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24 de octubre de 2010

Mis cartas sobre tu mesa


Creo, y esto no va de deidades. Probablemente no creo en lo mismo que tú, casi seguro, mis creencias se basan más bien en una evolución de mis ideas infantiles. Lejos de haber cambiado han madurado y derivado por caminos más lógicos dentro de lo que cabe. Apoyo el método científico, pero lo miro de reojo, a veces creo en el destino, pero no en las verdades absolutas, creo en un equilibrio. En la vida como un ciclo, incluso he hecho mi propia interpretación del karma. Concibo la vida como un largo guión que se repite multitud de veces para rellenar espacio y que la película no quede coja. Aun así siempre hay esperanza de un final feliz. Me gusta la facilidad con la que viene todo cuando realmente es el momento, me quedo pasmado cuando se me ocurre pensar que todo lo de ahí fuera trasciende más allá de una sociedad o de unos sentimientos puntuales, me pongo algo nervioso cuando me preguntan algo muy personal y acabo consiguiendo derivar la conversación a otro tema, tengo envidia sana de los músicos (sobre todo violinistas), reconozco que cuesta trabajo saber cuándo estoy expresando algo de cariño, me tranquilizan los largos paseos, pero sólo con mi MP4, no tengo ningún modelo o ídolo al que parecerme, y digo la verdad cuando digo que no me preocupa el dinero. Pero sobre todo, y lo más importante, es que solo hay dos cosas que me hacen feliz a corto plazo, la primera es fingir que toco una guitarra eléctrica mientras me muevo exageradamente, y la segunda, y más efectiva, es conseguir hacer sonreír a alguien.


9 de octubre de 2010

Cosas que hacer un domingo


H
oy he recordado una noche de principios de agosto en que estaba tirado en la arena de la playa, echándole un vistazo a las estrellas mientras le daba vueltas a los asuntos de siempre, esos que, por más que los piense, solo pueden resolverse con un par de palabras rápidas y eficaces. En ese momento algo en mí se despertó y empecé a prestarle más atención al firmamento. Nada es lo que parece, y todo lleva máscaras, incluso las estrellas, una capa de las estrellas más cercana cubría a otra casi invisible que se situaba por detrás, y mientras más abstraía la mirada veía más y más estrellas, infinitas constelaciones que se abalanzaban sobre mi diminuto cuerpo. Tengo bastante asimilado lo de que no somos nada en todo el universo (ni si quiera lo somos en una absurda sociedad de un puñado de personas), así que no es eso lo que me perturbó. Un pensamiento me atravesó la sien al tiempo que una estrella fugaz recorría el azul marino del infinito, ese pensamiento duró unos segundos (igual que la mente acaba borrando la mayoría de las pesadillas para protegernos), pero recuerdo que no era más que la lucidez. Empecé a temblar de frío y me fui asustado de allí, con cada uno de los músculos de mi cara dibujando una expresión horrorizada. Volví corriendo a casa para dormir cuanto antes y olvidar. Por el camino encontré maniquís con una sonrisa torcida dibujada que se asomaban en los contenedores, gatos negros que me seguían durante un par de calles, mi corazón se me salía de la boca para señalarme con actitud recriminatoria y culparme de todos sus males, y las aceras se hacían infinitas y resbaladizas. Desde entonces he perdido un poco de pasión, o eso creo.

También recordé hace unas horas hoy que el pasado domingo quise escribir algo cuyo título fuese ''Cosas que hacer un domingo'' y que no hablase de nada en particular, pero lo dejé pasar. Mientras escribo esto estoy recordando que es sábado, y no domingo, pero me gusta el título, así que lo dejaré así. Últimamente pienso que he perdido completamente la capacidad de estar con alguien, al mismo tiempo que he ido aborreciendo la mentira y el ''mirar para otro lado''. No sé si tendría fuerzas de ser un hipócrita durante el tiempo que dura el cortejo y mantenerme durante un tiempo después. Sería sincero y no regalaría los oídos de nadie que no me preguntase, eso no es lo que funciona, además difícilmente recobraría la ilusión en ese aspecto, es todo tan monótono... el último pensamiento que se me vino a la cabeza me ilustraba a mí en el futuro con un elegante traje y una sarcástica sonrisa en la boda del último de mis amigos que quedaba soltero, yo no tengo acompañante. Le abrazo y sonrío. Es todo muy raro... y hoy ni siquiera es domingo.



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