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14 de mayo de 2011

Simetrías

Arrasa el tiempo. Cruel y paradójico arrastra a su paso todos los momentos que tanto nos ha costado encontrar. Nos da la opción de recordar unos cuantos con suerte, y sigue su camino. Nos obliga a seguir el nuestro, o a abandonarlo si no estamos conformes con lo que nos ha impuesto. Hay días en que el viento sopla y todo se vuelve más suave, más gris, más lento. Abrimos nuestro viejo baúl y revisamos todo lo que hemos reunido en estos largos años. Bailes, fobias, inquietudes, papeles, opiniones, tierra, esperas, amigos, lecciones. Otros días no somos nosotros los que decidimos sacar los recuerdos, sino que nos damos de bruces contra ellos. Con un mínimo gesto, olor, o imagen se despiertan y escarban con sus ya desfasadas uñas para salir de la cárcel de alquitrán y cadáveres en los que los vamos encerrando. Llegas a plantearte cómo es posible que casi hayas olvidado lo que algún día era para ti lo más importante, y te preguntas si lo que tienes ahora es más valioso.

Ser valiente es asumir que todos los momentos desaparecen conforme los quemamos, que cada momento es único, y no importa desperdiciarlo con tal de hacerlo nuestro. Yo no sé si soy feliz o infeliz, pero sí estoy prácticamente seguro de que mi sistema de vida y de pensamiento es el que yo quiero, y cada día soy más yo.



Si hoy tuviese que escribirme una carta a mí yo de hace 12 años, empezaría dándome la mala noticia de que finalmente el tiempo pasa para mí también, pero le tranquilizaría saber que no he renunciado a lo que en el fondo era pese a los intentos que han llegado a hacer para ello, y que el día que me mantengo firme compensa a los tres en los que titubeo. Siempre me han agobiado los conflictos, y he interiorizado lo que me hacía daño, para que me comiese por dentro y no por fuera. Hace poco me di cuenta de que sigo haciéndolo y de lo mucho que me queda por madurar para disfrutar realmente de lo que tengo. Cada vez escondo menos lo que pienso en metáforas y grandilocuencia. Todos nos queremos abrir al mundo y eliminar las dobleces que tanto nos complican la vida, pero Roma no se hizo en un día, ni en dos.

Todo lo que son algunos y lo poco que enseñan. Envidian el valor de otros para mostrar tanto cuando no tienen nada. Y al final son los momentos los que nos recuerdan lo que somos. Un guiño inocente cuando desconfiábamos de la bondad, un ‘’te necesito’’ cuando nos sentíamos desligados de todo, una musa cuando habíamos olvidado la belleza y sus labios cuando no recordábamos el deseo, un momento de sosiego en un día frenético. Nuestra capacidad de olvidar, y de aprender de lo olvidado, de seguir creyendo cuando todo está perdido y de sonreír cuando encontramos la luz que buscábamos a tientas. La vida son momentos.


6 de mayo de 2011

Ciclos

La armonía y seguridad de un gran plan dura lo que tardamos en intentar ponerlo en práctica. A medida que avanzamos vamos resignándonos a asumir que las grandes cosas vienen cuando no las buscamos, y que detrás de cada gran cosa hay al menos una decadente. Y luego se apaga la luz, olvidamos quién somos, nos preguntamos qué falla y en qué debemos cambiar. Por último llega el momento en que caemos en la cuenta de que somos como somos, guste o no, y que estamos orgullosos de ser lo que nos sale, de dejarnos llevar. Y vuelve a empezar el ciclo.

Es mucho más fácil engancharse a algo que sacarlo de nuestra vida. Nos sumergimos ante el más mínimo atisbo de luz en busca de alguna dosis de cambio, nos implicamos en la causa y entregamos todo lo que nos atrevemos. El pecho brinca acelerado y somos capaces de volar. Un buen día despertamos y todo ha dejado de tener tanta importancia, para todos menos para nosotros, sentimos que nos hemos quedado atrás y hacemos nuestro propio luto. El pecho se llena de alquitrán y pesa, y nos arrastra con él. Todo alrededor se mantiene indiferente hasta que algo nos vuelve a rescatar, volvemos a sentirnos cómodos con la vida y la vida nos lo agradece. Livianos. Dos párrafos para decir lo mismo con distintas palabras, y para llegar a la conclusión de que los mejores momentos son en los que no titubeamos ante la vida, y estamos seguros de nosotros mismos, y que quizás no todo lo que nos pasa es por culpa del resto. Si no dudas de lo que eres no habrá mil dudas que importen más. Parece absurdo decir todo esto, pero es que no siempre es tan fácil ser tú mismo sin que intenten impedírtelo.

Y pensar que todo es tan simple que un par de sonrisas compenetradas disipan todos los problemas que existen... Benditos momentos.




24 de abril de 2011

Colores

Cada final supone un comienzo… yo no creo que sea del todo así. Cuando te caes necesitas un momento de reflexión previo a la recuperación para analizar la caída, el momento de reflexión lo puedes hacer desde el suelo, o en pie, si has preferido levantarte deprisa para que no se rían de ti por estar en el suelo. La vida no es más que un número limitado de ciclos, así que las caídas están aseguradas, y lo normal es levantarse tarde o temprano, pero la etapa intermedia es la que para mi determina la pauta de actuación ante futuras situaciones similares. Aprendemos de nuestros errores.


Y es que nunca es tarde para rescatar algo que creías perdido, yo lo estoy haciendo con el mes de Abril, al que ya daba por robado como el de Sabina. Lo que somos está muy arraigado en nosotros, y aunque por un tiempo lo olvidemos en cualquier rincón, araña las paredes para acabar saliendo como el enterrado en vida lo hace con su ataúd, solo que con más suerte. No podemos huir de lo que somos. Yo por ejemplo he ido poco a poco entendiendo que nunca superaría el desconcierto que me provoca la muerte si seguía planteándomela, así es como funcionan las cosas. Con estrategias de supervivencia.


Para gustos, colores. Hoy en día sobrevive casi todo el mundo y envejece sin mayores problemas siguiendo una serie de pautas. Nos ocultan el trabajo sucio y nos lo dejan todo preparado y envasado para que sigamos linealmente y sin desviarnos una vida sin fluctuaciones. Pero aparte de eso cada persona ha ido diseñando su estrategia de supervivencia ante el mundo. Son conscientes de que se pasan los segundos y lo aceptan, huyen del dolor para vivir dignamente y ríen cuanto pueden. Se aman entre ellos y algunos incluso a ellos mismos, crean un sistema de vida y lo transmiten a las personas que parecen merecerlo. Están ahí y lo saben, no se lo acaban de creer pero disimulan como si existir fuese lo más normal del mundo. Fluyen, comparten, esperan que los amigos a los que tan bien tratan no les dañen, y si les dañan ellos dañan a otros para protegerse. Personalidades. Es una teoría fácil decir que todos nos escondemos, y es que no tenemos que mirarnos a nosotros mismos para saber que somos débiles, y si extrapolamos la situación a una especie entera nos quedamos con una gigantesca masa de personas aterradas que se apoyan unas a otras, y si no tienes apoyo no tienes nada en este mundo. Creen en la felicidad y luchan por ella, quieren dejar huella con grandes logros y al final la dejan inconscientemente con actos que creen mundanos. Son geniales, lo somos.


Geniales y relativamente libres. Para demostrarlo le concedemos los caprichos a nuestra parte más esencial: corremos sin motivo hacia ningún sitio para dejar atrás algo inespecífico, nos rapamos, respiramos hondo, regalamos alguna sonrisa altruista y nos sentimos diminutos mirando las estrellas. Tan auténticos nos sentimos en esos momentos que cualquier mentira nos destroza, repele, y devuelve a la tierra. La verdad es que odio toda esa metodología motivacional que se basa en canciones lentas, fotos de corazones y mensajes de esperanza y fe, siempre me gustó más lo que se esconde en lo sutil. La oscuridad de la noche resguardando de nuestros ojos lo que está, y dejando ver lo que a ella se le antoja que creamos que está. Perspectivas. Nos gusta lo nuevo y le tenemos cariño a lo viejo. Asumimos que el tiempo nos cambiará pero miramos esa idea con recelo y duda. No sabemos a dónde nos llevará la vida, así que de momento solo tenemos el control de nuestros actos. Nunca acabamos de ser lo que queremos ser, y eso es una buena excusa para seguir adelante.


18 de abril de 2011

``La inconcebible naturaleza de la naturaleza´´



Tienen miedo. Están confundidos. Pasos, hojas secas, carcajadas vacías, la dirección marcada por el viento, imitaciones, galanterías. Habla rápido, repítete, di lo que todos esperan de ti, corre, no pienses demasiado, mejora en lo que te digan, cumple las expectativas, véndeles que eres feliz, el objetivo es escalar. No tienes tiempo para pararte a pensar en cada detalle que te pudiera interesar, al fin y al cabo ellos ya te han encargado bastantes de sus asuntos para que te preocupes por ellos. Huye del bosque, busca un claro, sigue el camino de las pisadas, ignora la belleza que puedas encontrar en el camino (pues puede ser engañosa), busca la seguridad, intenta vivir en sociedad a cualquier precio y nunca, nunca, te pares. Actúa. No necesitas plantearte la vida para dominarla… ¿o sí?

Esto va así, no te descubro nada nuevo si te recuerdo que cada átomo de tu ser lleva existiendo desde el principio de los tiempos, y que una inesperada conjunción de moléculas dio origen al ser aleatorio al que llamas ‘’yo’’, y que eso te hace único unido a que tus circunstancias vitales (aunque parecidas a tantas otras) son exclusivas. Tu vida ha estado dominada por varios ciclos, probablemente en alguno de ellos has aprendido que poca utilidad pragmática tiene pensar por ti mismo cuando el mundo que te rodea ha ido proporcionándot
e pautas de actuación casi automáticas desde que tienes uso de razón, además habrás observado que si tú te paras a plantearte algo, o simplemente a pensar, los que van contigo siguen andando y avanzando en el camino que tienen marcado, lo que te lleva a quedarte solo. Y tú no estás preparado para la soledad. La soledad no estaba dentro de las pautas que te han dado durante todos estos años. Te han enseñado a buscar a alguien y apoyarte en él, basar tu vida (circunstancialmente o no) en conseguir que tus interacciones sociales sean óptimas y no enfrentarte a la soledad. Que en el día de tu muerte solo recordases sonrisas, da igual lo que las motivase. Somos animales de costumbres, y tenemos una gran capacidad de adaptación al medio, las consecuencias saltan a la vista.



Todo está a tu favor en el universo del que formas parte, y seguirás formando tras tu muerte, para vivir tu vida (aleatoria y casual) de la forma en que convengas contigo mismo, tras planteártelo, que quieres vivirla. Pero, ¿en serio te has preguntado alguna vez cómo quieres vivir, sin que influya lo que otros han opinado? Por si no fuera suficiente con un medio físico que facilita tu evolución como ser vivo, hay una infinidad de estímulos a los que, muy a nuestro pesar, nos hemos hecho tolerantes y apenas nos afectan. Cada vez tenemos menos capacidad para ver más allá, y la vida se consume.

Varias veces a lo largo de mi camino me he perdido en ese oscuro bosque por pararme demasiado, he tenido miedo, me he sentido confuso. Me han hecho creer que no merecía la pena intentar conocerme a mí mismo. Recuerdo (metafóricamente, por supuesto) haberme detenido a observar una blanca flor que crecía en medio del bosque, en un árbol deshojado y seco, no para observar su belleza, sino para plantearme la posible paradoja. Cuando levanté la cabeza no quedaba nadie cerca. Eché a correr como me enseñaron, sin atender a detalles y huyendo de estímulos, huyendo de lo nuevo, así siempre volvía a encontrar el camino que me marcaron, el que seguían todos, el de los claros de luz, de seguridad, donde los detalles vuelan y el tiempo pasa más deprisa y siempre de la misma forma. Sin embargo aprendí algo en esas internadas en el bosque, aprendí a aprender de mí, y volveré a internarme en él una y cuantas veces sean necesarias cuando olvide lo que soy, y todo lo que he aprendido. Aunque a veces pueda esconder lo que me hace único dentro de la normalidad que se me exige, nunca me he ido, llevo aquí desde el principio de los tiempos, y aquí seguiré.



30 de diciembre de 2010

¿Qué es el alma? Parte III. Un día en mi Alejandría (V)


Otra vez el insolente zumbido de la trompeta azul a lo lejos se atreve a despertarme, tenemos visita. Mientras recupero poco a poco la visión las borrosas manchas azules y blancas se convierten en un bello paisaje, que aun doliéndome la cabeza logro apreciar como uno de esos para los que merecería la pena el noble y aún oculto arte de parar el tiempo. Una estampida de gotas de rocío se deslizan sobre unas anchas hojas azuladas, como si el lago al pie del cual descansamos fuese el epicentro de su existencia y compitiesen por precipitar en él. La luz del sol se refleja en el agua e ilumina este claro, donde todo parece puro, incluido el cuerpo que yace dormido a mi lado. Reconozco que aún tiemblo un poco al contemplar esos carnosos labios, su piel nevada y su curvilínea desnudez. No la despertaré, tengo que irme, en estas circunstancias lo normal sería deportarla para que lo pasado esta noche no salga a la luz, pero ella me gusta especialmente, podría planteármela como mi nueva asistenta personal, ya que Dulia está muy entrada en años. En todo caso luego la mandaré traer a mis aposentos para decidirme, ahora debo salir corriendo, me estarán buscando.

Una vez vestido y en los jardines de palacio trepo hasta el balcón de mi alcoba, donde Dulia me espera para abrirme. Me mira con desaprobación y escucho palabras sueltas, de las que deduzco que mi esposa me está buscando por los alrededores y que tengo que recibir a un visitante, pero mis ojos están clavados mientras tanto en su pícara sonrisa aderezada con algunas arrugar, y en sus senos aún duros a pesar de la edad, que esté en pie junto a mi cama no es más que una provocación del diablo para hacerme pecar de nuevo. Casi sin darme cuenta agarro su cintura y la acerco a mí. Los de fuera pueden esperar un rato más. Le ordeno que se quite la ropa y empieza por las tirantas del uniforme, me encanta esta chica.

Mi viejo amigo me deja en la puerta de palacio, y después de una pequeña charla con los guardias me abren la puerta. La puerta de los recuerdos, se podría decir, varios años han pasado desde que salí por esta misma puerta con poco más que una navaja y un par de paños para combatir el frío (paños que más tarde habría de empeñar). El gran recibidor que antes recogía retratos de mi familia, ahora está atestado de cuadros de comidas y cacerías con mi hermano gemelo siempre en primer plano, la gula era el último pecado capital que me faltaba por ver hoy. Rápidamente se ha corrido la voz de mi vuelta al reino, hace unos minutos se me ha acercado un desdichado hombre suplicándome que le diese algo que fortuitamente había acabado en mi bolsón, y un poco antes un escritor venido a menos ha venido a pedirme que le contase la historia de mi viaje, para servirle de inspiración. Al menos el guardián del portón sigue transmitiendo la calidez de siempre.

En realidad mi vida no habría sido nada del otro mundo si no fuese por mi sangre real. Crecí junto a mi hermano en palacio, con nuestras escapadas al pueblo y una desbordante imaginación que hacía de un mundo nuevo una simple cueva del acantilado. Lo hacíamos todo juntos, éramos como una sola persona, hasta que nos comunicaron que el rey de Alejandría sería el mayor de los dos (yo). La verdad es que no comprendíamos muy bien la magnitud de la situación, pero nos trastocó que por una vez las condiciones de ambos no fuesen las mismas. Comenzamos a distanciarnos. Yo pasaba las horas con mi instructora y leyendo en la biblioteca de palacio, mientras él seguía con las escapadas, que con el tiempo se tornaron a engaños, llevaba una vida desordenada y de excesos. Con los años llegó mi proclamación como rey y renuncié a tornar su pereza en algo de provecho. Así transcurrió el tiempo hasta que una noche llegó algo que rompería todos los esquemas. Me enamoré de una joven que ayudaba a su madre a arrastrar una carretilla a orillas del Nilo. Juro que en sus ojos el mismísimo faro de Alejandría iluminaba a todos los hombres que se hallasen cerca, y que la madera de la carretilla florecía al ser tocadas por la piel de seda que la guardaba del frío. No sé si por miedo o emoción, salí corriendo de allí lo más rápido que pude. Le pedí a mi hermano que me sustituyese, borré mis huellas, tiré de mi sombra, y salí esa misma madrugada en su búsqueda. En los años que estuve buscándola aprendí casi todo lo que sé, de las estrellas, de los prados, los bosques, fugacidad, y sobre todo de añoranza. Muchas cicatrices, un semblante más serio, y una sonrisa sincera es el legado que me dejó su amor, que ni existió. Renuncié a todo por ella, incluso a ella. La logré encontrar una mañana de Junio en un poblado judío a los pies de un montículo de arena y grava. Estaba casada con un labrador y tenía un hijo mulato de unos meses. Pasé subido al montículo tres noches y dos días deshaciéndome de lágrimas y propósitos. Unos días después mientras viajaba a la deriva me hablaron de un antiguo reino en decadencia, cuyo rey desatendía sus necesidades. La historia y el sonido de la harmónica que la acompañaba me hicieron recordar que alguna vez tuve algo a lo que aferrarme, algo que permanecería ahí cuando pasasen calentones y locuras de amor., falsos faros y cantos de estrellas y lobos solitarios. Y decidí volver, sin nada que perder, y con todo que ganar.

He llegado a donde me espera mi hermano, con su mujer al lado. Mirarle es como mirar un espejo roto, pero soy consciente de que yo no tengo esa mirada de estar viendo un fantasma, ni ese color tan sano en la piel. Tenemos mucho de lo que hablar, pero ahora mismo siento que un vacío se me está llenando, como si cuando estamos los dos cerca nos complementásemos, formásemos una sola persona, como si el alma no fuese más que la esencia de algo superior, que se forma al unir las partes de una persona y relacionarlas, como si todo fuese uno. Como si un gran reino reuniese a gente tan distinta que no puedan existir los unos sin los otros, y que pudiesen perfectamente entre todos constituir una sola personalidad. El alma sería entonces la complejidad del ser y su complementariedad, y este reino es para mí el único ser.


12 de enero de 2010

¿Qué es el alma? Parte II


-¿Qué es el alma, Javi?

-Para mí es energía, la energía que nos hace funcionar, la que tenemos dentro. Todo lo que hacemos, pensamos, sentimos, todo son una serie de impulsos eléctricos que al morir dejan de interconectarse para mantenernos en pie. ¿Sabes por qué se dice Jesús cuando alguien estornuda? Antiguamente se creía que al estornudar el alma salía al exterior, y había que invocar a Jesús para que volviese a nosotros.


¿Energía? Interesante, el alma es lo que hace que suspiremos según muchos, el asunto a tratar es: ¿muere con nosotros? Nada se pierde en esta vida, se recicla y transforma. Cuando morimos nuestra materia se descompone y pasa a otros cuerpos, estos cuerpos pueden generar vida o no. La energía se disipa y almacena en otro espacio. Si el alma es la energía que nos hace existir, nuestra alma es un reciclado de anteriores almas, igual que nuestro cuerpo, y por alguna razón se han conjugado energía y materia para crear una unidad estructural compleja con millones de mecanismos y engranajes, de los que si falla uno se derrumba el conjunto.


El budismo, que defiende la equidad y dignidad humana por encima de todo, también mantiene que existe la reencarnación, situación que se puede confirmar desde este punto de vista, es más, lo que existe es la reencarnación múltiple, la energía y la materia se dividen para contribuir a formar parte de distintos entes, materiales e inmateriales. Pero ¡eh!, ¿es el alma material? dicen que al morir perdemos 21 gramos y que éstos pueden corresponder al alma, esto se dedujo a partir de un experimento de principios del siglo XX en el que un científico pesó a pacientes terminales y comprobó que perdían 21 gramos en el preciso instante de morir, sin duda un caramelo en la boca de los religiosos. Estudios posteriores defienden que ésto no fue más que fruto de un experimento impreciso y mal hecho, al morir la actividad eléctrica y química de nuestro sistema nervioso deja de funcionar y perdemos la capacidad de ser como un todo. Primero se va la energía, y luego la materia se ve obligada a terminar con ese juego, de momento. Watson, nobel que muchos de vosotros conoceréis sobre todo por la estructura de la doble hélice de ADN dedicó 50 años de su vida a buscarle una explicación científica y empírica al alma, alejándose por tanto de lo abstracto. Seguiré intentando recopilar datos someros y claros que nos ayuden a andar con más luz en éste camino, hasta entonces os dejo con este documental que espero os resulte interesante.




12 de diciembre de 2009

La muerte y la física


Salmo 12
¿Hasta cuando, Señor, seguirás olvidándome?
¿Hasta cuando me esconderás tu rostro?
¿Hasta cuando he de estar preocupado,
con el corazón apenado todo el día?
¿Hasta cuando va a triunfar mi enemigo?

Atiende y respóndeme, Señor, Dios mío;

da luz a mis ojos
para que no me duerma en la muerte,
para que no diga mi enemigo: "le he podido",
ni se alegre mi adversario de mi fracaso.

Porque yo confío en tu misericordia:
alegra mi corazón con tu auxilio,

y cantaré al Señor por el bien qu
e me ha hecho.




¿Q caraj
o hago aquí?, ¿y qué soy yo? El tiempo no perdona. Cualquier momento puede ser el último. Ha pasado tanto tiempo ya... he olvidado tantas cosas... tengo miedo, tiemblo, pero seguiré escribiendo.

Una montaña de papeles se sitúa amenazante ante mí y todo es gris, gris como yo. Nadie a mi alrededor. Mejor, porque últimamente solo se acercan a mí para zancadillearme. Si mi vida es un cuento esta debe ser la parte en que reposo para lograr una increíble hazaña en cualquier momento. Pero después de tantos años, no parece que vaya a pasar nada. Esta situación me recuerda a la de hace unos cuatro años, pero
ahora sé mantenerme firme, tanto me recuerda que hasta vuelvo a marearme en ocasiones y a perder toda mi energía. Todo se vuelve azul y yo rezo
para que cuando todo se clarifique el mundo siga estando ahí, para tener otra oportunidad. La montaña de papeles sigue aquí, esa pila de cadáveres que me hace pensar cuánto vale una vida para arrebatarlas a nuestro antojo, seguramente dependa del euribor.

Estoy cansado, no sé exactamente de qué pero lo estoy, y mucho. Sigo a trompicones buscando algún p
atio con pintadas en el suelo y una fuente de la que beber. Todos mis sueños... ya ni lo son. Todo mi ser... todos mis ideales... está todo dormido. Ahí fuera me siguen bombardeando pero cada vez lo noto menos. Pertenezco a una especie rebelde y solitaria por naturaleza. De un modo esquemático, hace ya muchos años evitamos el contacto con el resto de animales, solo para cazarlos y engullir su vida, adoptamos una posición bípeda para la que no estábamos anatómicamente preparados, ni lo seguimos estando del todo. Una serie de fortuitos descubrimientos y alguna que otra habilidad nos hizo creernos los reyes de la Tierra. Podemos destruir todo cuanto queramos, ese es nuestro poder.

Suspira mientras te desan
gras, no pasa nada, en unos segundos morirás pero eres cristiano y Dios te salvará. Te cogerá de la mano y se llevará tu ser a otro lugar mejor, que no es físico, por lo que parece difícil estar en él, es más, no podrás ver el sitio, ni oír la voz de Dios, ni tocar realmente su mano, ni averiguar a qué huelen las nubes en las que te imaginas el paraíso. Pero no hay problema, porque tu ser seguirá existiendo de un modo metafísico, eso si obviamos el hecho de que lo que hace a tu ser es el sistema nervioso donde se localiza el cerebro y que controla absolutamente todo lo que sientes, y que al morir dejará de funcionar, perdiéndose todo lo que eres entre las voraces mandíbulas de los gusanos que se lo coman. Si quitamos todo eso que se queda en tierra, ¿qué es lo que se supone que va al cielo?. Pero es igual, tú dedícate a sonreír mientras por tu boca rezuman tus últimas bocanadas de vida, al fin y al cabo acaba de terminar tu oportunidad. Un placer.

Las personas vivimos de los sueños, y cuando los que uno mismo se hace se ven frustrados y no hay nadie ahí fuera que te despierte ninguno se vuelve todo un tanto vacío, todo da igual. Ama cuanto puedas, y hazlo sinceramente, es el único consejo que me queda ya.


Somos golems, titanes, unas bestias sobrenaturales con un sistema de defensa digno de los dioses, todo está montado en nosotros con una precisión de reloj y ni el mejor ingeniero podría diseñar algo igual. Somos entes que por alguna razón están en este lugar, que está lleno de miles de millones de entes que intentan continuamente acabar con nosotros, una infinidad de mecanismos nos defienden cada segundo mientras consumimos los segundos. Cada uno de nosotros podría ser el mejor de entre todos, pero para quitarnos esa responsabilidad hay un sistema a nuestro servicio que se dedica a formarnos para una vida monótona e inconcluente, si un objetivo lógico definido que esté orientado a aprovechar una oportunidad única, nos amuerman y nos vuelven grises. Y nos dejamos creyendo que la decisión es nuestra, el mundo no es como crees, ni como creo, si supieras parte de la verdad que te ocultan probablemente no estarías ahí sentado, pero como ni tú ni yo la sabemos, aquí estamos, de momento. Pero hasta nuestro propio organismo se cansa en algún momento de nosotros tendiendonos trampas mortales. Con la edad los procesos de descalcificación ósea y calcificación de las paredes aórticas parecen acoplarse. Se forman poros en el hueso y el calcio que desprende va a parar a los vasos sanguíneos haciéndolos menos elásticos y por tanto más resistentes al flujo sanguíneo, por lo que el corazón tiene que trabajar mucho más para llevar la misma cantidad de sangre a los tejidos mediante los vasos calcificados, pero todo tiene un límite. El límite suele ser el final del camino.

Todo sigue gris a mi alrededor, desde un cajón que abro sale rodando una alianza plateada con una inscripción que contiene el número 20, no sigo leyendo para no sufrir más de lo necesario, me limito a sonreír. Todo muere, todo se acaba. Todo. Todo tiene su principio, sus fragmentos buenos y los malos, y su fin. Terminar algo significa que al menos lo empezaste. Yo sufro porque estoy bloqueado, no sé qué hacer con la vida en estos momentos, pero sé que algún día todo mejorará, solo tengo que poner algo de mi parte.

Podemos resumir todo lo que he dicho en que la vida es un ciclo, pero llega un punto en el que no hay retroalimentación, yo no estaré siempre ahí para recordarte que vivas, ojalá alguien me lo recordase a mí. Es tan extraño haber sobrevivido tantos años y haber visto tanto como hemos visto... ¿verdad?. Estoy plantándole cara a la muerte en esta etapa de mi vida, es parte de mí y algún día dejará de perturbarme, por el momento seguiré absorbiendo lo que me enseñan los niños en el voluntariado de pediatría, y es que cuanto más nos acercamos al punto final y ''avanzamos'' más nos alejamos de la vida humana como tal. Tranquilo, sigues vivo, por extraño que sea.

28 de noviembre de 2009

El mundo en mis manos



Me subo la capucha, esta túnica me camufla en la noche, y la calle se alimenta únicamente de la tenue luz de alguna farola. Mientras camino sigo con la mirada la trayectoria de mis pies. Mis manos metidas en los bolsillos tiran de la túnica hacia atrás y las rodillas al flexionarse la empujan hacia delante. En aquél portal hay una pareja, el chico le ha dejado a la chica su sudadera para que no pase frío. La miel de la vida, quién la sintiera en su plenitud... paso sin molestarles. La brisa golpea mi rostro, creo que nunca me acostumbraré a esto, conozco de memoria la secuencia de baldosas de esta calle, la circunstancia me obliga a venir a menudo.


Ya se divisa el Guadalquivir. Entre dos coches se deja ver una luz azul en aquel aparcamiento. Se acerca poco a poco y se va dividiendo en dos. Es un gato negro y raquítico de ojos azules, me veo identificado con él. Maulla con un tono cansado y le sostengo entre mis manos. No ofrece resistencia. Lo vuelvo a posar en el suelo y sigo caminando.


Gasolinera en Torneo, algún trabajador madrugador aprovecha que empieza a aparecer la luz en el cielo para repostar. Callejeando un poco encuentro a una chica que grita desesperada. Su hermano ha bebido demasiado y sus amigos han salido huyendo ante la situación, su cara no tiene un color muy sano, demasiado exceso para un cuerpecito como el tuyo. Su hermana apenas se atreve apenas a mirarme. Le abro al chico la mano para coger su teléfono y dárselo a su hermana. En el hospital le dirán lo que tengan que decirle. Con trabajo me pongo en posición y sigo mi camino.


A dos calles de distancia entro a una cafetería para descansar. A mi lado una mujer de unos 40 años desayuna una tostada de jamón con tomate y come muy deprisa, presumiblemente porque llega tarde a algún lado. Comienza a toser aparatosamente y a llevarse la mano a la garganta, se ahoga. Observo la situación y ante la petición del camarero de alguien que la atienda procedo a golpearle varias veces la espalda. Se acabó el jaleo. Debo irme.

Un rato deambulando me lleva a unas vías de tren que se sitúan en el medio de dos trayectos. Tan temprano y los adolescentes ya despiertos. Tres amigos de unos 16 años charlan animadamente sobre su plan de hoy. Parece ser que se han propuesto cruzar al otro lado de las vías justo algún segundo antes de que pase el tren. Ollen ruido a lo lejos y emprenden la carrera, por mi parte agarro a uno de ellos por el hombro, pero haciendo caso omiso empieza la carrera después que sus amigos, sucede lo que tiene que suceder. Los dos chicos que han logrado cruzar, los mismos que estaban hace unos momentos sedientos de adrenalina, están ahora mirándome atónitos y con el rostro pálido, sus ropas están impregnadas de sangre y de restos de vísceras. Lo lamento por quien tenga que limpiar esto, para ayudarle empujo un ojo con el pie hacia un matorral donde no se vea.


Finalmente llego al hospital, concretamente al área materno-infantil. Suelo ser ignorado por la gente, por eso no me evitan entrar a la zona donde se encuentra los recién nacidos. Cuanta belleza concentrada en esta habitación. Me acerco a un bebé que no para de llorar como un loco, le toco la mejilla con delicadeza y se tranquiliza a la par que cierra lentamente los ojos. Eres lo que más quiere alguna persona, o lo fuiste. Por los pasillos del hospital alcanzo a escuchar la conversación entre una enfermera y un paciente, que acaba con: ''no hay nada que deseara más que ver a mi hija después de tanto tiempo en soledad''. ''No se preocupe señor, la avisaré y estará aquí en menos de un minuto''. Cuando sale la enfermera me cuelo con destreza en la habitación. Me mira con miedo y me suplica algo indescifrable para mí, yo me limito a cogerle la mano y mirarle con Piedad. No siempre salen las cosas como queremos. Reina el silencio, es hora de irse.


A la salida del 'policlínico' diviso a mi lado a un chaval de unos 18 años que mira hacia abajo, en su rostro reina la tristeza aparentemente y está pegado a unos auriculares, de su hombro cuelga un maletín donde guarda sus apuntes y tiene un peinado desaliñado. Al fondo un coche se aproxima a toda velocidad, mucha más de la permitida. Cuando se suma la prisa con la prisa no suele salir nada bueno. Adelanta su pie derecho y yo extiendo mi mano izquierda, pero no llego a tiempo de rozarle. El coche se detiene bruscamente a un centímetro de el chico, y él sigue tranquilamente su camino. Se me escapó, pero algo me dice que volveremos a encontrarnos.


2 de julio de 2009

El gato del tejado

Es muy tarde, tan tarde que la mirada de aquellos que juegan al vivir se extinguió hace ya horas a la espera de resucitar con la primera llamarada de luz que atraviese la cristalera. Estoy aquí parado junto a un gato negro al que he seguido a este tejado, viene aquí cada noche. Una suave ráfaga de viento mece las prendas tendidas y los insectos salen de sus escondites para rendir tributo a las estrellas. Por encima de todo esto hay cielo, estrellas, luna, y negras nubes. Por encima de eso puede estar Dios, o puede no estarlo. Si seguimos subiendo volveremos de nuevo al principio, no hay tiempo en la vida humana para aspirar a tanto. Una luz verde pálida es lo único que se puede apreciar de mi existencia, quién sabe para qué existo ni qué debo hacer, por el momento me dedico a observar pacientemente hasta descubrir el desenlace, presumiblemente decepcionante, de todo esto.

Calle abajo hay aún personas despiertas. Un estudiante que celebra haber cumplido sus aspiraciones alzando una copa en la que se refleja la lúgubre luz de una antigua lámpara. Un anciano que estrena sus mocasines bailando al son de la música de un pianista de sonrisa apagada que sabe que alguien le espera en algún lugar del mundo. Un ejecutivo que fuma un puro mientras contempla con suficiencia todo lo que ha conseguido. Dos personas que hacen el amor en una acogedora cama y se besan con dulzura y suavidad. Una mujer madura que sonríe mientras mira un viejo álbum de fotos.

Sin embargo, desde el tejado al que he llegado solo se divisa una pequeña habitación, y dentro de ella alguien que quisiera ser cualquiera de esas personas, para tener un motivo. Un joven (aunque si llamamos joven a la persona a la que le queda una larga vida por delante se podría dudar de esta afirmación) que, con los ojos enrojecidos, los brazos cruzados y una eterna cara de preocupación está tumbado y mirando al techo. Sus pupilas, ya cansadas de ver, intentan mantener la actividad centelleando y desplazándose en varias direcciones. Está despeinado y solo la parpadeante luz de una pantalla alumbra su rostro. Su sonrisa no existe en estos momentos, ni su mueca de tristeza. Solo esa cara de estúpida preocupación, y quizás de impotencia.

Soy un ángel. O quizás solo soy una luz que se posa junto a un gato negro y embobados miramos estúpidos rostros de preocupación, sin hacer nada. Rostros de preocupación que se han forjado a base de pequeñas preocupaciones que han crecido demasiado sin sentido y sin explicación lógica. Recuerdo, dando por hecho por tanto que tengo capacidad de recordar, las mañanas del ecuador de su infancia, en las que (cansado de ser una carga para todos de los que quería su amistad) se dedicaba a hablarles a las motas de polvo que se apreciaban en los alrededores de su ventana debido a la luz, creyendo que eran hados y estaban ahí para sacarle de la soledad. También recuerdo como le hicieron creer en su infancia que el agua del mar curaba todos los males que pudiesen existir, a lo que él respondía con animadas danzas en su orilla, como agradecimiento. O saltar en los charcos de una tarde gris y lluviosa. O aquella noche en que creyó ver un ovni en la noche y nadie le creyó, pero él sonreía porque sabía que lo había visto. Tardes sentado en un salón y esperando a que pasase algo. Nuevas ilusiones que surgían cada mañana y se apagaban cada noche. Antiguos dolores que cicatrizaban con la rapidez con la que una golondrina bate sus alas. Un día a la sombra de un naranjo buscando formas extravagantes en las nubes.

Con la mirada siempre atenta, actualmente se dedica a aguardar. Aguarda a que vuelvan a intentar atacarle, para atacar el primero de forma implacable. El problema aparece cuando baja las defensas al encontrar a una persona en la que confíe y a la que crea, si en ese caso esa persona resultase una decepción, el dolor sería mucho mayor, una mano de hierro que atravesaría su cuerpo absorbiendo sus energías y desolando sus esperanzas. Aun así aún confía, con la esperanza de encontrar a alguien que signifique una razón para seguir. Tolera su dolor, lo canaliza y lo comprende, también en ocasiones lo menosprecia. Desde aquí se puede observar un pequeño fragmento de un texto que aparece escrito en la pantalla que parpadea a su lado e ilumina su rostro, concluiré citándolo:

…...¿Y no sería desgraciadamente egoísta si por estas razones decidiese coger la cuchilla que tengo a mi lado y deslizarla por las venas de mi mano izquierda?

Antes de hacerlo tendría que plantearme si tengo más motivos que un adolescente que tiene que dejarlo todo y trabajar durante horas explotado y maltratado por todos por estar solo en el mundo para conseguir estudiar y labrarse con un esfuerzo extraordinariamente superior al resto un futuro en el mundo de lobos en que vivimos. También debería pensar si soy más desgraciado que una persona que se queda sola cuando está llegando al ocaso de su vida y no tiene apenas motivaciones para seguir viviendo, o un músico que malvive muy lejos de su familia por haberse visto obligado a separarse de ellos y no tiene a nadie que le diga que todo irá bien. También podría imaginar un hombre que gastada ya gran parte de su vida y habiendo conseguido todas las cosas materiales se da cuenta una buena noche del vacío de su corazón, y de que no ha hecho nada que de verdad valga la pena, y rara vez ha ayudado a alguien, y esta solo con su dinero. No estaría de más mirar desde la perspectiva de dos personas que se han amado durante años, y hasta llegaron a formar una familia, pero un día le diagnosticaron cáncer a la mujer, que no duraría mucho más. Y la madre cuya hija fue asesinada a palos en un descampado una trágica noche, y no pudo ver nunca más un amanecer.

Si el estudiante consigue sobreponerse a las dificultades, el anciano descubre su felicidad en el baile, el pianista mantiene la esperanza en ver a su familia y sigue tocando, el ejecutivo decide empezar una nueva vida mientras mira las estrellas, la pareja disfruta del resto de sus días amándose con locura y la madre decide seguir adelante. Si todos ellos salieron adelante… ¿quién soy yo, o cualquiera, para suicidarme? Sería lo más absurdo, e injusto con ellos.

Frente a la pérdida de mis sueños, mi soledad y mis penas apareció ella. Quizás yo no sea más que Leólo, y ella sea la imaginaria Bianca que canta desde el fondo de mi armario y es la razón de mi existencia aunque sea una mentira. Quizás esté tirándome a un pozo sin fondo en el que solo encuentre dolor y espinas, pero quiero tirarme, merece la pena, si la acabo encontrando…


‘’A ti, la dama, la audaz melancolía, que con grito
solitario hiendes mis carnes
ofreciéndolas al tedio, tú que atormentas mis
noches cuando no sé qué camino de
mi vida tomar. Te he pagado cien veces mi
deuda. De las brasas del ensueño solo
me quedan las cenizas de una sombra de
la mentira que tú misma me habías
obligado a huir y la blanca plenitud no
era como el viejo interludio y sí una
morena de blancos tobillos que me
clavó la pena de un pecho punzante en que creí
y que no me dejó más que el
remordimiento de haber visto nacer la luz sobre mi soledad. E iré a
descansar, con la cabeza entre dos palabras, en el valle de los avasallados.’’

9 de mayo de 2009

La muerte y la metafísica

Os recomiendo que no leáis esta entrada, posiblemente es lo más crudo y real que he escrito...

Hace una semana mi perra Kira alumbró a cuatro cachorros que cabían todos en la palma de una mano. Desde entonces los ha cuidado, protegido, y alimentado.

Sin embargo, uno de los cachorros era más débil. No mamaba, probablemente le fallaba el olfato. A los cinco días sus hermanos eran el doble de grandes que él, y el hambre empezaba a pasarle factura. Sin poder ver aún lo que le rodeaba, se limitaba a llorar buscando a su madre, intentando arrastrarse con sus débiles piernas soltaba alaridos que reflejaban el dolor más intenso. Dejaba de llorar cuando yo le acariciaba, pero al soltarle seguía. Sin querer comer, y vomitando la leche de vaca no metabolizada, iba perdiendo fuerzas, quedándose sin vida. No estaba hecho para un mundo como éste.

Al medio día del jueves llegamos mi hermana y yo a mi casa, y ella subió corriendo a mi habitación. Gritó, el grito fue el más terrorífico y cruel que he escuchado, una niña de diez años estaba llorando desesperadamente al ver algo que no debió ver. El perro había muerto, y su madre se lo estaba comiendo, en el suelo de mi cuarto había un cadáver decapitado. Yo ya lo esperaba, necesitaba nutrientes para seguir alimentando al resto de cachorros, los vivos. Abrí las ventanas y limpié la sangre que había quedado en el suelo.

Un ser vivo que no nació para luchar, no comprendió como sobrevivir, y lloraba, lloraba toda la noche manteniéndome despierto. Gritaba de dolor sin que nadie le pudiese ayudar, ni un veterinario. Su destino era el más cruel y tempranero. Un rato después, me paré a observar como los cachorros mamaban, estaban alimentándose de la vida de su hermano, y a la vez otros organismos se alimentarán de la materia orgánica de los cachorros. La materia fluye continuamente, pero, ¿y lo que no es materia?.

Desnudo en la ducha, me dio por reflexionar. Si antes de existir no éramos nada, obligatoriamente, y dado que la vida fluye, algún día volveremos a ese estado. Pero siguiendo esa norma, si ahora tenemos existencia, podemos volver a tenerla alguna vez. Me gustaría creer en Dios, y entiendo el por qué del invento de la religión. La religión se ha inventado para proporcionarnos la felicidad, para que a nadie se le ocurra tener los pensamientos que rondaron mi cabeza.

Cuando yo era un niño, me fundía en los brazos de mis padres para que me diesen calor, y para sentir su piel protegiendo a la mía. Lo que más temo en la vida es perderlos, no creo que me pudiese recuperar. Siempre quise experimentar el madurar, el crecer, no sabía que eso significa el ir muriendo, que se consuma la vida. Estoy consumiendo mi vida en soledad, probablemente cuando muera no tenga a nadie a mi lado a quien decirle lo último que pensó mi ser. El final.

En la ducha, un pensamiento crudo y real como la vida atravesó mi cabeza como una aguja afilada. Ante ese pensamiento, se me cayó el teléfono de la ducha y me quedé un rato mirando al vacío. No quiero morir. El cachorro murió demasiado joven, no tuvo tiempo de disfrutar de las cosas que valen en la vida, ni de desarrollar su existencia. Supongamos que, con suerte, viviré unos 60 años, viviré en una parte del mundo y en un momento de la historia que no he elegido, y no podré disfrutar de otro. En esos 60 años habré acumulado millones de sentimientos, historias, se habrá forjado mi persona. Supongamos ahora que cuando tenga esos 60 años, pierda las ganas de vivir y de comer, y que llore a todas horas esperando mi destino. Cuando acabe muriendo y cierre por última vez los ojos, mi cuerpo poco a poco se descompondrá y ya no gozaré de los sentidos, todas las cicatrices de mi cuerpo ya no importarán, ni los deseos ni odios que despertó. Independientemente de la existencia, viene aquí el gran drama, la esencia que se deriva de ella. Cuando vaya a morir, se acabará toda mi persona, no existirán mis pensamientos, mis dudas, mis penas, mis alegrías... todo lo que he cosechado en la vida caerá por un precipicio y no quedará nada, o ni eso. Dentro de los miles de millones de años que han existido y existirán, nos ha tocado vivir un período de 14 a 90 años como mucho, en el que nuestra responsabilidad es disfrutar al máximo de la vida, y estar con las personas a las que de verdad queremos. Solo viviremos eso, no tendremos más oportunidad y una vez acabado esto habrá lo mismo que antes de que naciéramos, osea, que todo se acabará y no existiremos, lo que somos solo será unos cuantos años más, luego seguirán viviendo otros, pero ya no habrá nada relacionado con nuestra esencia. Lo que somos se perderá en un vacío y lo que existimos pasará a otros organismos. Lo peor es que no seguiremos pensando. Creo que la gente no es realmente consciente de la dimensidad de esta cuestión, que es la más dramática, no se da cuenta, no reflexiona. Tenemos un tiempo limitado para hacer algo o no hacerlo. Creo que no debo contar otras cosas que pensé, por aprecio a los que han seguido leyendo, no quiero que malgasten su tiempo pensando cosas tan horribles.

Cuando salí de la ducha, aún desnudo, me pregunté qué soy yo exactamente, el por qué soy, y qué hago rodeado de tanta maravilla. Sea como sea, soy ese algo por algún motivo, y necesito algo para orientar el poco tiempo que me queda, y seguir viviendo. Al día siguiente, en la estación de autobuses vi un anciano rodeado de gente y tirado en el suelo y al que no paraba de sangrarle la nariz, y luego en el autobús se acercó a mi un chiquillo a demostrarme que acababa de aprender a andar, con una amplia sonrisa. A partir de estos dos datos tuve más claro aún cómo quiero orientar mi existencia, o lo que queda de ella.


Ojalá existan el cielo o el infierno...


25 de abril de 2009

Paréntesis antes del infierno. Soñad.

Son las nueve de la mañana y no se qué escribir...

Puede ser porque tengo la cabeza llena de información inútil en su mayoría, o porque llevo unos 2 meses sin dormir más de 7 horas. Tengo la sensación de que en los próximos días/semanas voy a perder cosas muy importantes de mi vida, y quizás tenga la tentación de abandonar toda lucha. A decir verdad, creo en mí mismo a ratos, y dudo de todo.

Todo eso tiene una explicación, no estoy acostumbrado a esta vida que estoy llevando. Me da asco. El otro día me sorprendí a mí mismo recordando una idea (no es mía, por supuesto) que hasta hace poco menos de un año era la base de mi ideología: no somos nada ni nadie, lo que podamos conseguir no significa nada y no importa, no altera nada en el mundo, que es un sistema diseñado para entretenernos hasta la muerte para que no molestemos demasiado, mientras tanto hacen con nuestras miserables vidas lo que quieren.

¿Por qué olvidé esta idea? me puse a pensar y llegué a la conclusión de que si antes estaba dentro del sistema, ahora estoy metido de lleno. Resulta que en toda mi vida he sido una persona desmotivada y pasota, hasta que me di cuenta de que quería algo, que llamaba mi atención. Después llegó la opresión ilógica sobre mí. La cosa es así actualmente (en el futuro será peor, somos una especie degenerativa): Si tienes dinero, no hay que preocuparse porque lo conseguirás, ese ejemplo lo tengo cerca mía...demasiado cerca; Si no tienes dinero te verás expuesto a una ruleta rusa de estupidez. Resulta que los preparadísimos legisladores de la educación, preparadísimos según ellos para decidir la vida de millones de futuros trabajadores grises, han configurado un sistema educativo en el que el objetivo de alguien que quiera estudiar medicina, biotecnología, enfermería... se base en unos números abstractos que no significan nada y dependen de distintos factores como el grado de simpatía o peloteo, la falta de problemas personales que te impidan concentrarte, etc. Para conseguir que te asignen números altos tienes que dedicar todo tu tiempo a ejercitarte en materias, la mayoría de ellas inútiles para tu futuro, a las que le tienes que dedicar demasiadas horas para aprender su más intrincados y estúpidos detalles.

En definitiva te convierten en un zombie que dedica su vida a memorizar, y la verdad no se si merece la pena, no lo creo. Llegados a esa conclusión, ¿qué podemos hacer? Nada, nos tienen atados de pies y manos pero aguantamos porque el resto se aguanta y no queremos ''fracasar en la vida''.

Convierten una profesión pura y bella en una competición estúpida e injusta en la que no suele ganar el mejor. Aun así, hay que demostrar que podemos...

Pues eso, que no se qué escribir, así que no escribo más, tampoco tengo mucha motivación, la gente está dejando de comentar...

En fin, sólo quería apoyar a mis camaradas en esta travesía, sólo queda mes y medio. Animo!!
Parad el mp3 de Amelie unos minutitos y escuchad esto, si queréis.
Un abrazo!




Calendario 3er trimestre:
22 Abril- CTM (Procesos geológicos endógenos, exógenos y riegos geológicos)
24 Abril- Francés (U1,2,3,4,5,6,7,8), Química (Trabajo de T4, equilibrios)
7 Mayo- Biología (T11,12,13)
8 Mayo- Lengua (La casa de Bernarda Alba), Química (T0,1,2,3,4,formulación)
11 Mayo- Filosofía (Descartes)
15 Mayo- Historia (Primo de Rivera, La II República, La guerra civil, Dictadura franquista)
18 Mayo- Filosofía (Nietzsche)
19 Mayo- Inglés (Examen final)
21 Mayo- Lengua (Géneros literarios, valores del como, cuando y donde, sintaxis, Lírica y teatro antes y después de la guerra...), Biología (T14)
22 Mayo- Francés (Examen final)
25 Mayo- Química (Examen final, T0,1,2,3,4,5,6,7,formulación)
26 Mayo- CTM (Los recursos minerales, energías renovables y no renovables, los ecosistemas, los ciclos de la materia, ecología de poblaciones, estructura y dinámica de los ecosistemas, recursos de la biosfera, el paisaje, la atmósfera y el clima)
26-28 Mayo- Exámenes para subir nota
...Selectividad

6 de abril de 2009

4. El charco, la farola, y su muerte

He llegado a escupir sangre en una noche lluviosa...

He visto como las cosas (pocas) que conservaban belleza se han marchitado ante mis ojos, he visto el injusto prevalece ante el justo y como lo que creía bueno era horroroso.

He olido la fragancia del abandono y de la desesperación, he tocado con mis dedos las más amargas verdades y he rozado el límite de la crueldad. He saboreado la derrota infinitamente más que la victoria, y la he degustado lentamente hasta quedarme sin apenas energías.

He llorado desconsoladamente ante una muchedumbre que me miraba con pena y lástima. Puede que si se hubiesen acercado habría dejado de llorar. He sentido el más solitario de los dolores y me he refugiado en los lugares más inhóspitos de mí mismo. He observado como, sin que yo pudiese hacer nada, ansias de suicidio crecían en mí sin ningún motivo lógico, que se hubiesen podido solucionar con una, o a lo sumo dos palabras de alguien. He desencadenado mi propia ira ante la incomprensión de la gente que me rodea, harto de todo lo decible y lo indecible. He sentido abandono y el sabor salado de la arena, las lágrimas y la sangre. He caído muchas veces y me he tenido que levantar una y otra vez...


También he podido ver el cegador y resplandeciente brillo del reflejo de una farola en un charco en el transcurso de una noche lluviosa mientras sentía melancolía de pesares y dichas...

He sentido como pequeños detalles que valen de verdad han llenado mi reserva de energías y me han llevado a un mundo de pequeñas y mágicas chispas centelleantes. He comprendido que con un solo iluminar de inocentes ojos puede llegar la inspiración para todo, incluso para decidir lo que uno realmente quiere ser para el mundo. He escuchado confesiones ocultas y maravillosas y los punteos de guitarra más inspiradores, también el transcurrir del agua y la voz más dulce y melodiosa. He visto la sonrisa de un bebé y una rosa roja rodeada de plantas moribundas, que resiste a todo. He sentido armonía absoluta sin alguna razón aparente y en algún momento he llegado a pensar que el mundo vale la pena. He sentido el rozar de unos labios con los míos y lo suave de una piel femenina. He saboreado la tristeza con una pizca de alegría, y me gustó. He sentido el sonreír. He esperado atento a que un mar de estrellas amarillentas se abalance sobre mí. He olido nostálgicos perfumes con los que evoco mi infancia, mi absurda y bella infancia. He conseguido fuerzas para levantarme una y otra vez, y he rozado la felicidad...creo...


Es imposible no odiarme si formo parte de vosotros, todos los seres humanos, mezquinos, egoístas, y maravillosos...



Una vez aclarado esto procedo a desnudarme...


14 de enero de 2009

3. Irresponsable y confuso (pequeño inciso)


Llegados a este punto me veo obligado a parar en el relato por sentirme incapaz de continuar, al menos de momento, durante dos semanas he estado intentando sacar fuerzas para contar cosas que debo antes desempolvar de mi oscuro rincon de las cargas pesadas...

Puede ser que la entrada siguiente sea la última, no creo que tenga mucho más que contar después de ella, ya lo veré. Últimamente me he visto muy decepcionado por demasiadas personas, varias de ellas estarán leyendo esto.

Últimamente observo como realidades firmes se derrumban a mi alrededor como castillos de arena y dudo seriamente de que alguna vez pueda ser feliz, supongo que estoy un poco cansado por la vida. De forma totalmente irresponsable y confusa voy a limitarme a insertar un texto que descubría gracias a un antiguo profesor... si no quieres no lo leas, me da igual.
Estoy mal anímicamente, supongo que eso es suficiente excusa para hacer mias (de forma irresponsable y confusa) las palabras que siguen en esta poesía.

Fernando Pessoa

Tabaquería
No soy nada.
Nunca seré nada.
No puedo querer ser nada.
Aparte de esto, tengo en mí todos los sueños del mundo.

Ventanas de mi cuarto,
de mi cuarto de uno de los millones de gente que nadie sabe quién es
(y si supiesen quién es, ¿qué sabrían?),
dais al misterio de una calle constantemente cruzada por la gente,
a una calle inaccesible a todos los pensamientos,
real, imposiblemente real, evidente, desconocidamente evidente,
con el misterio de las cosas por lo bajo de las piedras y los seres,
con la muerte poniendo humedad en las paredes y cabellos blancos en los hombres,
con el Destino conduciendo el carro de todo por la carretera de nada.

Hoy estoy vencido, como si supiera la verdad.
Hoy estoy lúcido, como si estuviese a punto de morirme
y no tuviese otra fraternidad con las cosas
que una despedida, volviéndose esta casa y este lado de la calle
la fila de vagones de un tren, y una partida pintada
desde dentro de mi cabeza,
y una sacudida de mis nervios y un crujir de huesos a la ida.

Hoy me siento perplejo, como quien ha pensado y opinado y olvidado.
Hoy estoy dividido entre la lealtad que le debo
a la tabaquería del otro lado de la calle, como cosa real por fuera,
y a la sensación de que todo es sueño, como cosa real por dentro.

He fracasado en todo.
Como no me hice ningún propósito, quizá todo no fuese nada.
El aprendizaje que me impartieron,
me apeé por la ventana de las traseras de la casa.
Me fui al campo con grandes proyectos.
Pero sólo encontré allí hierbas y árboles,
y cuando había gente era igual que la otra.
Me aparto de la ventana, me siento en una silla. ¿En qué voy a pensar?
¿Qué sé yo del que seré, yo que no sé lo que soy?
¿Ser lo que pienso? Pero ¡pienso ser tantas cosas!
¡Y hay tantos que piensan ser lo mismo que no puede haber tantos!
¿Un genio? En este momento
cien mil cerebros se juzgan en sueños genios como yo,
y la historia no distinguirá, ¿quién sabe?, ni a uno,
ni habrá sino estiércol de tantas conquistas futuras.
No, no creo en mí.
¡En todos los manicomios hay locos perdidos con tantas convicciones!
Yo, que no tengo ninguna convicción, ¿soy más convincente o menos convincente?

No, ni en mí...
¿En cuántas buhardillas y no buhardillas del mundo
no hay en estos momentos genios-para-sí-mismos soñando?
¿Cuántas aspiraciones altas y nobles y lúcidas
-sí, verdaderamente altas y nobles y lúcidas-,
y quién sabe si realizables, no verán nunca la luz del sol verdadero
ni encontrarán quien les preste oídos?
El mundo es para quien nace para conquistarlo
y no para quien sueña que puede conquistarlo, aunque tenga razón.
He soñado más que lo que hizo Napoleón.
He estrechado contra el pecho hipotético más humanidades que Cristo,
he pensado en secreto filosofías que ningún Kant ha escrito.
Pero soy, y quizá lo sea siempre, el de la buhardilla,
aunque no viva en ella;
seré siempre el que no ha nacido para eso;
seré siempre el que tenía condiciones;
seré siempre el que esperó que le abriesen la puerta al pie de una pared sin puerta
y cantó la canción del Infinito en un gallinero,
y oyó la voz de Dios en un pozo tapado.
¿Creer en mí? No, ni en nada.
Derrámame la naturaleza sobre mi cabeza ardiente
su sol, su lluvia, el viento que tropieza en mi cabello,
y lo demás que venga si viene, o tiene que venir, o que no venga.
Esclavos cardíacos de las estrellas,
conquistamos el mundo entero antes de levantarnos de la cama;
pero nos despertamos y es opaco,
nos levantamos y es ajeno,
salimos de casa y es la tierra entera,
y el sistema solar y la Vía Láctea y lo Indefinido.

(¡Come chocolatinas, pequeña,
come chocolatinas!
Mira que no hay más metafísica en el mundo que las chocolatinas,
mira que todas las religiones no enseñan más que la confitería.
¡Come, pequeña sucia, come!
¡Ojalá comiese yo chocolatinas con la misma verdad con que comes!
Pero yo pienso, y al quitarles la platilla, que es de papel de estaño,
lo tiro todo al suelo, lo mismo que he tirado la vida.)

Pero por lo menos queda de la amargura de lo que nunca seré
la caligrafía rápida de estos versos,
pórtico partido hacia lo Imposible.
Pero por lo menos me consagro a mí mismo un desprecio sin lágrimas,
noble, al menos, en el gesto amplio con que tiro
la ropa sucia que soy, sin un papel, para el transcurrir de las cosas,
y me quedo en casa sin camisa.

(Tú, que consuelas, que no existes y por eso consuelas,
o diosa griega, concebida como una estatua que estuviese viva,
o patricia romana, imposiblemente noble y nefasta,
o princesa de trovadores, gentilísima y disimulada,
o marquesa del siglo dieciocho, descotada y lejana,
o meretriz célebre de los tiempos de nuestros padres,
o no sé qué moderno -no me imagino bien qué-,
todo esto, sea lo que sea, lo que seas, ¡si puede inspirar, que inspire!
Mi corazón es un cubo vaciado.
Como invocan espíritus los que invocan espíritus, me invoco
a mí mismo y no encuentro nada.
Me acerco a la ventana y veo la calle con absoluta claridad,
veo las tiendas, veo las aceras, veo los coches que pasan,
veo a los entes vivos vestidos que se cruzan,
veo a los perros que también existen,
y todo esto me pesa como una condena al destierro,
y todo esto es extranjero, como todo.)

He vivido, estudiado, amado, y hasta creído,
y hoy no hay un mendigo al que no envidie sólo por no ser yo.
Miro los andrajos de cada uno y las llagas y la mentira,
y pienso: puede que nunca hayas vivido, ni estudiado, ni amado ni creído
(porque es posible crear la realidad de todo eso sin hacer nada de eso);
puede que hayas existido tan sólo, como un lagarto al que cortan el rabo
y que es un rabo, más acá del lagarto, removidamente.

He hecho de mí lo que no sabía,
y lo que podía hacer de mí no lo he hecho.
El disfraz que me puse estaba equivocado.
Me conocieron enseguida como quien no era y no lo desmentí, y me perdí.
Cuando quise quitarme el antifaz,
lo tenía pegado a la cara.
Cuando me lo quité y me miré en el espejo,
ya había envejecido.
Estaba borracho, no sabía llevar el dominó que no me había quitado.
Tiré el antifaz y me dormí en el vestuario
como un perro tolerado por la gerencia
por ser inofensivo
y voy a escribir esta historia para demostrar que soy sublime.

Esencia musical de mis versos inútiles,
ojalá pudiera encontrarme como algo que hubiese hecho,
y no me quedase siempre enfrente de la tabaquería de enfrente,
pisoteando la conciencia de estar existiendo
como una alfombra en la que tropieza un borracho
o una estera que robaron los gitanos y no valía nada.

Pero el propietario de la tabaquería ha asomado por la puerta y se ha quedado a la puerta.
Le miro con incomodidad en la cabeza apenas vuelta,
y con la incomodidad del alma que está comprendiendo mal.
Morirá él y moriré yo.
Él dejará la muestra y yo dejaré versos.
En determinado momento morirá también la muestra, y los versos también.
Después de ese momento, morirá la calle donde estuvo la muestra,
y la lengua en que fueron escritos los versos,
morirá después el planeta girador en que sucedió todo esto.
En otros satélites de otros sistemas cualesquiera algo así como gente
continuará haciendo cosas semejantes a versos y viviendo debajo de cosas semejantes a muestras,
siempre una cosa enfrente de la otra,
siempre una cosa tan inútil como la otra,
siempre lo imposible tan estúpido como lo real,
siempre el misterio del fondo tan verdadero como el sueño del misterio de la superficie,
siempre esto o siempre otra cosa o ni una cosa ni la otra.

Pero un hombre ha entrado en la tabaquería (¿a comprar tabaco?),
y la realidad plausible cae de repente encima de mí.
Me incorporo a medias con energía, convencido, humano,
y voy a tratar de escribir estos versos en los que digo lo contrario.
Enciendo un cigarrillo al pensar en escribirlos
y saboreo en el cigarrillo la liberación de todos los pensamientos.
Sigo al humo como a una ruta propia,
y disfruto, en un momento sensitivo y competente,
la liberación de todas las especulaciones
y la conciencia de que la metafísica es una consecuencia de encontrarse indispuesto.

Después me echo para atrás en la silla
y continúo fumando.
Mientras me lo conceda el destino seguiré fumando.
(Si me casase con la hija de mi lavandera
a lo mejor sería feliz.)
Visto lo cual, me levanto de la silla. Me voy a la ventana.

El hombre ha salido de la tabaquería (¿metiéndose el cambio en el bolsillo de los pantalones?).
Ah, le conozco: es el Esteves sin metafísica.
(El propietario de la tabaquería ha llegado a la puerta.)
Como por una inspiración divina, Esteves se ha vuelto y me ha visto.
Me ha dicho adiós con la mano, le he gritado ¡Adiós, Esteves! , y el Universo
se me reconstruye sin ideales ni esperanza, y el propietario de la tabaquería se ha sonreído.
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