... que esta noche sería especial. Nada esperaba indicarlo: cena con unos amigos en plan familiar, con sus risas y sus momentos divertidos. La noche se habría quedado con el apelativo de "buena" sólamente si no fuera porque hoy, 28 de Julio sobre las 00:00, ha llovido. Y yo, he salido en su búsqueda.
Quién iba a pensar que esta noche sería especial. Que la tierra mojada mecería mi olfato y que la luna, reluciente, quería celebrarlo.
Bajo la calurosa lluvia lo supe: magia. Esta noche, mismo, no esperaba conocer a alguien que también solucionase sus sueños a base de besos inesperados. Encantado de conocerte. Esta noche no esperaba sorprenderme tampoco mirando el móvil: lo tenía más que visto (o eso creí).
Quizás también sea mágica por el miedo irrefrenable a sentirse identificado. Yo fuí y soy así. Parece patético, pero es la verdad. Lo he visto claro...
Creo que debo terminar pronto. La lucidez que tenía se está yendo demasiado rápido, y debo darle un final a la (incoherente) entrada.
Que mejor broche de oro que una frase que descubrí esta noche por Antichrista (finiquitada hace poco):
"La mediocridad es la indiferencia al bien y al mal"
Da miedo, ¿eh? Necesito dormir. Todas las noches mágicas acaban.
No sé cómo ni por qué, pero de repente vuelvo a gozar de conciencia, quiero alargar un poco más estos instantes que preceden a lo que ahí fuera denominan la auténtica vida. Un abrir de ojos me separa de la realidad, que ya se mueve, a juzgar por el canto de los pájaros. Hoy puede ser un gran día. Me preparo. Una, dos, y tres. La primera imagen mezcla todas las dimensiones y colores que me rodean, fundiéndose en una especie de amarillo muy oscuro, que se va diferenciando poco a poco para conformar una pequeña habitación con escritorio, ventana, puerta, y poco más. Casi a ciegas aún busco a tientas unos calzones para que no puedan las vecinas cotillear sobre la íntegra vista de mi ''lozano'' cuerpo y echo a andar. En el escritorio, al lado de un montón de pergaminos y alguna que otra pluma, hay una bolsa de monedas casi vacía ya. Debo darme prisa en escribir algo ya, tendrá que ser algo de poesía, porque de argumentos ando escaso.
La ventana está abierta de par en par, hace un buen día y la gente anda animada por las ajetreadas callejuelas. Hablan, conducen a sus animales, negocian, corren... Yo solo necesito un poco de motivación para empezar con lo mío. Amaso cuidadosamente con los dedos un poco de aire, esto no tiene mucha consistencia, así que estiro el brazo y llamo a una nube, de la que arranco un pedazo para envolver el aire. Falta fuego, de lo que se ocupa el sol, que enciende mi nueva obra, a la que no tardo en darle un par de caladas. Soy consciente de que mi percepción de la realidad ha quedado algo afectada con tanto tiempo de encierro con la escritura, pero lo llevo como puedo.
Inconscientemente mi mirada se desvía hacia un balcón muy especial y, de nuevo la suerte no se pronuncia, ella está ahí. La verdad es que no sabría decirte si su color de pelo está más cerca del rojo o del negro, si sus ojos son claros u oscuros, o si esas curvas son fruto de un pacto con el mismo diablo. Lo que sí sé decir es que en tantísimos años que llevo de vida no he logrado encontrar algo que se acerque tanto a la perfección, y a su vez sea más sencillo, tan sencillo como dañino puede llegar a ser. Ríos de tinta han caído sobre mis pergaminos inspirados por la figura que se halla tendiendo las prendas de su hogar en estos momentos. No puedo con ella, si no me la logro quitar de la cabeza no conseguiré escribir nada que no la trate, y no podría moralmente vender nada relacionado con ella, así que necesito olvidar, voy a coger la botella de mi escritorio. Precisamente el último pergamino, el más visible de los que están sobre él, es un poema sobre ella, aunque una mancha (no sabría decir si es sangre seca o tinta) tapa la mayoría. El trozo más legible reza así:
‘’Y la misma brisa que ondula tus cabellos
es la que me arrancan sin piedad
apretando mis carnes, apagando mi eco,
clavando las uñas en infértil tierra.’’
Como era de esperar, la botella está vacía, tendré que salir a buscar algo que me ayude a evadirme. Me perfilo la barba con la navaja y me visto. Por la calle me cruzo con Blanca, la frutera, me atrevería a decir que uno sólo de sus pechos compite en tamaño con su cabeza, es algo ruda, tosca y a veces poco delicada, pero (con perdón) no sé qué tiene que sólo su aroma me la pone tiesa. Creo que es esa ternura y cariño que emana (ahora mismo me sonríe mientras nos cruzamos). Más de una noche y de veinte ha ahogado mi soledad con su calor. Sospecho que tiene un hijo, una vez creí verlo cuando me desperté en su alcoba, pero tampoco le pregunté sobre ello, su vida me importa bastante poco, la verdad.
Una vez en la taberna, el ambiente es el de siempre, deprimentemente familiar, el lugar más austero donde uno puede sentirse cómodo. Me siento, ami lado hay un borracho medio dormido. El barman me saluda, él no lo sabe, pero es mi mejor amigo, y la verdad tampoco ha necesitado mucho para serlo.
-Ponme algo fuerte, compañero.
-Hecho, ¿cómo van esos trabajos para el rey?
-En eso estamos, creo que estoy algo estancado, necesito viajar o cambiar un poco de vida.
-Menos mal que para parecer interesado en historias de borrachos y servir algunas jarras no es necesaria inspiración. Por cierto, ¿a que no sabes quién ha vuelto hace poco a la ciudad para hacerle una visita precisamente a su majestad?
Noto como a cada paso que doy se enciende una nueva estrella, eso me hace sentir más seguro. El camino se puede hacer pesado si miramos atrás, e intento que mis movimientos sean livianos y decididos. De cada una de mis orejas cuelgan mis inseparables auriculares, que no paran de contarme distintas historias, con las mismas canciones. Supongo que ese es el espíritu de la música. Fuente de inspiración y motivación, que nos recuerda los pensamientos que no queremos que nos abandonen. A decir verdad no la necesito, pero me acostumbré a ella.
En noches como esta es conveniente respirar hondo y abrir mínimamente los ojos para captar un poco de la esencia de lo que nos rodea. Los elementos que condicionan la vida en general, y que a su vez están tan condicionados como nosotros, que somos hijos de nuestro tiempo. Si alguna vez me pierdo, solo os pido que me recordeis lo que estoy a punto de escribir. Cada persona, resultante muy probablemente de puro caos y descontrolado control, se compone de un trozo de materia y un sistema filosófico en torno al cual gira y se desarrolla, estos dos elementos crecen como un vórtice al que se alimenta con basura cósmica. El trozo de materia no es más que el resultado de una combinación irrepetible y casual de reacciones químicas, y el sistema filosófico, si cabe más irrepetible, no es más que el conjunto de vivencias y conclusiones extraidas de éstas, que se apilan de la mejor forma posible para formar el eje invisible sobre el que dar forma a un ser social con sus correspondientes proyectos de vida. Podemos resumir la vida en eso, un conjunto de proyectos, sueños, objetivos, o como querais llamarlo. Es lo que se supone que da sentido a todo lo que hacemos, la meta. Tanto nos concentramos a veces en llegar hasta ella que olvidamos que lo que realmente hace inolvidable una peregrinación no es llegar, sino el camino.
Muchas veces me han tachado de pasota, tranquilo, de tener la sangre demasiado fría... igual es que no me gusta que las prisas me hagan perderme los detalles importantes, que es por lo que al fin y al cabo sigo viviendo. Toda labor, por ardua que sea, tiene su encanto y su magia, llegar a esta conclusión (incomprensible para la mayoría, y seguramente para tí también) es lo que considero mi gran logro en lo que llevo de vida, y la causa de casi todos mis éxitos y fracasos. Me dijo una vez una chica que el tiempo realmente no existe, solo tenemos constancia del presente, que cuando muere pasa a dejar de existir (pasado), y siempre nos quedará la imaginación para encajar el resto de piezas (futuro). No puede haber maldad en quien se aleja de las vanalidades, porque pasa a ser uno con el mundo, y se da cuenta realmente de que éste no es más que el conjunto de circunstancias que favorecen su potencial crecimiento, para la consecución de sus proyectos.
Morir. Si la vida es un conjunto de proyectos, morir debe ser su antítesis y la anulación de estos últimos según un simple sistema binomial. Tenemos miedo a morir cuando pensamos en los proyectos que quedarán inconclusos, pero si la vida es una sucesión de proyectos y la muerte es ciertamente obligada, inevitablemente quedarán proyectos por concluir, con lo que, no existiendo el tiempo y habiendo solo presente, resulta exactamente igual morir ahora que en unos años. Es igual de digno. Saborea tus sueños, y si puedes, cumplelos, si no, cumple otros. No te rindas. Mira siempre hacia delante. Arriesga para alimentar tu sistema filosófico y, en menor medida, tu materia. Creo que a cada paso que doy se muere una antigua estrella, y eso es realmente emocionante.