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9 de agosto de 2009

La décadence d'une fleur


Este post lo publiqué hace días y lo retiré minutos después. Para mí y para vosotros sería mejor no leerlo porque ya no se ni qué decía y probablemente ya no piense igual. No puedo huir de mí mismo, por eso lo vuelvo a publicar.


Esto es lo que escribí un día:

El otro día, en el mar, nadaba con una velocidad poco propia de mí hacia el horizonte, lo más lejos posible de la realidad, de la tierra. ¿Bestias marinas, a quién le importa ya eso? Me cansé de nadar y sumergí la cabeza en las aguas, allí había paz. La paz que busca el que convive con la oscuridad. Escuché como la voz de una niña se alzaba entre el silencio gritando mi nombre. Sobresaltado levanté la cabeza y la busqué. La niña corría hacia un hombre, presumiblemente mi tocayo. La llamada no era para mí tampoco esta vez. Volví a hundir la cabeza en el silencio tras mi fracasado intento de rescate de aquella niña en apuros.

Ya no quedan ni migajas de la persona a la que, probablemente, un día conocisteis. Ni los míseros recuerdos que me acosaban me consuelan ya. Finalmente he perdido la batalla, la batalla de los desesperados en la guerra de los que no deberían haber visto lo que han visto. Me digo a mí mismo que aún queda algo por lo que luchar, pero cada vez mi voz se hace más débil, no recuerdo ya nada y mis ojos se están cansando de buscar cosas que valgan la pena en este mundo. Últimamente han pasado las cosas tan deprisa que no he tenido tiempo de asumirlas, y ha comenzado mi décadence.

Desprecio mi mirada, que denota odio debajo de una mata de pelo que lo entierra y disimula, ese odio que tanto temo. Amo… quién sabe lo que es amar, y no me convence lo de sorber la eternidad. Normalmente hay que indagar mucho en mi mirada para encontrar ese negro odio que se esconde en ella, hoy no se ve en mi rostro otro rasgo. Seguiré esperando una llamada de socorro, para fingir que ayudo a alguien mientras me salvo a mí mismo. Mientras tanto me podéis encontrar flotando boca abajo en un lugar alejado del mar.

‘’Un hombre se vuelve loco si no tiene a nadie, no importa quién sea ese ser mientras esté contigo. Te digo que se vuelve solitario y enfermo’’




Pero claro, no podía quedarse así, así que al día siguiente:

Mi padre. 48 años. Ascendencia de la nobleza. Conoció el amor a los 18 años, y a los 25 dejó de estudiar, precisamente por esa razón. Por suerte o por desgracia, tuvo 4 hijos. En mi opinión conocer a aquella mujer fue la condena a una prometedora vida. Ahora está condenado al tedio y a la mala salud, a ver como su lucha jamás tendrá recompensa.

Hoy paseaba por la playa junto a él y a mis hermanos (después de no haberlo visto en mucho tiempo), nos paramos en un lugar apartado y se tumbó. El sueño pudo conmigo y apoyé mi cabeza en él, me habría abrazado a su cuerpo, pero al fin y al cabo debo cumplir con mi rol de persona fría y calculadora. Sentí un calor y una protección especial, abrí los ojos y era de nuevo un niño ganando su primera partida de ajedrez. Habían vuelto los recuerdos.

Trabajar, trabajar, trabajar, y morir. Él sabe que es su destino, yo con el tiempo lo he tenido que asimilar. Trabajar día y noche para no abandonar sus responsabilidades. Sabe que la vida que le queda es amarga y solitaria, y que muy lejano debe resultar el día en que pueda disfrutar de la vida. Encadenado por una serie de malas decisiones que han consumido su vida, y que fueron el inicio de su décadence. No hay persona en el mundo con mayor fuerza de voluntad y que haya probado más en sus labios la amargura de la vida. Una historia terrible que no considero justo contar aquí. Incendios, muerte prematura, rechazo, clandestinidad, lágrimas reprimidas... En efecto, él es mi modelo, la persona a la que admiro, aún habiendo pasado mi infancia. No hay persona más valiosa. En este momento está trabajando en su mes de vacaciones mientras aquella mujer le pide más trabajo sentada en su cómodo sofá. No está tan solo como piensa, un día le ayudaré a salir de su agujero, solo necesito poder. Poder…

Voy a empezar mi camino. Romperé cadenas que considere amenazantes. Imitaré sus bondades y evitaré sus errores. Me levantaré y descargaré mi odio contra la tiranía. Amaré las cosas que valgan la pena y seguiré cultivando algodón entre la maleza.
Pero lo más importante es que aún no me rindo, no importa lo que haya pasado, ni lo que pasará, sigo vivo, y tengo recuerdos. No necesito más. Superaré los obstáculos… y el dolor.

Lo siento por la publicación.






2 comentarios:

Anónimo dijo...

Primero: No pidas perdón por la publicación
Segundo: El dolor es una de las pocas señales que nos quedan de que seguimos vivos, de que la vida no ha podido con nosotros, sino que somos nosotros quien le estamos plantando cara.
Es realmente maravilloso admirar a un familiar tan cercano como es un padre, dando igual la edad a la que se le admire.
Y siempre queda algo por lo que luchar...aunque tan solo sea porque sabes que siempre hay personas diciendo tu nombre, y que muchas de ellas, van dirigidas a tí.

Anónimo dijo...

Envidio tu admiración a tu padre...
Te deseo mucha suerte en tu camino, por largo y desdichado que sea.

Mucha, mucha suerte.

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