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19 de junio de 2012

Persisto

Respiro de tu fragilidad, mi corazón late con tu insumisión. Camino sobre una infinita hilera de falta de ideas, me impulsan las luces de las farolas y las carcajadas desordenadas. Buceo entre mares de gente enmascarada que no busca más que comprensión. Me comprendo solo cuando me escucho a mi mismo.

También respiro de las pasiones no resueltas, de la fe en las revoluciones, y de las dudas más intrascendentes. Vuelo con alas hechas de cuando se te escapa una sonrisa, y de la incertidumbre de ir a contracorriente. Me mueve la fuerza de un trueno en una noche de tormenta. Acabo empapado de tus lágrimas y me seca la luz de tus pupilas.

Bebo de mi soledad, y engullo las compañías. Me escondo tras el viento. Salto por encima de las multitudes y escarbo una a una en las personas que me intrigan. Crezco con los cambios y me pierdo en la monotonía. Me refugio en lo certero y lucho contra el conformismo. Creo en mis delirios y reniego de la formalidad. Me autodestruyo pensando en lo que no tengo. Abro todas las puertas con la improvisación.

Me duermo con mi voz. Sueño con la tuya.



20 de mayo de 2012

Lo que me sale

''Sólo Momo sabía esperar tanto y entendía lo que decía. Sabía que se tomaba tanto tiempo para no decir nunca nada que no fuera verdad. Pues en su opinión, todas las desgracias del mundo nacían de las muchas mentiras, las dichas a propósito, pero también las involuntarias, causadas por la prisa o la imprecisión.''
Momo. Michael Ende.

Y despiertas con esa extraña sensación de nuevo. Buscas poca luz, poco ruido, y apagar los pensamientos por un rato. Vivo en una ciudad de contrastes, y yo soy un contraste en mi mismo. No conozco una persona donde convivan más dicotomías.


El viento no tiene dirección hoy, las mareas se han parado, los relojes esperan a mi próximo paso. Dicen que cuando el agua se estanca se contamina. También dicen que para saber lo que es sentirse purificado antes hay que haberse intoxicado.


Tengo la sensación de que los relojes van a seguir esperando. Nunca fui una persona que se adaptase al ritmo que me marcaban. Todo está bajo control, o eso me gusta pensar, y si quiero estancarme un tiempo lo haré. Luego con coger algo de impulso estará arreglado.


''Momo sabía escuchar de tal manera que a la gente tonta se le ocurría, de repente, ideas muy inteligentes.''
Momo. Michael Ende.
Creo en el poder de la voz para alzar al pueblo, de una mirada para volcar corazones, y que las oportunidades siempre vuelven, pero nunca con la misma fuerza de la primera vez.


Nos devora la calma y nos consume la intemperie y el no parar. Nos ahoga la pobreza y nos provoca hastío la riqueza. Los sueños pueden hacernos levitar o hundirnos. Comprender nos da la lucidez o la decepción. 


No sé si soy afortunado o desgraciado. No sé si te necesito o eres un obstáculo. Nada está claro, ni siquiera nada está. Menos un detalle... Seguimos aquí.



13 de marzo de 2012

Prisioneros con alas

Somos esclavos del tiempo. Del tiempo y del miedo. Del miedo a perder, a perder lo que se tiene. A veces preferimos no tener para no poder perderlo después, y es ahí donde empieza a morir nuestra libertad. Cuando empezamos a recular, a no decir lo que en realidad pensamos, a hacer lo contrario de lo que nos dicta el instinto. A luchar contra la bestia que aúlla desde nuestras entrañas. Una bestia que con el tiempo se cansa de no ser escuchada y se va apagando su voz, destruyendose la pasión, la improvisación, y el instinto. Convirtiéndonos en máquinas autómatas condenadas a vivir sin sentir, frustrados y esclavos de pensamientos nocivos y recurrentes. Todo esto por no elegir el camino más sencillo: hacer caso a los impulsos y perseguir lo que queremos.

Somos prisioneros con alas en una cárcel sin techo. Solo tenemos que perder el miedo a batir nuestras alas, ya habrá tiempo de volver a elevarse si caemos, ¿no?.




14 de febrero de 2012

El juego consiste en jugar


E
spero que comprendáis que para escribir necesito una luz mucho más tenue. Necesito que el resto del mundo desaparezca. Que solo estén mis dedos, envueltos en un pequeño foco de luz, y una atmósfera musical que me conduzca al trance. Necesito exquisitez y claridad de pensamiento. Necesito conectar conmigo. Reencontrarme. A partir de ahí, es suficiente dejar que todo ocurra solo, como si fuese inevitable.

No dudo que la vida tiene reservados grandes planes para mi, de los cuales aprovecharé aquellos en los que tenga el valor y convencimiento de embarcarme. Y lo siento mucho, pero ahí fuera hace frío, y yo debo correr para no congelarme en la penumbra de lo que pude ser. Necesito impulsarme a ras del cielo y no parar hasta que no me quede una bocanada de vida. No puedo arrastrar a nadie conmigo, pero eso no quita que no podamos encontrarnos en alguna parte del camino. Llegar, dejarte con una sonrisa, e irme por donde vine.

Si algo no fluye, no insistas, no insistas en alimentar algo que se ha estancado. Las posibilidades son infinitas, y a veces nos centramos en las más absurdas por el miedo al cambio, a conseguir realmente algo que te destruya los esquemas. Cada relación con una persona es un mundo, una oportunidad para mostrarles algo de ti que no le muestras al resto, muchas veces nos cegamos por odiar o por amar demasiado, y dejamos al resto del mundo sin que conozca todo lo que podemos ofrecerles. Necesito muchas palabras para explicar todo lo que tendría que decir, y tengo poco tiempo.

Realmente mi infancia está muy borrosa, lo único que tengo claro es que a lo largo de la vida la felicidad ha brotado de tener la oportunidad de demostrarle a alguien quién soy. Me importa poco si es una persona o un millón. A ratos he estado ciego y he perdido la deriva, encontrándome una y otra vez conmigo mismo, pero nada es en vano. Ahora conozco el arma que hay dentro de mí, y soy plenamente consciente de que tengo la obligación de vivir, tan simple como eso. Por el camino ya veremos lo que pasa. El juego consiste en empezar a levantarte cuando te estés cayendo, y si llega un momento en que no te responden las piernas para hacerlo no está de más tomarte un respiro.



La vida es como una mañana de resaca en la que te despiertas desnudo en alguna playa de Porto y con un sombrero Mejicano. No sabes cómo demonios has llegado hasta ahí, no tienes muy claro quién eres ni lo que vas a hacer en esos momentos. Pero tienes dos caminos, pasarte la vida ahí tirado preguntándote qué diablos pasa, o levantarte y seguir viviendo. Hay personas que en lugar de preguntarse qué pueden hacer ante algo lo primero que se preguntan es de quién ha sido la culpa. Y ese es uno de los grandes problemas que tenemos, tal y como yo lo veo la grandeza y la fuerza de alguien está en su capacidad de sobreponerse y escalar, y no tropezarse y quedar herido de muerte con cada pequeña china que se encuentra en la calzada. No dejemos que nos engañen diciendo que la libertad es algo que nos han dado, igual que la opción de luchar por lo nuestro. Es algo que siempre hemos tenido, y siempre lo tendremos. La vida es tan fácil como tú quieras hacerla.

Puedes tener destrozados los labios por mordértelos deseando algo que no tendrás, o porque te los hayan mordido otras personas. Tú eliges. Siempre se puede cambiar y empezar a ser feliz. Eliminemos de una puta vez lo accesorio, la palabrería, el maquillaje, los clichés, los rituales y la mentira. Dejémonos llevar por la química, los impulsos, lo que queremos, la intuición, seducción, conquista, acción, juego. Colmemos todas sus necesidades vitales con unas palabras bien susurradas, no tengamos miedo de desgarrarle ese vestido nuevo, dejemos que su cuerpo hierva y se derrita en nuestras manos, acabemos exhaustos, y despidámonos con cortesía.

El juego consiste en jugar, no en quedarse mirando cómo otros juegan.

''El juego se había puesto en marcha de nuevo. Felicidad en estado puro, bruto, natural, volcánico, que gozada, era lo mejor del mundo... Mejor que la droga, mejor que la heroína, mejor que la coca, chutes, porros, hachís, rayas, petas, hierba, marihuana, cannabis, canutos, anfetas, tripis, ácidos, lsd ,éxtasis... Mejor que el sexo, que una felación, que un 69, que una orgía, una paja, el sexo tántrico, el kamasutra, las bolas chinas... Mejor que la nocilla y los batidos de plátano... Mejor que la trilogía de George Lucas, que la serie completa de los Teleñecos, que el fin del Milenio... Mejor que los andares de Ally Mcbeal, Marilyn, la Pitufina, Lara Croft, Naomi Campbell y el lunar de Cindy Crawford... Mejor que la cara B de Abbey Road, los solos de Hendrix. Mejor que el pequeño paso de Neil Amstrong sobre la Luna, el Space Mountain, Papa Noel, la fortuna de Bill Gates, los trances del Dalai Lama, las experiencias cercanas a la muerte, la resurrección de Lázaro, todos los chutes de testosterona de Schwarzenegger, el colágeno de los labios de Pamela Anderson, mejor que Woodstock y sus fiestas mas orgásmicas...mejor que los excesos del Marqués de Sade, Arthur Rimbaud, Morrison y Castaneda... Mejor que la libertad... Mejor que la vida.''
Julien. Jeux d'enfants.

31 de diciembre de 2011

Aves


''Para ver el arco iris has de soportar la lluvia''
Rafael Lechowski
Los buitres devoran la piel que en su día mudamos y que dejamos atrás en el camino. Nosotros corremos, siempre hacia delante. Siempre. Dejando trozos de lo que fuimos atrás. Reconstruyéndonos. Algunos vuelan, otros reptan, y otros excavan, pero todos avanzamos sin remedio. Hasta que la muerte nos pare.

Qué decir del año que acaba. A escasos centímetros de mí he visto morir a algunos, y nacer a otros. He amado mucho más de lo que he odiado, besado más que escupido, reído más que callado. He perseguido el placer y éste me ha recompensado. He tenido razones de sobra para levantarme cada día, y seguían estando ahí al acostarme.

Probablemente lo que más nos marca a lo largo de una vida son las personas que encontramos. Algunas lo suficientemente valiosas o constantes como para quedarse. Vienen sin hacer ruido y se quedan. Te acostumbras a ellas y te hacen crecer sin que te des apenas cuenta, y llega un momento en que son parte de tu vida. Otros son más fugaces, pero están ahí el suficiente tiempo para abrir tu mente, y hacerte ver las cosas de otra manera, dejando su huella. Soy muy afortunado por la variedad de personas que tengo el placer de trata r a diario, y orgulloso de crecer día a día a su lado, y de compartir tantas risas inconscientes.

Pero para querer a los demás hay que saber quererse primero a uno mismo, no hay mayor placer que sentir que cada vez te conoces mejor, disfrutas de tu compañía, y aprendes con cada mínima ocasión. Evita las prisas, céntrate en lo que tienes y encuentra la forma de disfrutarlo, sin darte cuenta conseguirás más y mejor. Ha sido un año en el que he escrito muy poco, pero el único en que he gozado al escribir todas y cada una de las entradas. He aprendido o a olvidar, a reinventar, a criticar construyendo, a derribar muros de incomunicación con solo sonreír, que todo es tan sencillo como quieras hacerlo. He sentido el calor de miles de manifestantes y soñadores que aman el mundo que viven, y luchan por hacerlo mejor, pájaros enjaulados que unidos conseguirán hacer volar la jaula.

He dejado de lado lo racional para embarcarme en lo que quería hacer en cada momento, he olvidado lo inolvidable y lo he vuelto a recordar, he sentido todo el frío y el calor de lo querible. He corrido, joder, he corrido muchísimo: contra y a favor del viento, de la lluvia, del fango, del fuego, amor, odio, día, y noche, de mar y tierra. He corrido hasta olvidar de dónde había partido. He tenido que verme solo y viajar a 2.000 kilómetros para reencon trarme, y encontrar mucho más de lo que nunca imaginé, para vivir unas de las mejores semanas de mi vida. Y con todo y con esto, no tengo más que ansias por seguir aprendiendo, conociendo, y viviendo cada vez más. No puedo esperar a que sea mañana por la mañana, que no será más que un nuevo regalo, otra oportunidad más para superarme.

Gracias a todos los que estuvisteis conmigo este año, y brindemos por lo que aún queda de él.


25 de septiembre de 2011

Sombrero y reverencia


"Esta noche el niño Godin volverá tarde a casa, su madre le mirará los dedos por miedo a que el nene fume a escondidas. No, señora Godin, su hijo se folla todo lo que pilla, tiene la pilila devorada por las bacterias... y se traga todas las pastillas que encuentra para olvidarse de usted. Los Domingos, cuando le obliga a bañarse para ir a la Iglesia, aprovecha para prostituirse con su entrenador de hockey. Pero, sobretodo no se preocupe, su hijo no fuma porque se asfixia..."
Léolo. Jean-Claude Lauzon


Nacer, ¿Qué haces aquí?, da igual aprovéchalo. Llora y patalea y expande esos pulmones con toda la fuerza que tengas. ¿Fuerza, qué es eso? A quién le importa, sacúdete, si te dan comida, come, si hay manchas y luces míralas y cuidado de no dejar de respirar sin darte cuenta. Todo el mundo te mira y tú te preguntas por qué lo hacen si tú no tienes apenas tiempo para reparar en todo un mundo nuevo. ¿Será que cuando pasa el tiempo se agotan las cosas nuevas por descubrir? Quizás sea que tú eres esa cosa nueva. Eres el centro de su mundo y para tienes la fórmula para sobrevivir, hacer que otros depositen su dependencia en ti mientras parece que tú dependes de ellos...pero ¡eh!, no vayas tan deprisa.

Crecer, estás inspirado y corres, corres en dirección contraria al viento porque no temes a nadie y no ves tu techo. Qué digo correr, ¡pedaleas!. Pedaleas con una bici oxidada y con la rueda de atrás pinchada mientras muchos te adelantan, pero a ti te da igual porque sabes que no te llegan a la punta de los talones y que cuando llegues a la próxima encruzijada verás sus cadáveres en descomposición y despeñados por exceso de velocidad. Intuyes que todo esto guarda una metáfora sobre la vida pero sigues pedaleando, no tienes tiempo de pensar. ¿Qué pasa? has aprendido a comer con tenedor, a hacer crucigramas, redactar, escribir cosas sobre una parte de ti como si fuesen dirigidas a otro, llevarte a esa chica borracha a la cama, y has cruzado a sabiendas los límites de ponerse ciego de lo que sea. Has leído poesía, abrazado a tu familia, sentido como te retumba el corazón entre gente sudorosa y unos altavoces de tamaño industrial, comprado un chucho, leído libros, te has sentido en la cima y en la suela de tus propias zapatillas. Tu cerebro te quiere y esconde todo lo que has sufrido, además de no permitirte salir en la oscuridad así como así. Sabes como vivir, pero cada vez te lo ponen más difícil. ¿Seguro que te lo ponen? ¿No te lo pones tú mismo?.

Reproducirse, no sabes qué tiene pero lo tiene. No sabes si quieres estallar junto a ella y empotrarla contra el armario o cuidarla por el resto de tus días. Pero, joder, la quieres. Y no quieres quererla. No quieres porque ese olor convierte a la bestia en un gatito y no acabas de ser tú cuando estás junto a ella, sabes que es algo químico: feromonas, neurotrasmisores, receptores. Te da igual pero te pone a cien y la quieres contigo, y pagas la frustración de no poder tenerla con las mujeres que sí te tratan bien. Amigo, tú y yo sabemos que rezas porque no exista el karma.

Morir, ¿Ya? ¿Es una broma?. Unos se pierden en las formas, otros en el contenido, pero todos se acaban perdiendo. No sé ni me importan las circunstancias de tu muerte, ya no te sirve de nada patalear, llorar, correr o ponerte hasta el culo de drogas (miento, esto puede ayudar), se acaban los días y tú estás ahí postrado. Has aprendido mucho y has vivido aún más, pero todo eso se fue. Quizás solo busques algo de tranquilidad tras toda esta tormenta, a lo mejor tienes espinas clavadas, seguramente te encantaría que alguien te enviase al más allá un DVD con los mejores momentos de tu funeral. Pero no hay tiempo para más, se me olvidó preguntarte si creías en Dios, este es un buen momento. Si crees estas de enhorabuena amigo, si no, quizás hayas dejado huella o puedas regocijarte unos últimos segundos con una agridulce vida de la que probablemente no te arrepientas demasiado (ya hablamos de que el cerebro recorta los peores momentos). En fin, quizás no debería haberte dicho que no fueses tan deprisa. Al fin y al cabo, si una vida es tan fugaz que se puede resumir en un texto (incluso en cuatro palabras), quizás deberías haber corrido tanto como estuviera en tus manos para no perderla de vista.




4 de septiembre de 2011

Fénix



"Si estás leyendo esto, el aviso va dirigido a ti. Cada palabra que leas de esta letra pequeña inútil, es un segundo menos de vida para ti. ¿No tienes otras cosas que hacer? ¿Tu vida esta tan vacía que no se te ocurre otra forma de pasar estos momentos? ¿o te impresiona tanto la autoridad que concedes crédito y respeto a todos los que dicen ostentarla? ¿lees todo lo que te dicen que leas? ¿Piensas todo lo que te dicen que pienses? ¿Compras todo lo que te dicen que necesitas? Sal de tu casa, Busca a alguien del sexo opuesto. Basta ya de tantas compras y masturbaciones. Deja tu trabajo. Empieza a luchar. Demuestra que estas vivo. Si no reivindicas tu humanidad te convertirás en una estadística. Estás avisado...".
Tyler Durden. El club de la lucha.

No te lo tomes como nada personal, Tyler es un personaje que se caracteriza entre otras cosas por ir al grano. Ahí fuera suenan sirenas de un coche de policia, cierro la ventana. Apago la televisión mientras mis labios dejan escapar la palabra ''demagogia'' sin apenas darme cuenta. Miro al techo mientras intento atrapar un pensamiento que se me resiste, del que me aleja cada vez más una decadente música que enfanga toda la habitación. Llevo varios días solo en la casa donde he pasado la mayor parte de los veranos desde que era crío. Solos yo, el mar, y un pueblo costero casi desierto ya. Alguno de vosotros podría llamarlo retiro espiritual, yo prefiero describirlo como ''estar tumbado sin hacer nada en especial mientras como toneladas de comida basura y veo como me crece la barba''. En estos momentos mi latido cardíaco se acelera, ya he encontrado el pensamiento.

Hola, mi nombre es Ale, tengo 20 años y a partir de mañana voy a ser la persona que quiero ser.

Sospecho que no soy el único que se ha dicho algo parecido a esto más de una vez, a mi descripción podría añadirle detalles claramente de relleno; como que disfruto fingiendo que el tiempo pasa más lento, me atrae peligrosamente lo que puede joderme, tiendo a encoger mis palabras en público y a darles poca importancia, soy alegre cuando me dejo, no me llaman demasiado las pertenencias y quiero usar mi trabajo como un medio para viajar, aprender y vivir como quiero sin demasiados agobios económicos, además me interesa seguir escribiendo y me considero un romántico reconvertido por necesidad y moda. ¿Dejaré de ser todo esto a partir de mañana, o más bien lo encauzaré con la actitud adecuada? La segunda opción me abriría muchas puertas, y la primera me repele.


Nuestra vida es un constante viaje, desde el nacimiento hasta la muerte. El paisaje varía, la gente cambia, las necesidades se transforman, pero el tren sigue adelante. La vida es el tren, no la estación. Y lo que has estado haciendo no es viajar, sino cambiar de países, lo cual es completamente distinto.
Aleph. Paulo Coelho.

Al decir que me he dicho algo parecido más de una vez, en realidad quiero decir que me lo he dicho más de mil veces, pero siempre en futuro, aún sabiendo que el futuro no existe y es difuso. Ni tenemos constancia, de que exista el pasado, como me dijo un día una amiga que no cree en el tiempo. Existe el presente, y eso es más que suficiente para proponernos lo que sea. El pasado y el futuro no son más que un puñado de excusas que nos damos para continuar en nuestra zona cómoda. El pasado no puede repetirse, hasta ahora no me fue tan mal, todo mejorará, soy mejor que antes y por tanto no tengo por qué seguir creciendo aún, me queda tiempo de sobra, no hay prisa... ¿te suena?

Tenemos miedo. Miedo a perder lo poco que aparentemente tenemos. Miedo a perder lo prescindible, y entonces darnos cuenta de que hemos vivido en la zona cómoda, de que todo el tiempo hemos estado equivocados por miedo. Miedo al cambio. Miedo a empezar a vivir, a empezar a hacer lo que queremos hacer. No nos sentimos preparados, pero lo estamos desde que tenemos uso de razón. Al principio puede ser duro, pero las veces en las que más he aprendido y más feliz he sido ha sido cuando he decido romper con lo ''seguro'' que tenía y he salido de la zona cómoda. Te diré por qué no funciona prometer que a partir de mañana vas a cambiar: porque son solo palabras. Y te lo dice un forofo de las palabras, pero que sabe para que sean sólidas debes adelantarte a ellas con acciones.

Disfruta de lo que haces y hazlo dejando de pensar en el resultado, es tan fácil que asusta, ¿no? pues no sé a qué esperas.



24 de agosto de 2011

Y follar como animales



‘’Regresamos a casa, y aunque teníamos la cabeza llena de pensamientos, apenas hablábamos. Pasamos la noche caminando y llegamos a Castle Rock poco después de las 5 de la madrugada de un domingo a primeros de septiembre. Solo habíamos estado dos días fuera, pero de algún modo el pueblo parecía distinto, y más pequeño’’

Gordie Lachance. Stand by me.


Si se pudiese encerrar la experiencia en palabras, si por un momento encontrásemos el adjetivo perfecto para todo lo que hemos vivido, si no fuera demasiada responsabilidad para una boca pronunciarla, la literatura dejaría de ser uno de los retos de mi vida. Aún así lo primero que haría con esa palabra es entregársela a todos los que han crecido conmigo a lo largo de mi vida, en cualquier momento. Los que me han hecho crecer. Por muchos debates, camisas, madrugadas, coches, cócteles, billetes y mordiscos en la boca que aparezcan en mi vida, yo seguiré admirando lo que empecé a construir desde niño muy dentro de mi: risas ruidosas, bailes al son que marque el viento, chistes sin sentido, la forma en que sonríe cuando adivino lo que está pensando, promesas inocentes, regalos desinteresados, esperas, paz, justicia, y sueños. Sobre todo sueños. Por todo esto cada vez que me dicen que en el fondo sigo siendo un niño me siento muy orgulloso.

Con el tiempo vas aprendiendo que el tamaño de tus alas depende de tus ganas de volar, aunque te hayan hecho creer que crecer conlleva necesariamente guardarlas en un baúl en ese desván de las historias incompletas. Si me has leído asiduamente podrás imaginarte que uno de mis mayores temores es el de perder mis raíces, cerrar con llave ese desván. Dejar de querer lo que quiero, y de ser quien soy. Aun así soy consciente de mi avalancha de defectos, que de vez en cuando me atizan en la cabeza cuando no los veo venir, algunos los intento corregir y con otros aprendo a convivir.

No estoy seguro de lo que voy a hacer con mi vida, de momento solo se que quiero seguir soñando. Y queriendo a quien me sale querer. Soñaré para olvidar después lo que he soñado, y dejar sitio a nuevos sueños. Soñaré con un mundo en el que pueda decir sin miedo lo que por dentro estoy gritando. También soñaré con que sales de tu prisión invisible, y que nada te impida mirarnos y saber lo que deseamos, y follar como animales sin importar que sea el lugar ni el momento adecuados, alcanzando las nubes con cada aullido. Por supuesto sueño con que cada golpe que me den traiga por lo menos una risa de alguien querido. Que encuentre la inspiración bajo cada piedra, y que al espirar expulse todos los temores.

No tengo ni idea de lo que va a pasar mañana, pero me tranquiliza la idea de que las estrellas seguirán bañando de luz nuestra piel una noche más.



8 de agosto de 2011

Reír desconsoladamente


El terreno donde pisas se amolda a tus pasos, todo sucede con una extrema sutileza y los movimientos van al ritmo de un saxo torpón. Todo a tu alrededor es conocido y sucede de la mejor forma posible. Si hay un fallo se arregla. Si hay un erro
r se olvida. Seres que aprecias siguen tus pasos y otros los guían. Todo lo que sucede lo hace de la forma más interesante posible, y tienes la seguridad de que vas por el buen camino.

Sin avisar todo se disipa y abres los ojos. Te encuentras de vuelta a la realidad, a miles de kilómetros de tu hogar. Nadie te guía. Nadie te sigue. Nada es familiar. Solo te tienes a ti mismo, y lo que puedas conseguir. Aún adormecido te paras un momento a pensar en nada en concreto. Es en días como estos en los que uno realmente aprende de
la vida. Cuando desaparece la comodidad y la seguridad, cuando sabes que realmente dependes de tus actos, y no hay excusas, ni tiempo para contemplaciones. Solo momentos que vivir.

De nada sirve a la hora de la verdad embelesarse con marañas de palabras y pensamientos que te puedan frenar. Cuando todo pasa no puedes pararte a pensar en que está pasando. Cuando escuchas a los demás no tienes tiempo de escucharte a ti mismo. Es en esos días en los que tienes que correr, actuar, hacer lo que tienes que hacer. Vivir. Dejarte lle
var por ti mismo.

''Mi ambición es decir con diez frases lo que otros dicen en todo un libro''

Correr hacia el mar mientras las gotas de lluvia galopan sobre tus hom
bros. Mirarla fijamente y besarla sin contemplaciones. Hacerte un coloso andando contra el viento. Reconocer tus errores. Tender la mano al que se quede en el camino. Pararte y respirar. Reír desconsoladamente. Susurrar lo que no piensas. Encontrarte a ti mismo. Sentir que todo ha merecido la pena.


17 de junio de 2011

Lo violento de lo previsto

Cuando sus pasos se vuelven eco, y su voz es más nana que voz, sabes que algo está pasando. Si se pudiese explicar esa sensación de sosiego y de desconcierto al mismo tiempo, la literatura no tendría sentido. En el fondo sabes que está hecha de lo mismo que tú, que por su cabeza pasan cosas parecidas, que sus pies pisan la hierba que tú pisas, que se preocupa por las mimas minucias. Pero sigue estando lejos, porque quieres que siga lejos, quieres que su fría mirada siga inmutable y que solo sonría si realmente merece la pena descubrir su sonrisa. Quieres aprender y ver mundo solo para enseñárselo. Quieres vivir para mantener viva la esperanza. Quieres luchar por ella y perder solo para poder decir que ha merecido la pena.


.

14 de mayo de 2011

Simetrías

Arrasa el tiempo. Cruel y paradójico arrastra a su paso todos los momentos que tanto nos ha costado encontrar. Nos da la opción de recordar unos cuantos con suerte, y sigue su camino. Nos obliga a seguir el nuestro, o a abandonarlo si no estamos conformes con lo que nos ha impuesto. Hay días en que el viento sopla y todo se vuelve más suave, más gris, más lento. Abrimos nuestro viejo baúl y revisamos todo lo que hemos reunido en estos largos años. Bailes, fobias, inquietudes, papeles, opiniones, tierra, esperas, amigos, lecciones. Otros días no somos nosotros los que decidimos sacar los recuerdos, sino que nos damos de bruces contra ellos. Con un mínimo gesto, olor, o imagen se despiertan y escarban con sus ya desfasadas uñas para salir de la cárcel de alquitrán y cadáveres en los que los vamos encerrando. Llegas a plantearte cómo es posible que casi hayas olvidado lo que algún día era para ti lo más importante, y te preguntas si lo que tienes ahora es más valioso.

Ser valiente es asumir que todos los momentos desaparecen conforme los quemamos, que cada momento es único, y no importa desperdiciarlo con tal de hacerlo nuestro. Yo no sé si soy feliz o infeliz, pero sí estoy prácticamente seguro de que mi sistema de vida y de pensamiento es el que yo quiero, y cada día soy más yo.



Si hoy tuviese que escribirme una carta a mí yo de hace 12 años, empezaría dándome la mala noticia de que finalmente el tiempo pasa para mí también, pero le tranquilizaría saber que no he renunciado a lo que en el fondo era pese a los intentos que han llegado a hacer para ello, y que el día que me mantengo firme compensa a los tres en los que titubeo. Siempre me han agobiado los conflictos, y he interiorizado lo que me hacía daño, para que me comiese por dentro y no por fuera. Hace poco me di cuenta de que sigo haciéndolo y de lo mucho que me queda por madurar para disfrutar realmente de lo que tengo. Cada vez escondo menos lo que pienso en metáforas y grandilocuencia. Todos nos queremos abrir al mundo y eliminar las dobleces que tanto nos complican la vida, pero Roma no se hizo en un día, ni en dos.

Todo lo que son algunos y lo poco que enseñan. Envidian el valor de otros para mostrar tanto cuando no tienen nada. Y al final son los momentos los que nos recuerdan lo que somos. Un guiño inocente cuando desconfiábamos de la bondad, un ‘’te necesito’’ cuando nos sentíamos desligados de todo, una musa cuando habíamos olvidado la belleza y sus labios cuando no recordábamos el deseo, un momento de sosiego en un día frenético. Nuestra capacidad de olvidar, y de aprender de lo olvidado, de seguir creyendo cuando todo está perdido y de sonreír cuando encontramos la luz que buscábamos a tientas. La vida son momentos.


24 de abril de 2011

Colores

Cada final supone un comienzo… yo no creo que sea del todo así. Cuando te caes necesitas un momento de reflexión previo a la recuperación para analizar la caída, el momento de reflexión lo puedes hacer desde el suelo, o en pie, si has preferido levantarte deprisa para que no se rían de ti por estar en el suelo. La vida no es más que un número limitado de ciclos, así que las caídas están aseguradas, y lo normal es levantarse tarde o temprano, pero la etapa intermedia es la que para mi determina la pauta de actuación ante futuras situaciones similares. Aprendemos de nuestros errores.


Y es que nunca es tarde para rescatar algo que creías perdido, yo lo estoy haciendo con el mes de Abril, al que ya daba por robado como el de Sabina. Lo que somos está muy arraigado en nosotros, y aunque por un tiempo lo olvidemos en cualquier rincón, araña las paredes para acabar saliendo como el enterrado en vida lo hace con su ataúd, solo que con más suerte. No podemos huir de lo que somos. Yo por ejemplo he ido poco a poco entendiendo que nunca superaría el desconcierto que me provoca la muerte si seguía planteándomela, así es como funcionan las cosas. Con estrategias de supervivencia.


Para gustos, colores. Hoy en día sobrevive casi todo el mundo y envejece sin mayores problemas siguiendo una serie de pautas. Nos ocultan el trabajo sucio y nos lo dejan todo preparado y envasado para que sigamos linealmente y sin desviarnos una vida sin fluctuaciones. Pero aparte de eso cada persona ha ido diseñando su estrategia de supervivencia ante el mundo. Son conscientes de que se pasan los segundos y lo aceptan, huyen del dolor para vivir dignamente y ríen cuanto pueden. Se aman entre ellos y algunos incluso a ellos mismos, crean un sistema de vida y lo transmiten a las personas que parecen merecerlo. Están ahí y lo saben, no se lo acaban de creer pero disimulan como si existir fuese lo más normal del mundo. Fluyen, comparten, esperan que los amigos a los que tan bien tratan no les dañen, y si les dañan ellos dañan a otros para protegerse. Personalidades. Es una teoría fácil decir que todos nos escondemos, y es que no tenemos que mirarnos a nosotros mismos para saber que somos débiles, y si extrapolamos la situación a una especie entera nos quedamos con una gigantesca masa de personas aterradas que se apoyan unas a otras, y si no tienes apoyo no tienes nada en este mundo. Creen en la felicidad y luchan por ella, quieren dejar huella con grandes logros y al final la dejan inconscientemente con actos que creen mundanos. Son geniales, lo somos.


Geniales y relativamente libres. Para demostrarlo le concedemos los caprichos a nuestra parte más esencial: corremos sin motivo hacia ningún sitio para dejar atrás algo inespecífico, nos rapamos, respiramos hondo, regalamos alguna sonrisa altruista y nos sentimos diminutos mirando las estrellas. Tan auténticos nos sentimos en esos momentos que cualquier mentira nos destroza, repele, y devuelve a la tierra. La verdad es que odio toda esa metodología motivacional que se basa en canciones lentas, fotos de corazones y mensajes de esperanza y fe, siempre me gustó más lo que se esconde en lo sutil. La oscuridad de la noche resguardando de nuestros ojos lo que está, y dejando ver lo que a ella se le antoja que creamos que está. Perspectivas. Nos gusta lo nuevo y le tenemos cariño a lo viejo. Asumimos que el tiempo nos cambiará pero miramos esa idea con recelo y duda. No sabemos a dónde nos llevará la vida, así que de momento solo tenemos el control de nuestros actos. Nunca acabamos de ser lo que queremos ser, y eso es una buena excusa para seguir adelante.


28 de diciembre de 2010

Es por ella


Es curioso, incluso puede resultar inconcluyente llegados a este punto en el que casi he dejado atrás miedos al fin o ilusiones de niños, pero tengo un autoconcepto que -al más puro estilo del club de los poetas muertos- cambia según la perspectiva. Resumiendo, si me miro desde el cielo veo a la persona que siempre quise ser, si me pongo a mi lado veo a mi más encarnizado e insoportable enemigo, y si me miro desde dentro únicamente alcanzo a ver ese incómodo vacío (más inconcluso que incómodo, por cierto) que me acompaña desde que tengo memoria, o más bien desde que ella apareció en mi vida.


No he bebido, aunque esta madrugada me acompaña una difusa lucidez, como si lo hubiese hecho. ¿Ella? podemos compararla a una botella de whisky a medio acabar, tiene el morbo de lo prohibido y te proporcionará unas horas en las que te sentirás el rey de lo terrenal y lo celeste, creerás que has conquistado lo conquistable, y te despertarás al día siguiente tal y como estabas. La podría comparar fácilmente también al humo del tabaco, pero no se me ocurren comparaciones en este caso que no tengan que ver con la droga. Creo que lo más valioso que me enseñó es a huir de lo insípido y falso. Pasé de encontrar belleza en colores vivos y luces a verla en grises escenas melancólicas de pañuelos, inevitables despedidas y lágrimas saladas. Desde entonces las mujeres por las que pierdo la cabeza es por misteriosas, impredecibles y con ese aire ausente, tal y como me enseñó ella que debía ser la auténtica belleza. Aprendí a desenmarañar las marañas de palabras para encontrar las que estaban ocultas bajo el ovillo de frases aleatorias, y por tanto a conocer a las personas. Perdí el miedo a no sonreír si no es necesario, y a hacerlo cuando nadie lo espera.


Me enseñó que el resultado de esperar la suerte no varía si no la esperas sentado, y a escribir. Sobre todo a escribir, conforme fue creciendo me fue exigiendo cada vez más y mejores resultados, y yo no podía ignorarla, lo que aumentaba el gran vacío que me acompaña, el de mi autoexigencia. Escribí sobre lunas, farolas, moralejas, viajes, cenizas, y placeres. Y ella estaba detrás de cada palabra, como el titiritero que sigue siendo en mi vida. Últimamente he conseguido apaciguar sus celos, y mantengo aspectos de mi vida que existían incluso antes de su llegada, como bailar por todo el salón cuando todos se han ido, o mi pasión por Buenos Aires. Con ella a mi lado solo he alcanzado la cima en una noche, y me he hundido muchísimas más, pero no me imagino sin ella, y si llego a ser feliz sin darle la espalda estoy seguro de que será para siempre, porque habrá sido el mayor mérito alcanzable. Esto lo digo porque la insolencia de la felicidad es tal que exige el despojo de lo sustancial y el alza de lo superfluo. Gracias a ella tengo el objetivo de demostrar que esto no es necesariamente así, y es por ella, lo único puro que tuve la oportunidad de encontrar, la metafísica, y sé que aún puedo aprender mucho más de ella, por la que escribo la penúltima entrada del año.


3 de diciembre de 2010

Evidencias sobre el porqué de la lluvia y de los suspiros


''La vida es corta, rompe las reglas, perdona rápidamente, besa lentamente, ama de verdad, ríe incontrolablemente y nunca lamentes nada de lo que te hizo sonreír''


En el tiempo que vas a tardar en leer esto unas 550 personas en todo el mundo han dado su última bocanada de vida, y unas 1300 la primera de muchas. Una persona acaba de descubrir que se ha acabado su momento de gloria y otra acaba de tener la idea que le cambiará la vida. Una mascota se desangra a ojos de su dueña con ojos de agradecimiento mientras la mira exculpándola de todo, una niña acaba de crecer de golpe al ver como un coche atropella a su perro. Unas 120 personas habrán encontrado la inspiración, y otras 300 han pensado ''esta es la gota que colma el vaso''. Todo eso y mucho más ha pasado mientras lo leías, así que imagínate lo que ha pasado mientras yo lo escribo, que es bastante más lento.


Todos parecen embobados con esa sonrisa que apunta hacia ninguna parte, no se dan cuenta de que los esconde en una burbuja que les aparta de lo que es realmente el mundo, y yo mientras tanto los miro con un embobado semblante serio que me encierra en una burbuja que me aparta de su mundo (el que está apartado del mundo), por lo que estoy peor aún, estoy en un meta-metamundo. Me da tiempo a responderles un par de palabras cuando me interrumpen en mi embobamiento, y un 75% de ellas es desagradable hasta para mí. No soporto las ataduras, pero necesito sentir que pertenezco a algún lugar para no volverme loco. Ha vuelto el frío y yo vuelvo a ser quién era hace mucho tiempo (lo cual me recuerda que debo acabar ''Un día en mi Alejandría''), que no sé si soy realmente yo o un mimo cuyo único modelo es la lluvia. La lluvia, que como dice un amigo, saca el auténtico color de las cosas, y un olor oculto, para mí también resalta las cosas más difusas. La luz de los ojos de la gente se tambalea más de lo normal, sus rizos se tornan brillantes, la soledad es más placentera, las palabras se toman su tiempo, y cualquier sonrisa es un mundo. Además, pienso más claramente, veo mejor y mis movimientos son más rápidos. Pero mis palabras no quieren salir de donde están, y las sonrisas se quedan a hacerles compañía.


El resultado es un suspiro donde debería haber palabras, y una mueca donde debería haber una sonrisa. Justamente cuando todo conspira para hacer del mundo un lugar mejor (con sus colores ocultos), lo único que encuentro es un conflicto interno, y un ''¿Qué me pasa?''. Por lo menos puedo seguir escribiendo. La vida se hace corta al acumularse los minutos, lo que te hace comprender que romper una norma puede ahorrarte perder unos cuantos para perderlos en otro lado (como besando), o preguntándote si es verdad el amor, si algún día aprenderás a pedir perdón, o si tu risa es sincera.


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24 de octubre de 2010

Mis cartas sobre tu mesa


Creo, y esto no va de deidades. Probablemente no creo en lo mismo que tú, casi seguro, mis creencias se basan más bien en una evolución de mis ideas infantiles. Lejos de haber cambiado han madurado y derivado por caminos más lógicos dentro de lo que cabe. Apoyo el método científico, pero lo miro de reojo, a veces creo en el destino, pero no en las verdades absolutas, creo en un equilibrio. En la vida como un ciclo, incluso he hecho mi propia interpretación del karma. Concibo la vida como un largo guión que se repite multitud de veces para rellenar espacio y que la película no quede coja. Aun así siempre hay esperanza de un final feliz. Me gusta la facilidad con la que viene todo cuando realmente es el momento, me quedo pasmado cuando se me ocurre pensar que todo lo de ahí fuera trasciende más allá de una sociedad o de unos sentimientos puntuales, me pongo algo nervioso cuando me preguntan algo muy personal y acabo consiguiendo derivar la conversación a otro tema, tengo envidia sana de los músicos (sobre todo violinistas), reconozco que cuesta trabajo saber cuándo estoy expresando algo de cariño, me tranquilizan los largos paseos, pero sólo con mi MP4, no tengo ningún modelo o ídolo al que parecerme, y digo la verdad cuando digo que no me preocupa el dinero. Pero sobre todo, y lo más importante, es que solo hay dos cosas que me hacen feliz a corto plazo, la primera es fingir que toco una guitarra eléctrica mientras me muevo exageradamente, y la segunda, y más efectiva, es conseguir hacer sonreír a alguien.


17 de agosto de 2010

Pequeño inciso sobre las amantes de en sueño


Pasan los años, increíblemente, inevitablemente. Todo sigue igual, pero cada vez necesito un poco menos de luz para ver claro. Escribo de nuevo en esta azotea, de nuevo al amparo del desvelo, y esta vez con un bolígrafo que me prestaron hace ya tres o cuatro meses. Hoy, en esta mañana de agosto, lloverá. Lo sé porque acaba de caer una gota de lluvia sobre el papel, y porque la mayor parte de las nubes tienen un color oscuro, a excepción de la más grande (y oculta) que brilla con una viveza sorprendente (mis metáforas tampoco cambian). Es como la letra pequeña en un importante contrato (el de la vida), una clausula por la cual sé que el sol saldrá en algún momento de donde se esconde.

A contrarreloj, y con las nubes agolpándose para conspirar sobre mi coronilla, te comento que cuando muera habré vivido dos vidas distintas y casi simultáneas. Cada vez comprendo mejor por qué algo ‘’perfecto’’ y de ‘’en sueño’’ son parecidos. Huele a humedad, creo que nunca aprendí del todo a soñar, porque acabo cayendo siempre en los mismos errores. He aprendido que las mejores amantes son las de los sueños (hasta que me demuestren lo contrario), porque están hechas a medida, y duran lo justo para dejar un buen recuerdo. Chico conoce a chica que le confiesa su indefensión ante la vida, él se ofrece a protegerla, se desencadena un recital de romances algo confusos y del que ambos acaban exhaustos. Él promete llamarla y despierta. Al rato acaba asimilando que fue un sueño y que no volverá, ni podrá llamarla, pero en el fondo está satisfecho. Se propone rechazar desde el principio a la próxima que perturbe sus noches, pero sabe que en el fondo valora más la inspiración que la cordura.

A veces no entiendes que necesite perderte para quererte un poco. Si estoy cabizbajo no es por odio ni por miedo, sino por melancolía. Melancolía que conecta sueños y realidad, y que por tanto agradezco. Espero que estés disfrutando la tregua que te di, pero volveré a retomar el pulso, y espero caer en los mismos errores, porque en la realidad finita no te puedes escapar, no eres un sueño.



9 de julio de 2010

Somnusfago


Noto como a cada paso que doy se enciende una nueva estrella, eso me hace sentir más seguro. El camino se puede hacer pesado si miramos atrás, e intento que mis movimientos sean livianos y decididos. De cada una de mis orejas cuelgan mis inseparables auriculares, que no paran de contarme distintas historias, con las mismas canciones. Supongo que ese es el espíritu de la música. Fuente de inspiración y motivación, que nos recuerda los pensamientos que no queremos que nos abandonen. A decir verdad no la necesito, pero me acostumbré a ella.


En noches como esta es conveniente respirar hondo y abrir mínimamente los ojos para captar un poco de la esencia de lo que nos rodea. Los elementos que condicionan la vida en general, y que a su vez están tan condicionados como nosotros, que somos hijos de nuestro tiempo. Si alguna vez me pierdo, solo os pido que me recordeis lo que estoy a punto de escribir. Cada persona, resultante muy probablemente de puro caos y descontrolado control, se compone de un trozo de materia y un sistema filosófico en torno al cual gira y se desarrolla, estos dos elementos crecen como un vórtice al que se alimenta con basura cósmica. El trozo de materia no es más que el resultado de una combinación irrepetible y casual de reacciones químicas, y el sistema filosófico, si cabe más irrepetible, no es más que el conjunto de vivencias y conclusiones extraidas de éstas, que se apilan de la mejor forma posible para formar el eje invisible sobre el que dar forma a un ser social con sus correspondientes proyectos de vida. Podemos resumir la vida en eso, un conjunto de proyectos, sueños, objetivos, o como querais llamarlo. Es lo que se supone que da sentido a todo lo que hacemos, la meta. Tanto nos concentramos a veces en llegar hasta ella que olvidamos que lo que realmente hace inolvidable una peregrinación no es llegar, sino el camino.

Muchas veces me han tachado de pasota, tranquilo, de tener la sangre demasiado fría... igual es que no me gusta que las prisas me hagan perderme los detalles importantes, que es por lo que al fin y al cabo sigo viviendo. Toda labor, por ardua que sea, tiene su encanto y su magia, llegar a esta conclusión (incomprensible para la mayoría, y seguramente para tí también) es lo que considero mi gran logro en lo que llevo de vida, y la causa de casi todos mis éxitos y fracasos. Me dijo una vez una chica que el tiempo realmente no existe, solo tenemos constancia del presente, que cuando muere pasa a dejar de existir (pasado), y siempre nos quedará la imaginación para encajar el resto de piezas (futuro). No puede haber maldad en quien se aleja de las vanalidades, porque pasa a ser uno con el mundo, y se da cuenta realmente de que éste no es más que el conjunto de circunstancias que favorecen su potencial crecimiento, para la consecución de sus proyectos.


Morir. Si la vida es un conjunto de proyectos, morir debe ser su antítesis y la anulación de estos últimos según un simple sistema binomial. Tenemos miedo a morir cuando pensamos en los proyectos que quedarán inconclusos, pero si la vida es una sucesión de proyectos y la muerte es ciertamente obligada, inevitablemente quedarán proyectos por concluir, con lo que, no existiendo el tiempo y habiendo solo presente, resulta exactamente igual morir ahora que en unos años. Es igual de digno. Saborea tus sueños, y si puedes, cumplelos, si no, cumple otros. No te rindas. Mira siempre hacia delante. Arriesga para alimentar tu sistema filosófico y, en menor medida, tu materia. Creo que a cada paso que doy se muere una antigua estrella, y eso es realmente emocionante.


19 de junio de 2010

Hervidero de momentos

Es curioso que haya sido tan feliz en el último sitio en el que quería acabar hace solo un año. Se va acabando esto y es hora de echar cerrojos para guardar con llave momentos inolvidables que he vivido este año, y lo más importante, las gentes que han estado en ellos. Nunca soñé aprender tanto en tan poco tiempo, ni de tanto, ni mucho menos vivir tanto y tan intensamente. No he tenido respiro, pero mi vida no podría haber sido más rica, y no cambio esta experiencia por nada del mundo. Esto es la universidad.

Prisas, pereza, adrenalina, risas, desorientación, seguridad, conocimientos, sonrisas, carreras bajo la lluvia, abrazos, miradas, sacrificio, locuras, improvisación, sinceridad... vida. He compartido todo lo que pude y más, y lo han compartido conmigo. Llegué en septiembre acompañado de dos amigos, y desde el primer día hice otras dos que creo que serán importantes en mi vida, el septiembre de rememorar mis momentos. A medida que el tiempo tiraba de mi cuerpo tiraba también de muchas personas más que venían hacia mi vida sin razón aparente, y empecé a vivir experiencias que, después de todo, no eran tan imposibles e ilógicas. Dejarme llevar fue la clave. No se si entregué mi corazón tres o cuatro veces, pero fueron pocas comparado con lo que tenía guardado, fue quizás demasiado intenso para alguien tan pequeño como yo. Noches en vela, madrugones, sonrisas furtivas, risas, sobre todo risas y cariño. También malos rollos y borderías, pero es inevitable para mantener un equilibrio. Supe proteger a los que merecían la pena, espero seguir haciéndolo. También me enganché al deporte, mi nuevo gran amor, descubrí el arte de la investigación y seguí escribiendo, escribiendo a todas horas y en todos los lugares físicos y abstractos, hasta tal punto que ahora veo imposible que algún día pueda dejar de hacerlo. Ahora me deleito con los nervios que ponen a flor de piel lo más interno de la personalidad de cada uno, y disfruto de los últimos abrazos, risas, prisas, adrenalina, abrazos, sacrificio, locura... Disfruto de lo que soy, y de lo que tengo. De mi fortuna por haber vivido todo esto, que quedará siempre.

17 de junio de 2010

Inmutable


E
sto no es lo primero que te escribo, ni será lo último. Seguro que no es lo más triste, y puede que no sea lo más alegre, pero después de todo me alegro de que estés ahí en esos pocos momentos, que son insuficientemente suficientes. Te veo a lo lejos y finjo ceguera, pero la luz se hace poco a poco cuando veo de refilón que te acercas. Hago un esfuerzo para que la sonrisa no me delate y de todas las palabras que flotan a nuestro alrededor y que nunca serán dichas elijo las más banales. Creo que gesticulo demasiado ahora mismo, y no sé si mirarte a los ojos o a los labios, que es todo lo que me permite ahora mi campo de visión. Pronunciamos la última palabra, y quien ríe el último ríe mejor, no recuerdo la conversación, pero si miro al suelo puedo ver perfectamente como mis pies flotan por encima de todos.

Lo genial de que algo pueda ser, no sea, y nunca será, es que no hay nada que lo pueda estropear, queda solo la perfección de lo que no fue corrompido, y alguna mirada que de vez en cuando te roba alguna sonrisa, y tiempos de espera, y tiempos de reconciliación. El va y ven de la vida. Queda lo impoluto de tu imaginación. El preludio eterno de toda una historia. Queda el quizás, el ¿y si?, y las decepciones cada cierto tiempo. Pero lo más importante, es que quedamos tú, yo, y las reglas no escritas que un día fijamos sin darnos cuenta.




Reconozco que soy una persona difícil, quien quiera ser algo en mi vida tiene que remangarse y tener paciencia, atar bien los cabos y saber un poco de magia para los momentos duros. No me rindo fácilmente, pero sé reconocer cuando debo apartarme. Si algo merece la pena no lo dejaré escapar, aunque he perdido mucho por esto. Seguiré cosiendo las costuras de las palabras que deban volar a nuestro alrededor, y las guardaré cuando sea necesario. Hoy me siento ligero, y sentado en esta escalera siento que nada podría ir mejor, ni peor. Soy a ratos tu peor pesadilla o el protagonista de tus mejores sueños. Brindemos por la esencia de lo que nunca será, por aquello prohibido, y por lo bien que estamos así. Hasta la próxima.

12 de junio de 2010

Trepanado

Siempre pensé que el último pensamiento que tendré en vida será una soberana estupidez, y lo mantengo, sería descortés conmigo mismo romper en el último segundo la tónica de toda una vida. No es necesario que finjas, soy consciente de que una de cada tres personas de las que ahora mismo están leyendo esto disfrutarían inconscientemente con mi desgracia, y otra de las tres ni si quiera me ha llegado a conocer en persona. Espero no importunarte si te ruego un segundo para que mis dedos cojan aire. Empecemos.

Mi interés por las cosas se disipa en el momento en que demuestran que no tienen potencial de rebasar las espectativas que mi imaginación les otorgó con tanta delicadeza. Sigo siendo el mismo loco de la adrenalina y amante de los retos, aquel que, no sabes por qué, pero intuyes que un día despertarás y ya no estará, habrá volado lejos. Al que recurres para coser los descosidos de tu vida, le das las gracias y sigues adelante una vez ha arreglado todo lo que estropeaste. Ese hombro en el que llorar. Ese seguro de amistad que puede ser anulado en cualquier momento con un movimiento de labios. Flotar por las horas. No compitas contra mí, no lograrás impresionarme. Y tú no lograrás llamar mi atención con argucias, solo te pido un poco de espontaneidad y alguna que otra sonrisa. Estoy cómodo siendo quien soy, así que el cambio no existe como opción, si no estás de acuerdo, hay más personas a las que engañar, yo he conocido demasiadas.

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