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9 de julio de 2010

Somnusfago


Noto como a cada paso que doy se enciende una nueva estrella, eso me hace sentir más seguro. El camino se puede hacer pesado si miramos atrás, e intento que mis movimientos sean livianos y decididos. De cada una de mis orejas cuelgan mis inseparables auriculares, que no paran de contarme distintas historias, con las mismas canciones. Supongo que ese es el espíritu de la música. Fuente de inspiración y motivación, que nos recuerda los pensamientos que no queremos que nos abandonen. A decir verdad no la necesito, pero me acostumbré a ella.


En noches como esta es conveniente respirar hondo y abrir mínimamente los ojos para captar un poco de la esencia de lo que nos rodea. Los elementos que condicionan la vida en general, y que a su vez están tan condicionados como nosotros, que somos hijos de nuestro tiempo. Si alguna vez me pierdo, solo os pido que me recordeis lo que estoy a punto de escribir. Cada persona, resultante muy probablemente de puro caos y descontrolado control, se compone de un trozo de materia y un sistema filosófico en torno al cual gira y se desarrolla, estos dos elementos crecen como un vórtice al que se alimenta con basura cósmica. El trozo de materia no es más que el resultado de una combinación irrepetible y casual de reacciones químicas, y el sistema filosófico, si cabe más irrepetible, no es más que el conjunto de vivencias y conclusiones extraidas de éstas, que se apilan de la mejor forma posible para formar el eje invisible sobre el que dar forma a un ser social con sus correspondientes proyectos de vida. Podemos resumir la vida en eso, un conjunto de proyectos, sueños, objetivos, o como querais llamarlo. Es lo que se supone que da sentido a todo lo que hacemos, la meta. Tanto nos concentramos a veces en llegar hasta ella que olvidamos que lo que realmente hace inolvidable una peregrinación no es llegar, sino el camino.

Muchas veces me han tachado de pasota, tranquilo, de tener la sangre demasiado fría... igual es que no me gusta que las prisas me hagan perderme los detalles importantes, que es por lo que al fin y al cabo sigo viviendo. Toda labor, por ardua que sea, tiene su encanto y su magia, llegar a esta conclusión (incomprensible para la mayoría, y seguramente para tí también) es lo que considero mi gran logro en lo que llevo de vida, y la causa de casi todos mis éxitos y fracasos. Me dijo una vez una chica que el tiempo realmente no existe, solo tenemos constancia del presente, que cuando muere pasa a dejar de existir (pasado), y siempre nos quedará la imaginación para encajar el resto de piezas (futuro). No puede haber maldad en quien se aleja de las vanalidades, porque pasa a ser uno con el mundo, y se da cuenta realmente de que éste no es más que el conjunto de circunstancias que favorecen su potencial crecimiento, para la consecución de sus proyectos.


Morir. Si la vida es un conjunto de proyectos, morir debe ser su antítesis y la anulación de estos últimos según un simple sistema binomial. Tenemos miedo a morir cuando pensamos en los proyectos que quedarán inconclusos, pero si la vida es una sucesión de proyectos y la muerte es ciertamente obligada, inevitablemente quedarán proyectos por concluir, con lo que, no existiendo el tiempo y habiendo solo presente, resulta exactamente igual morir ahora que en unos años. Es igual de digno. Saborea tus sueños, y si puedes, cumplelos, si no, cumple otros. No te rindas. Mira siempre hacia delante. Arriesga para alimentar tu sistema filosófico y, en menor medida, tu materia. Creo que a cada paso que doy se muere una antigua estrella, y eso es realmente emocionante.


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