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9 de septiembre de 2010

Y su sonrisa


E
s increíble lo poco consciente que eres mientras en tu vida se establecen una serie de cadenas que, pase lo que pase, no podrán romperse. Vas viendo como poco a poco algo se llena con confesiones, risas, abrazos, charlas, locuras... todo eso que si algún día desaparece dejará seguramente un vacío irremplazable, y la nostalgia de haber encontrado la verdadera amistad, algo que no todos pueden decir. Cuando un amigo se va, se va lo más valioso qu
e has cosechado en todo una vida, de esos amigos que me sobran dedos de una mano para contar. Cuando todo lo que eres se ha ido formando con personas que han estado siempre a tu lado, que te han cuidado y animado cuando todo parecía negro. Sé que una parte de mí la he sacado de ti, me gusta tu energía, y esa sonrisa despreocupada, además de tus exageradas preocupaciones y esa calidez inexplicable. Sigue caminando, conviértete en quien sueñas ser, yo te estaré esperando a los lados del camino cuando necesites un poco de aliento. Como tu fuiste de lo poco a lo que acogerme cuando lo pasé mal, aunque no fueras consciente. Todo lo que pueda contar, todos nuestros recuerdos, arañaría un poco las cuerdas de este viejo harpa al que he decidido llamar alma con el tiempo, así que terminaré diciendo que tantos planes que tenía para los dos los dejaré de momento guardados en un cajón, pero te esperaré, porque eres parte de mí. Hasta pronto, amigo.

17 de noviembre de 2009

Cien suspiros



¿Sabes? Me has cambiado. Sé que al saberlo se te dibujará una sonrisa en la cara, así que bórrala ya. Con todo lo que había pasado, estaba muy bloqueado. Pero tú estabas ahí también, ofreciéndome tu hombro. No necesité nada más. Así me cambiaste.

Ahora soy un hombre nuevo. Ya no duermo tanto, pero si puedo decir una cosa. Sueño. Ahora, sueño. ¿Y sabes que? El otro día incluso soñé contigo. Estábamos los dos solos, a las orillas del mar de Galilea. Te adelantaste, te giraste para sonreírme, y te quitaste las sandalias. Te adentraste en las aguas, pero no pasaba nada. No te hundías, sólo quietud. Como si fuera lo más fácil del mundo. Entonces, diste media vuelta, me miraste a los ojos y me tendiste la mano llamándome. Y yo…. Yo te sigo, y me puse a caminar sobre las aguas contigo, sin caerme. La música nos envolvía, y todo era tranquilidad. Yo te miro, y tú me sonríes. Solamente, tranquilidad. Estábamos bien. Sencillamente, bien.


Ramón.



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...Y como todo, terminan traicionándose y dando a conocer la faceta más estúpida del ser humano, osease, la de romper con su sentido común y comenzar una vida en la que abarcar posibilidades es la mejor opción. Os deseo suerte en ese aspecto, pero no contéis con mi aprobación.


Migue.


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Me recordé soñando besar tus labios en un bosque, de noche mientras la luna morada salía en el horizonte.

Me desaté pensando en quitarte cada prenda de ropa con mi boca y susurrarte mil veces al oído que te amo.

Me ilusioné, me derrumbé mientras hipnotizabas mis ojos con tus ojos negros que me correspondían en la oscuridad.

Un amigo me tendió la mano cuando todos me la retiraron, cuando las lágrimas se derramaban y un río se iba gastando

Los amigos se cuentan con las palmas de las manos, e incluso con los dedos de una mano, da si quieres recibir.

Mereció vivir por besar a mi madre en la frente y decirle que le quiero mucho, respondiéndome ella que también me quería a mí

Un beso de buenas noches, de buenos días, de recibimiento, de ida a mi padre una y otra vez disfrutando y sufriendo su olor a nicotina

Una pelea con mi hermano, unas palabras desagradables, unas miradas impregnadas de amor encubiertas en competitividad fraternal.

Decidí morir en la penumbra del ocaso mientras saboreaba el dulce anhelo de tu despedida, afronté vivir, a sabiendas de toda una existencia sin ti, pero; sin embargo, aún en mi mundo hay cosas que valen, quedan cosas por las que luchar, por las que sentir, por las que amar.

Para todos aquellos blogueros del mundo supra celestial mi enhorabuena, no todos hacemos 100 entradas buenas todos los días.

Emilio.


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Nostalgia

Miro por la ventana pensando en la monotonía del día a día, no sé qué me esperará en un año, o en un mes. En un día, o en una hora… No lo sé, pero ahora mismo no merece la pena pensar en el futuro. Quizá para mí no haya futuro.

Rebusco entre los trastos de los cajones más olvidados de mi habitación con la esperanza de encontrar algo que me recuerde el sentido de mi existencia. Tiene que estar aquí.

Veo viejos dibujos que encarnan una familia feliz y recuerdo que uno de ellos lo hice mientras lloraba. Aún quedan marcas de aquellas lágrimas ahora secas…

Continúo buscando en aquel mundo tan lejano resumido en un cajón, y encuentro antiguos juguetes que dejé caer en el vacío del olvido.

Me llama la atención una muñeca harapienta a la que le falta un brazo, y en mi cara se esboza una sonrisa. Es la muñeca que atropelló una moto y que mi madre arregló para mí. Es la muñeca que provocó el primer gran agujero de mi vida en mi pecho, al darme cuenta de que la había perdido. Y también es la muñeca responsable del primer consuelo de lo inconsolable, cuando mi madre la trajo en sus manos arreglada.

Alargo mi búsqueda un poco más y encuentro fotos de amigas y amigos de entonces. Me pregunto qué habrá sido de ellos…

Papeles, juguetes, maltratados lápices de colores, mitades de dibujos… y al fin aparece mi historia. Mi realidad de entonces recogida en un libro que estuvo en blanco. Es hora de transportarme a esa realidad que tanto añoro, a esa que un día fue mi día a día.

Leo:

“16 de Noviembre de 2000. Querido diario:

Aún estoy esperando a que papá me perdone por el reloj que le derretí con la lámpara. Ojalá no hubiera jugado con él… Es lógico que no me perdone, y más después de la discusión con mamá…

¿Cómo seré dentro de 10 años? Espero que no tan desastre como parece que soy ahora. ¿Tendré novio?

…No creo.

Llevo soñando al dormir muchos días con lanzarme desde la ventana y volar, pero eso es imposible. Todo, todo lo que ahora quiero es imposible. Creo que lo será siempre.

Cuando sea mayor quiero tener una casa, y un trabajo y un novio con hijos. Pero me han dicho muchas veces que eso no es tan fácil. ¿Cómo no va a ser fácil si mamá y papá ya lo tienen todo?”

Veo faltas de ortografía y de expresión, y también veo una letra de niña de 8 años.

Voy más allá, y veo a una niña feliz que disfruta escribiendo; Seguro que cree que algún día una vez ausente leerán su vida. Veo ya en esa niña ganas de lo imposible y deseos de futuro.

Cómo no… Tu siempre pensando en el futuro.

Quizá tanto futuro o tanto pasado hayan nublado la mente de esta niña que nunca ha sido capaz de mirar de frente al presente. Eso lo piensan muchos… Pero nadie pensó en que tras esos jóvenes ojos y tras esa niña feliz existía un vacío pendiente de consolar.

Quizá la palabra que la describe sea “cobarde”… Pero siempre supo que tras lo inconsolable había un detalle que lo arreglaría todo. Solo había que esperar.

Elena.


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Tic tac, el reloj pesa ya demasiado, prueba por un momento a dejar de ser su esclavo y pararlo. Inspira, siente como el diafragma se contrae, ahora relájalo espirando. Acaricia la palma de tu mano suavemente con los dedos de la otra mano. Roza con la lengua la lisura de los labios y colócalos bajo la fila superior de los diente, muerde ligeramente. Explora sin miedo, éste es tu momento y tú decides cómo quieres moldearlo. Siente y toca lo áspero y lo suave. Abre bien las orejas, sé bien que tus ojos están posados en estas letras que se arremolinan, ¿pero no puedes oír lo que intento decirte yo y el resto de la existencia? Hagamos un esfuerzo, cuando termines de leer esta frase cierra los ojos lentamente y piensa en el último sueño que tuviste. Ahora, ciérralos unos segundos. Si tienes los pies desnudos busca unas zapatillas que calienten bien, y si ya las tienes, quítatelas si quieres para sentir el frío tacto del suelo. Tienes derecho a decidir cuándo cambiar, y a reflexionar sobre tus actos, y sobre los agenos. También puedes seguir siendo así, fiel a tu estilo. Has escrito un ya viejo libro con todas tus decisiones, estoy orgulloso de ti, que has aguantado.


Animemos la cosa, ¿recuerdas tu último viaje?, captura una foto mental de él, visualízala, tíntala de sepia y coloca a tu alrededor a todas las personas, animales y objetos que recuerdas haber querido, todos congregados especialmente para acompañarte. Enciende el tocadiscos de tu cabeza y pon la primera melodía que se pase por tu cabeza, si no te gusta prueba con la segunda. Si es triste anímala, y si es alegre entristécela, que esté al volumen correcto, como si la llevases en una radio mientras navegas en un pequeño barco en medio del océano, que no perturbe la paz del momento. Imagina que estás en un campo de trigo, que se mueve al son del viento, y a unos metros de distancia está una persona, a la que solo tú le puedes poner nombre, que alguna vez quisiste y ya no está en tu vida. Te sonríe y te alegras de verle sonreír, es genial que alguna vez haya estado en tu vida de un modo u otro, acabase como acabase. Te enseñó tanto… Por detrás te abraza una persona crucial en tu vida, que sigue contigo, padre, amigo, novia, hermano… da igual, la persona que está detrás de ti y la que tienes a unos metros representan tu capacidad de amar. Ahora, si me has seguido en todo esto, abre bien los ojos y mira a tu alrededor, toca todo cuanto veas necesario, presta atención a los sonidos que vienen de algún lugar, que te cuentan cada uno una historia, pregúntate qué es lo que sientes en este momento e intenta comprender. La única verdad que podrás llegar a vislumbrar es que estás vivo, que lo tienes todo, que la casualidad te ha tocado con su varita y te ha dado lo que eres. Aprovéchala, o no, escribe el prólogo, el epílogo o un aparte en tu libro, si quieres tacha todo lo que llevas escrito y arruga las hojas, pero disfruta de cada segundo, no podrías ser más afortunado. Si miras a tu alrededor probablemente verás una nube de hierros, paredes, hormigón, y si miras a tu interior verás que aún te quedan una infinidad de cosas por hacer y por dejar de hacer. Tú decides, puedes escalar, excavar, o quedarte quieto. Tu voz ronca, tus pasos plagados de prisa, tus miradas infinitas hacia el techo, el viento que te sopla en la cara, el marrón de esa cazadora, esa risa descontrolada, ese peluche con el que dormías, el papel a medio escribir... son parpadeos de tu vida, una parte crucial en tu historia, lo que quedará siempre, incluso cuando ya no estés.

‘’Solo los peces muertos siguen la corriente del río’’

Ale.


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