3 de junio de 2010

Nuevo día, viejos sueños

Tus ojos huyen a los míos mientras se mueven aleteando sobre un mar de dudas e intentando levantar su vuelo. Yo los busco, y cuando los encuentro los agarro con mi mirada. Todo cobra ahora mucho más color. Tanto que imaginé este momento y, sin darme cuenta, ya está llegando. Acerco un dedo con suavidad hasta tu boca, no necesito palabras ahora. Sin apenas darme cuenta mis manos están acariciando tu cara, que se está acercando a la mía sin vuelta atrás posible. Ya no veo, pero siento algo. La piel de mis labios se deja arrastrar por la humedad de los tuyos, y creo que mis manos ahora están agarradas a tu cintura pidiéndome por favor que las deje ahí. Me da por abrir los ojos, veo tu sonrisa, y también siento que tiemblas. Siento que siento. Ahora siento como me retumba la cabeza, algo me va a alejar de ti, sin que siquiera pueda preguntarte tu nombre. El ruido es cada vez más fuerte.

Se hace la luz poco a poco, como era de esperar estoy postrado en la cama, y una pequeña bola de carne, huesos, pelo y babas llamado perro está pisoteando todo mi cuerpo. Supongo que es lo que me ha despertado, aún tengo que enseñarle a dar los buenos días. A decir verdad me ha hecho un favor, me ha ahorrado tener que buscar las palabras correctas para decirle que debía irme. Necesito estar solo para necesitar a alguien, y para necesitar estar solo necesito a alguien. ¿Me quieres?, comparto tu sentimiento, yo también me quiero. Sinceramente dudo que me odies, es posible que me guardes cierto rencor por alguna de mis acciones que te haya parecido inoportuna, pero todo lo que hago es para crecer, nunca tuve mala intención.

Sin darme cuenta me he quedado mirando mi ombligo, la primera de las cicatrices que me hizo la vida, pero, eh, ya han pasado 19 años y siento como si hubiese nacido ayer. Los mejores momentos de la vida son los que se presentan envueltos de emoción e incertidumbre, es decir, los instantes que suceden junto antes de algo. Cuando ese algo está hecho nos limitamos a buscar otro algo que hacer, para acercarnos a ese preludio poco a poco. Ahora mismo me encuentro solo en el preludio de toda una vida. Y, como diría una amiga, disfrutaré al máximo del preludio de cada palabra.

4 comentarios:

Emilio José dijo...

Hacía ya un tiempo que no leia algo tan perfecto como esto último, por este motivo te sigo, por este motivo te leo, porque me encantas, porque eres la nube oscura que lleva lluvia pero que también lleva sombra y agua fresca para saciar la sed.
Sigue soñando amigo, que los sueños son el ocaso de un nuevo día en el que la aventura y el deseo de sobrevivir son los únicos compañeros.

Gema dijo...

Qué dificil es comentar a una entrada tan perfecta, Ale. Es dificil acaparar los preludios de cosas en las palabras y tú lo has hecho como si simplemente fuese algo que hicieses un día sí y otro también.

A veces me inspira leerte. Esas veces, como ahora, estoy deseando que mis dedos vuelen por las teclas para escribir algo la mitad de la mitad de lo bueno que es lo tuyo.

Todo un honor ser "esa amiga" que disfruta de los preludios de las palabras, aunque, sinceramente, es muy fácil disfrutarlos si las palabras son como las tuyas.

Un Beso Ale.

Elena dijo...

...En fin, está todo dicho.

Ramón dijo...

Parece que triunfaste. Me acabo de dar cuenta de que me acostumbré a que lo ultimo que estás escribiendo sea bueno, muy bueno.

Si es que... las noches de escribir, cunden.

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