Archivo del blog
28 de abril de 2010
Y volví al principio
Se palpan negras nubes a lo lejos que alzan a sus espaldas a la luna cargando con ella y que no contemple el espectaculo que le fue vetado del amanecer. Yo resoplo con calma, sigo esperando movimientos que cambien el curso de los acontecimientos, aunque pensándolo mejor estas situaciones suelen cambiar a peor. No importa, me pone el riesgo. Me empiezo a sentir mal, arcadas, dolor de cabeza, tengo la sensación de que algo va a explotar dentro de mí. Pongo la cabeza mirando hacia abajo y me dispongo a vomitar todos los pensamientos e ideas que me perturban. Palabras se amontonan y agolpan trotando hacia el suelo desde mi boca, mientras siento que mi cabeza se despeja de preocupaciones y mis ojos son cada vez menos negros. Mis puños no guardan ya rabia. Algo me pica, empiezo a rascar, pero no es suficiente, así que clavo las uñas en mi carne y empiezo a arrancarme la piel poco a poco, escuece un poco al principio pero me siento un poco más libre. No me siento muy bien ocupando tanto espacio en este lugar, así que me oprimo los huesos con las manos hasta reducirlos varias veces de su tamaño. Por último me aprieto el lacrimal para secarlo y que no pueda salir nada de ahí, cualquier precaución es poca. Sin preocupaciones, tormentos, ni cárceles. Ya me siento un poco mejor para seguir esperando sentado en este gran montón de arena.
26 de abril de 2010
Lo que he construído
Sabe a falsa libertad. Me asomo al balcón que he construído en esta enorme montaña de granos de arena, ante mí se alzan ruidosas tormentas que arrastran todo a su paso y corrompen lo que alguna vez he defendido y amado. Solo me queda esperar impasible mientras sonrío con mi estupida mirada de autosuficiencia. Tengo algo de vértigo, pero no supera al sentimiento que me embarga de terror ante la idea de que hay dos personas que podrían derrumbar esta montaña y dejarme desnudo. Lanzo un escupitajo de sangre al abismo y río. Salto de alegría y me revuelco entre lo que queda de mis entrañas. Se avecinan tiempos interesantes. Doy dos pasos en falso y me estiro de arriba a abajo. Cierro el puño y conjuro unas palabras casi indescifrables aun para mí. Me siento a esperar.
18 de abril de 2010
Me hizo pensar en
Se oyen crepitantes. Con los auriculares en las orejas y corro contra el frío viento cuando me percato de que algo aún más frío impacta contra mi cara cada vez con más frecuencia. Está lloviendo. Perfecto. Sigo corriendo, pero me desvío de mi recorrido habitual y a toda prisa voy en busca de refugio. Si no fuese por la debilidad de mis carnes disfrutaria un poco más de este momento. Encuentro un portal donde ya hay una chica resguardándose. Tengo los pies empapados y el chándal pesa mucho. Me siento a esperar un rato a que mejore la situación, porque ya he llegado bastante lejos de mi casa. Frente a mí hay un centro de salud que queda al fondo de millones de gotas que se alargan ese recorrido. Se que a mi salud no le hace mucha gracia esto, pero a mi me encanta. No lo puedo evitar.
Más que de agua estoy empapado en dudas, no sé lo que será de mí, ni quién seguirá a mi lado, solo se que debo seguir esperando una señal. Tengo un poco de miedo, pero solo puedo dejarme llevar de momento y actuar cuando deba. La lluvia no cesa, ya se va haciendo tarde, tendré que correr bajo ese mar precipitante. Suenan truenos. Será un largo camino.
16 de abril de 2010
Susurrando me dijo
Huele a ceniza. Algo muy negro se ha asentado dentro de mí y creo que ignorarlo no funcionará mucho más tiempo. Por suerte de momento estoy estable. Oigo un grito de mi monitor. ''¡Sube!''. Con la potencia que me es posible sacar saco alternativamente del agua los brazos y los flexiono para que impacten de nuevo a toda velocidad sobre el agua. Frente a mí está mi defensor, contra el que voy a quedar bloqueado si no actúo rápido, le engaño cambiando la dirección de nado y me voy por velocidad hasta aproximarme a la portería, donde recibo el pase que con un remate mi mano derecha convierte en gol. Esto cansa, pero sin duda es lo mejor que hay en mi vida en estos momentos.
Refugio de unos ojos verdes. Atrapado en un tarro de fragancias y caricias. Y luego salir huyendo para no volver. La fogata de mis labios se volvió a encender por un tiempo en plena mitad del bosque. La vida son momentos, y he recolectado bastantes últimamente. No volveré a tener algunos parecidos, pero me alegro. Tengo energía para seguir caminando solo ante toda esta locura, aunque me falte algo de inspiración.
Refugio de unos ojos verdes. Atrapado en un tarro de fragancias y caricias. Y luego salir huyendo para no volver. La fogata de mis labios se volvió a encender por un tiempo en plena mitad del bosque. La vida son momentos, y he recolectado bastantes últimamente. No volveré a tener algunos parecidos, pero me alegro. Tengo energía para seguir caminando solo ante toda esta locura, aunque me falte algo de inspiración.
2 de abril de 2010
48- Casilla de llegada

Miedo... portaretratos... recuerdos... salir... a mis espaldas... hoy soy otoño... gris... tumba... un niño de nuevo... me voy lejos... el sueño me vence... se ha desvanecido... te amo, vida... cuando te pierda no podré amar... todo se hace cada vez más confuso... No sueño, no odio, no amo, no siento indiferencia. Ya no existo.
Al menos en lo que respecta al resto de la existencia. Me siento muy aliviado, si es que puedo decir que me siento de alguna forma. Ya no cargo con odios ni tensiones, ni siento mi soledad, tampoco con mi cuerpo físico. Tampoco veo, ni oigo, ni toco, ni conservo los conocimientos que tantas horas dediqué a memorizar. No se muy bien lo que queda, pero más quisieran la luz y la oscuridad parecerse a esto. Lo he conseguido. He logrado completar toda una vida.
No veo, pero aun así soy consciente de que delante de mí se dibuja una sonrisa que conozco muy bien, sin tener boca sonrío yo también. Tanto eché de menos esto... Es hora de crearme a mí mismo una imagen de lo que me rodea, así que me dibujo a mí mismo con el fisico que recordaba tener y ya, con ojos, puedo ver claramente donde estoy. Si nos ponemos a colorearlo todo, podemos decir que las paredes tienen un tono entre blanco y azul, y que estoy rodeado de decenas de personas que me miran fijamente, de algunos animales y objetos.
He visto morir a muchas de estas personas, en el caso de otras acudí al entierro y a otros de sus entierros ni me atreví a acudir. Se a quien buscar, pero aún no tengo fuerzas, así que me acerco a todos aquellos que murieron bajo mis cuidados. Se acerca a mí una niña de unos siete años llorando y con un peluche en la mano. Me lo entrega. ''Era tuyo cuando tenías la edad con la que yo dejé la vida, ¿recuerdas?, lo siento por tratarte mal los últimos días en los que nos vimos, pero me sentía realmente mal por mi enfermedad, la última cara que pude ver fue la tuya, aún espero que vengan mis padres''. Después de decirme eso me coge de la mano y me lleva hasta un baul, me entrega una llave. Lo abro con determinación, cerca de 20.000 fotografías se amontonan sobre el fondo, además hay distintas llaves, cartas, papeles, mechones de pelo, anillos, dibujos de mi hermana. Mi cara apenas se inmuta, comprendo que ya solo puedo hacer lo que quiero hacer, no tengo un verdadero cuerpo. Ojeo las fotografías, una por día sin duda, ya nada me puede doler así que las observo sin miedo a que me quemen los recuerdos. Qué paz, qué gran hito completado. La mota de polvo que era mi vida quedó en conjunto bastante bien, con sus altos y bajos, y en contraste con todo el polvo.Minnie está en mi hombro, Luna mira el baúl con curiosidad. Entre unos cuantos perros distingo a Simba y Kira. Tanto lloré por ellos, y ahora no puedo llorar más. Tampoco echo de menos llorar, porque no puedo echar de menos. Recupero la compostura y se acerca a mí un hombre bastante demacrado. ''Perdón por intentar hacerte daño, solo quería sobrevivir, aquí ya no existe odio así que espero que podamos cohabitar en paz''. Sigo caminando con mis piernas imaginarias hasta llegar a un grupo de personas bastante unidas entre sí. Mi familia. Mi vida. Suspiro y me fundo con ellos. Si existiese aún el tiempo diría que han pasado millones de años entre sus brazos, siento calor, es maravilloso. Ya nunca más estaré solo. He errado mucho en mi vida, pero ahora todo merece la pena. Un susurro inquieto interrumpe el momento, es un gran amigo del pasado. Mi sonrisa se amplía más de lo que nunca pensé que podría. De repente veo entre la multitud una cara demasiado conocida para mí, que al cruzar su mirada con la mía sale corriendo. Toco el hombro de mi eterno amigo y la persigo.
En el camino hay una puerta que traspaso. Me encuentro en un crucero, en medio del mar. No tiene mucho sentido pero ya nada lo tiene, aquí solo hay un hombre manejando un piano y unos cuantos marineros charlando animadamente. Uno de ellos me da su abrigo por si paso frío, explicarle que no puedo es demasiado largo, así que lo cojo y me siento a ver como el atardecer naranja se torna en un oscuro abismo de noche y estrellas en el que sumergirme. Cierro los ojos. Cuando los abro el pianista toca su última melodía de hoy, una alegre por lo que parece, ningún momento es mejor que éste para navegar en la inmensidad del océano. Me asomo a ver el mar, con el abrigo y un barco como éste de por medio no tengo nada que temer al fin y al cabo.La brisa pega de frente contra mi piel, el cielo está ennegrecido, y el mar lo contrasta con un azul profundo y denso, como si todas las verdades del universo estuvieran contenidas en esa gran masa de agua, algún resplandor blanco generado por el reflejo de las luces del barco me recuerda que hay algo de luz en cualquier sitio en que te propongas buscarla. En el horizonte alcanzo a ver un hilo blanco elevándose sobre el mar, y escucho como el cantar de una ballena mece cada rincón de mi cuerpo. ¿Sabes?, ya no les tengo tanto miedo a las bestias marinas, hay bestias mucho peores conviviendo con nosotros. Para colmo noto como el pelo se me está mojando, está chispeando. Si se pudiese estallar de felicidad ahora mismo lo haría, pero no conozco ningún caso, así que me limito a gritarle a la nada hasta agotar mis fuerzas. Gritos de plenitud. Todos se han ido a dormir, o casi todos, escucho unos pasos que se aproximan hacia mí.
El corazón me da un vuelco cuando vislumbro su silueta, esbozo el principio de una sonrisa, pero algo dentro de mí me grita algo, no me deja verla, ni hablarle, todo se desvanece, pero hago un esfuerzo y la miro a los ojos, esos ojos marrones que se oscurecen con el reflejo del mar y dejan al descubierto la palidez de su rostro, hay tantas cosas que deseo decirle, pruebo a mover los labios de un lado a otro para otro para que mi voz suene firme cuando abra la boca, siento como el viento se para y abro la boca: ''volvemos a vernos. Tantas horas que dediqué a pensar en ella, a contemplar aquel portarretratos que me llevó a la máxima locura, a quererla como jamás quise a nadie. Y un día se fue, como yo me acabo de ir. La soledad acabó por ganarme la partida y mi vida perdió gran parte de su sentido. Solo por tí vuelvo a sentir por un momento, solo por tí ha merecido la pena todo, por quedarme siempre contigo, con todas las personas que estaban ahí, y las que quedan aún por llegar. Has sido la mujer de mi vida, si te parece bien podemos ir más allá de una simple existencia''. Le hablé durante mucho más tiempo, aguanté el paso de los días y las estaciones con su mano cogida de la mía, contándole todas las inquietudes que algún día tuve, y las ilusiones, y las decepciones. Solo le hablé de amor y de cosas que valen la pena, al fín y al cabo es todo lo que me he traído de una vida entera. Mi propia ley.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
Actualmente hay
entradas y comentarios que valen en este blog.