, pero no llego a tiempo de rozarle. El coche se detiene bruscamente a un centímetro de el chico, y él sigue tranquilamente su camino. Se me escapó, pero algo me dice que volveremos a encontrarnos.


Cien suspiros



¿Sabes? Me has cambiado. Sé que al saberlo se te dibujará una sonrisa en la cara, así que bórrala ya. Con todo lo que había pasado, estaba muy bloqueado. Pero tú estabas ahí también, ofreciéndome tu hombro. No necesité nada más. Así me cambiaste.

Ahora soy un hombre nuevo. Ya no duermo tanto, pero si puedo decir una cosa. Sueño. Ahora, sueño. ¿Y sabes que? El otro día incluso soñé contigo. Estábamos los dos solos, a las orillas del mar de Galilea. Te adelantaste, te giraste para sonreírme, y te quitaste las sandalias. Te adentraste en las aguas, pero no pasaba nada. No te hundías, sólo quietud. Como si fuera lo más fácil del mundo. Entonces, diste media vuelta, me miraste a los ojos y me tendiste la mano llamándome. Y yo…. Yo te sigo, y me puse a caminar sobre las aguas contigo, sin caerme. La música nos envolvía, y todo era tranquilidad. Yo te miro, y tú me sonríes. Solamente, tranquilidad. Estábamos bien. Sencillamente, bien.


Ramón.



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...Y como todo, terminan traicionándose y dando a conocer la faceta más estúpida del ser humano, osease, la de romper con su sentido común y comenzar una vida en la que abarcar posibilidades es la mejor opción. Os deseo suerte en ese aspecto, pero no contéis con mi aprobación.


Migue.


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Me recordé soñando besar tus labios en un bosque, de noche mientras la luna morada salía en el horizonte.

Me desaté pensando en quitarte cada prenda de ropa con mi boca y susurrarte mil veces al oído que te amo.

Me ilusioné, me derrumbé mientras hipnotizabas mis ojos con tus ojos negros que me correspondían en la oscuridad.

Un amigo me tendió la mano cuando todos me la retiraron, cuando las lágrimas se derramaban y un río se iba gastando

Los amigos se cuentan con las palmas de las manos, e incluso con los dedos de una mano, da si quieres recibir.

Mereció vivir por besar a mi madre en la frente y decirle que le quiero mucho, respondiéndome ella que también me quería a mí

Un beso de buenas noches, de buenos días, de recibimiento, de ida a mi padre una y otra vez disfrutando y sufriendo su olor a nicotina

Una pelea con mi hermano, unas palabras desagradables, unas miradas impregnadas de amor encubiertas en competitividad fraternal.

Decidí morir en la penumbra del ocaso mientras saboreaba el dulce anhelo de tu despedida, afronté vivir, a sabiendas de toda una existencia sin ti, pero; sin embargo, aún en mi mundo hay cosas que valen, quedan cosas por las que luchar, por las que sentir, por las que amar.

Para todos aquellos blogueros del mundo supra celestial mi enhorabuena, no todos hacemos 100 entradas buenas todos los días.

Emilio.


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Nostalgia

Miro por la ventana pensando en la monotonía del día a día, no sé qué me esperará en un año, o en un mes. En un día, o en una hora… No lo sé, pero ahora mismo no merece la pena pensar en el futuro. Quizá para mí no haya futuro.

Rebusco entre los trastos de los cajones más olvidados de mi habitación con la esperanza de encontrar algo que me recuerde el sentido de mi existencia. Tiene que estar aquí.

Veo viejos dibujos que encarnan una familia feliz y recuerdo que uno de ellos lo hice mientras lloraba. Aún quedan marcas de aquellas lágrimas ahora secas…

Continúo buscando en aquel mundo tan lejano resumido en un cajón, y encuentro antiguos juguetes que dejé caer en el vacío del olvido.

Me llama la atención una muñeca harapienta a la que le falta un brazo, y en mi cara se esboza una sonrisa. Es la muñeca que atropelló una moto y que mi madre arregló para mí. Es la muñeca que provocó el primer gran agujero de mi vida en mi pecho, al darme cuenta de que la había perdido. Y también es la muñeca responsable del primer consuelo de lo inconsolable, cuando mi madre la trajo en sus manos arreglada.

Alargo mi búsqueda un poco más y encuentro fotos de amigas y amigos de entonces. Me pregunto qué habrá sido de ellos…

Papeles, juguetes, maltratados lápices de colores, mitades de dibujos… y al fin aparece mi historia. Mi realidad de entonces recogida en un libro que estuvo en blanco. Es hora de transportarme a esa realidad que tanto añoro, a esa que un día fue mi día a día.

Leo:

“16 de Noviembre de 2000. Querido diario:

Aún estoy esperando a que papá me perdone por el reloj que le derretí con la lámpara. Ojalá no hubiera jugado con él… Es lógico que no me perdone, y más después de la discusión con mamá…

¿Cómo seré dentro de 10 años? Espero que no tan desastre como parece que soy ahora. ¿Tendré novio?

…No creo.

Llevo soñando al dormir muchos días con lanzarme desde la ventana y volar, pero eso es imposible. Todo, todo lo que ahora quiero es imposible. Creo que lo será siempre.

Cuando sea mayor quiero tener una casa, y un trabajo y un novio con hijos. Pero me han dicho muchas veces que eso no es tan fácil. ¿Cómo no va a ser fácil si mamá y papá ya lo tienen todo?”

Veo faltas de ortografía y de expresión, y también veo una letra de niña de 8 años.

Voy más allá, y veo a una niña feliz que disfruta escribiendo; Seguro que cree que algún día una vez ausente leerán su vida. Veo ya en esa niña ganas de lo imposible y deseos de futuro.

Cómo no… Tu siempre pensando en el futuro.

Quizá tanto futuro o tanto pasado hayan nublado la mente de esta niña que nunca ha sido capaz de mirar de frente al presente. Eso lo piensan muchos… Pero nadie pensó en que tras esos jóvenes ojos y tras esa niña feliz existía un vacío pendiente de consolar.

Quizá la palabra que la describe sea “cobarde”… Pero siempre supo que tras lo inconsolable había un detalle que lo arreglaría todo. Solo había que esperar.

Elena.


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Tic tac, el reloj pesa ya demasiado, prueba por un momento a dejar de ser su esclavo y pararlo. Inspira, siente como el diafragma se contrae, ahora relájalo espirando. Acaricia la palma de tu mano suavemente con los dedos de la otra mano. Roza con la lengua la lisura de los labios y colócalos bajo la fila superior de los diente, muerde ligeramente. Explora sin miedo, éste es tu momento y tú decides cómo quieres moldearlo. Siente y toca lo áspero y lo suave. Abre bien las orejas, sé bien que tus ojos están posados en estas letras que se arremolinan, ¿pero no puedes oír lo que intento decirte yo y el resto de la existencia? Hagamos un esfuerzo, cuando termines de leer esta frase cierra los ojos lentamente y piensa en el último sueño que tuviste. Ahora, ciérralos unos segundos. Si tienes los pies desnudos busca unas zapatillas que calienten bien, y si ya las tienes, quítatelas si quieres para sentir el frío tacto del suelo. Tienes derecho a decidir cuándo cambiar, y a reflexionar sobre tus actos, y sobre los agenos. También puedes seguir siendo así, fiel a tu estilo. Has escrito un ya viejo libro con todas tus decisiones, estoy orgulloso de ti, que has aguantado.


Animemos la cosa, ¿recuerdas tu último viaje?, captura una foto mental de él, visualízala, tíntala de sepia y coloca a tu alrededor a todas las personas, animales y objetos que recuerdas haber querido, todos congregados especialmente para acompañarte. Enciende el tocadiscos de tu cabeza y pon la primera melodía que se pase por tu cabeza, si no te gusta prueba con la segunda. Si es triste anímala, y si es alegre entristécela, que esté al volumen correcto, como si la llevases en una radio mientras navegas en un pequeño barco en medio del océano, que no perturbe la paz del momento. Imagina que estás en un campo de trigo, que se mueve al son del viento, y a unos metros de distancia está una persona, a la que solo tú le puedes poner nombre, que alguna vez quisiste y ya no está en tu vida. Te sonríe y te alegras de verle sonreír, es genial que alguna vez haya estado en tu vida de un modo u otro, acabase como acabase. Te enseñó tanto… Por detrás te abraza una persona crucial en tu vida, que sigue contigo, padre, amigo, novia, hermano… da igual, la persona que está detrás de ti y la que tienes a unos metros representan tu capacidad de amar. Ahora, si me has seguido en todo esto, abre bien los ojos y mira a tu alrededor, toca todo cuanto veas necesario, presta atención a los sonidos que vienen de algún lugar, que te cuentan cada uno una historia, pregúntate qué es lo que sientes en este momento e intenta comprender. La única verdad que podrás llegar a vislumbrar es que estás vivo, que lo tienes todo, que la casualidad te ha tocado con su varita y te ha dado lo que eres. Aprovéchala, o no, escribe el prólogo, el epílogo o un aparte en tu libro, si quieres tacha todo lo que llevas escrito y arruga las hojas, pero disfruta de cada segundo, no podrías ser más afortunado. Si miras a tu alrededor probablemente verás una nube de hierros, paredes, hormigón, y si miras a tu interior verás que aún te quedan una infinidad de cosas por hacer y por dejar de hacer. Tú decides, puedes escalar, excavar, o quedarte quieto. Tu voz ronca, tus pasos plagados de prisa, tus miradas infinitas hacia el techo, el viento que te sopla en la cara, el marrón de esa cazadora, esa risa descontrolada, ese peluche con el que dormías, el papel a medio escribir... son parpadeos de tu vida, una parte crucial en tu historia, lo que quedará siempre, incluso cuando ya no estés.

‘’Solo los peces muertos siguen la corriente del río’’

Ale.


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