7 de enero de 2008

Nunca Jamás

Ayer noche me vino a hablar mi hermana pequeña, preocupada porque se había puesto a pensar sobre, lo que nos espera después de la muerte, y frustrada por no tener conocimiento de ese tema, seguia diciendo que era una verdadera pena que no pudiesemos vivir eternamente, pues sería genial disfrutar de este cuerpo por los siglos de los siglos.



Después intenté persuadirla de que estuviera triste con argumentos improvisados y bastante pobres. Pero ella, con los ojos iluminados y con una sonrisa de oreja a oreja, siguió diciendome que le encantaría vivir por siempre en el país de Nunca Jamás, y me relató sus planes si algun día, por casualidad, llegase a parar allí.
Entonces caí en la cuenta de que, a medida que crecemos, vamos asumiendo nuestro destino.

Y esa ilusión que tenía ayer mi hermana, se transforma en ilusión por un ascenso, un coche nuevo, y chorradas así. Es un poco triste que desaparezca esta magia, sí. Pero ese brillo en sus ojos, es algo que nunca olvidaré, por que es algo que vale de verdad.

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