‘’Anímate. Estás más guapo cuando sonríes’’.
Pero no se me da bien hacer algo de lo que no estoy convencido. Son las cuatro de la mañana y los cajones de toda la casa están tirados por el suelo, hay montañas de papeles demolidas y el caos campando a sus anchas. En una esquina de una habitación está él, buscando algo desesperado, y casi a ciegas (y no porque no haya luz). Le late muy rápido el corazón y sus ojos están teñidos de desconcierto. No encuentra lo que busca. Lo que busca es a sí mismo. No se encuentra a sí mismo. Sabe que se guardó en algún lugar conocido, y que el escondite solo podría adivinarlo él mismo, que supuestamente es el que mejor se conoce. Pero se ha olvidado. Su objetivo era no mostrarse tal cual a la gente, por aquello de la indefensión aprendida, así que comenzó escondiendo una parte de sí mismo. Vio que todo se volvía más cómodo y se fue escondiendo cada vez más, y en lugares más recónditos. Se escondió tan bien que ni él recuerda dónde.
Con la derrota en la frente sale despacio y camina hacia la playa. El viento que sopla en la orilla a estas horas siempre le aclara las ideas, y los pulmones. Sabe que es una persona algo distinta, sobre una nueva base que construyó se fue forjando la persona que es ahora, pero a veces echa de menos lo que un día fue, sobre todo por la calidez. Quizás sea el momento de cambiar de aires para ver si se encuentra un poco más. En el bolsillo tiene el billete de avión.