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31 de marzo de 2010

6- Bajos sepias

Siento como si hubiese estado durmiendo mucho tiempo y acabase de despertar de un largo letargo de varios meses. Soplo hacia arriba para apartarme una densa mata de pelo de la cara y cojo de la silla que hay aquí al lado una camiseta roja y unas calzonas nuevas. Ya no recuerdo si es primavera o verano, pero sospecho que hoy toca dar un paseo hasta la playa, tampoco estaría mal insistirle hasta sonsacarle un helado a mi madre y perfeccionar la técnica que descubrí ayer para mantenerme firme contra las olas.


Salgo corriendo atravesando el salón hacia el patio, allí están mis dos hermanos, José está restregando el chupete con la pared, igual debería decirle que eso no está bien pero seguramente aprenderá él solo de sus errores. David habla disfusamente con un chaval del que solo recuerdo unos muñecos de Casper el fantasma que me dio. El viento choca contra mi pelo desordenándolo aún más. Hoy el patio está animado y llega a su culminación cuando elevo la mirada ante un alboroto que se despierta en segundos.


Poco a poco se deja ver en la cumbre de las larguísimas escaleras una figura algo más baja que yo y que se alza majestuosa ante mis temores de dejar de vivir ese momento. Hoy lleva un vestido blanco que contrasta con su fría sonrisa experta en congelar de mi expresión facial. Me mira a los ojos, o eso creo, y todo se para alrededor. Me pongo de puntillas para verla mejor mientras baja las escaleras hacia mí. Nunca había tenido una amiga pero es bastante interesante.

Algo rompe el encanto del momento, cuando me doy cuenta mi hermano y otros niños están cantando ''¡¡tiene novia, tiene novia!!''. La rabia me invade y mi pie va directo a todas las espinillas que me da tiempo a patear. Salgo corriendo. Oigo como ella me llama, pero sigo corriendo, sonrío.

21 de marzo de 2010

Primaveral

...Me impulso flexionando y extendiendo las piernas, con lo que inicio un salto que me lleva a pasar la ventana hacia el patio de mi casa. Miro hacia arriba y se agolpan sobre mi mirada muchísimos metros de edificio que dejan ver encima de ellos un trozo de cielo azul y el pico de alguna nube. Agarro la pared con las uñas y fijo en ella la planta de los pies para disponerme a escalar. Me impulso hacia arriba a toda la velocidad que me permite la física, escalo hasta que vislumbro el fin del camino. Un impulso más y estaré en la azotea, agarro una mano al bordillo pero siento un pequeño picor en la nariz y el impulso irrefrenable de rascarla con la mano en la que me apoyo. Sé que caeré al vacío pero quiero rascarme, así que lo hago. Como imaginaba que pasaría una mano me recoge antes de que caiga y me sube a suelo firme. Un señor de pelo canoso está de pie ante mí y ante mis mismos ojos se convierte sin más en una cometa roja, de cuyo extremo de la cuerda está agarrada mi mano.

Me incorporo y con la lucidez de alguien que ya lo ha vivido todo le doy un tirón a la cometa, a lo que responde elevándome poco a poco. Si no fuera porque mi nudillos están ya desgastados de la escalada no encontraría problemas. Grito un poco por dentro de falsa euforia y ya me siento seguro. Aprovecho que estoy planeando sobre la ciudad para agitar las piernas y deshacerme del fango que me cubre las zapatillas. Siento sacudidas de nervios al ver a una panda de chavales sentados en torno a un banco, es increible lo simple que es la vida. Se me ocurre una idea y chasqueo los dedos: mi idea es ser idea un rato, pero no puedo abstraerme más allá de la idea de algo invisible que flota, así que opto mejor por usar un rato las piernas para despejarme. Tiro de la cuerda, me escurro el viento que se me ha quedado pegado y me bajo en un balcón lleno de flores. Por desgracia he dado a parar demasiado cerca de un ser de mi misma especie pero distinto género y carente de vestimentas, por la humedad de su piel deduzco que viene de asearse, pero antes de poder averiguar más su mano está abalanzandose hacia mi cara, a lo que respondo saltando al balcón de al lado, que está abierto.


Un sentimiento de resaca perdida se cuela por mis vasos moviendo mi pulso a su antojo cuando veo a donde he llegado. Una chica de unos 18 años con cara de gritar a sus adentro día y noche me mira con una desesperanzada palidez que se refleja en sus ojos verdes. Llevo mi dedo índice a la boca y lo poso sobre los labios con la esperanza de que sus palabras no estropeen la verdad del momento. Sin más la cojo con fuerza de la mano y me abalanzo a abrir la puerta para salir de la casa mientras tiro de ella, por el camino atropello a lo que parece ser su madre con una bandeja de galletas y subo las escaleras del bloque hasta llegar a otra azotea, distinta de la anterior. En el cielo se dibujan nubes negras y la chica me mira con confianza, no sabe quien soy ni lo que hago, pero creo que le parece mejor que lo que estaba haciendo en su cuarto. Sigo corriendo hacia el final de la azotea y la agarro por la cintura antes de saltar al edificio de al lado. Quiero huir de aquí, y creo que ella también.


Así pasan las horas y las horas, y los días, y seguimos corriendo para alejarnos de la negra nube.
Edificios, casas, tejados, fuentes, llanos, praderas, bosques... todo hasta que llego a una superficie arenosa desde la que llegan los sonidos de las olas estrellándose entre sí y se abrazan para reconciliarse. Me quito los zapatos y cuando quiero darme cuenta ella ya está corriendo por la orilla en dirección al sol. Me siento a contemplarla, sonreir y tocar la arena con los dedos de los pies. Cuando ya no queda sol se queda parada y se vuelve hacia mí. De sus ojos se desprenden un par de lágrimas, deduzco que de emoción. Me levanto despacio mientras oigo la canción que nos dedican un grupo de cigarras. Ella está delante mía, y hace un amago de abrir la boca. Evito palabras innecesarias. Mi brazo derecho e izquierdo se entrelazan en su espalda reduciendo nuestra distancia a escasos milimetros, y mi boca se sitúa en un ángulo opuesto al de la suya, pero estrechamente unidas. Después de segundos, o incluso minutos, me doy la vuelta y cojo el camino para volver. No quiero que ella vea mi sonrisa de oreja a oreja. Me espera un duro camino de vuelta, pero siempre puedo usar la imaginación para hacerlo más ameno. No se qué tiene la primavera pero me gusta. Miro las estrellas y estiro los brazos. Ahora tengo ganas de saltar.


18 de marzo de 2010

Preprimaveral


Una y otra vez me vuelvo a arrastrar por los mismos pensamientos, para disiparlos un rato enciendo el MP4 cuya pantalla está completamente rota, pero aún sirve. Doy una zancada y bajo del bus, me agarro a una farola y doy una vuelta completa a su alrededor mientras canto alguna canción tan alegre como vacía.

Con trabajo saco las llaves y entro en casa, mi familia está en el salón, paso por él como si fuese invisible, nadie se inmuta y voy a la cocina a por algo de comer. Voy a mi cuarto a comer y enciendo el portatil y visito los mismos 4 o 5 sitios de siempre en busca de novedades. Hoy no tengo ganas, lo cierro. Saco un bolígrafo y lo empiezo a morder mientras miro el techo, hoy tengo natación, creo, por lo menos el día tendrá algo de sentido. Fijo la mirada en una mancha gris de la pared, ojalá todo fuese tan simple. Escucho la puerta entreabrirse, es mi gata Luna, que se sube a mi hombro y me acaricia con la cabeza en mi pelo.

El techo empieza a fundirse y a caer gota a gota sobre el húmedo suelo de la habitación, yo permanezco impasible, todo lo que venga me parece correcto. Las esquinas del techo ya no son esquinas, sino masas de una sustancia semisólida desprendiendose sobre mi cabeza. Dejo de comer. ''¿Qué crees que estás haciendo con tu vida?'', si no fuese porque ya no me importa mucho de lo que pase ahí fuera me extrañaría que mi gata me estuviese hablando, pero hay que aceptar los hechos así que respondo. ''Espero a que todo pase''. ''Sigues viviendo del pasado, de quebrantos y de historias que no acabaron como tú querías, por eso ya no eres el mismo, te ha vuelto a defraudar la vida, y no solo estás así porque te haya ido mal a tí sino porque también le ha pasado a todos tus amigos, crees que nada es justo, ¿eh?'' me susurra. ''Todo mejorará'' respondo sin pensar. ''Sal de todo esto antes de que sea tarde, recuerda quien eres'' concluye antes de salir corriendo hacia ninguna parte.

Si fumase este sería uno de los grandes momentos para hacerlo y sentirme pleno, fijo ahora la mirada en la ventana, y me levanto poco a poco. Cojo aire...

...

14 de marzo de 2010

Una noche más


Siendo un poco retrospectivos, todos mis problemas y ''depresiones'' a lo largo de lo que recuerdo de vida han sido fruto de una interacción social frustrada, el querer que las personas actúen como uno quiere o como mínimo a nuestro favor conduce inevitablemente a constantes decepciones que se traducen en una progresiva desconfianza hacia el entorno que nos hace adoptar conductas atodestructivas, o destructivas sin más.



''El hombre es un lobo para el hombre'' que se organiza en sociedad para alcanzar cierto estado de control otorgándole todos sus derechos al ''estado'' como regidor de los mismos decía Thomas Hobbes. “El que vive de esperanza, muere desesperanzado” escuché también hace tiempo. Buscar y encontrar suelen ser dos términos que a lo largo del tiempo se desvirtuan torciendo su camino, al final no sabemos lo que queríamos al principio, solo lo que queremos ahora, por tanto se puede resumir o definir al ser humano en su vertiente más abstracta como un estado de deseos que se renuevan continuamente ante un estímulo, ya sea de grado positivo o negativo.

Huyendo ya de tanta antropología y psicología innecesaria, me acabo de dar cuenta de el por qué mi particular obsesión por las ''cosas que valen'', y es que esos detalles banales (según muchos) y no muy llamativos están relativamente alejados de la tensión que supone para mí cualquier interacción social por lo banal, lo inconcluente y lo dañino que me supone ésta en ocasiones. Es como comprender que la vida que nos han enseñado no es realmente la vida, sino una versión escenificada de las manillas de un reloj. Lo esencial para vivir puede resultar aburrido con el tiempo, por eso se ha ido intentando superarlo con el tiempo, e incluso olvidarlo. Detenerse a contemplar la belleza es un lujo demasiado caro hoy en día.

Lo que me aporta la sociedad es obvio, y también que ya no sabría vivir sin ella, por que yo no soy más que lo que he aprendido de ella. Está bien ver a alguno de tus padres sonreir, conseguir un trabajo decente, hacer ejercicio para aproximarte a los estereotipos ''buenos'' del momento, tener algún amigo que te escuche cuando estás mal o conseguir recorrer con tus dedos las sinuosas curvas de la chica a la que estuviste tanto tiempo intentando conseguir. Pero recuerda que hay vida más allá de la que te han enseñado, y vida solo tienes una.


7 de marzo de 2010

Dos amores



-Señor, ¿es usted quién nos llamó?

-Efectivamente. Gracias, sr. policía. Les llamé porque hay una persona que no para de seguirme y acosarme. Temo por mí. ¿Vé aquel joven de allá que mira de reojo? Lleva ahí atrás días... meses.- Dijo el caballero, seguro de sus palabras. Era un hombre alto, trajeado de gris y con un sombrero negro muy elegante con una V grabada.

Entonces los policías, con la famosa Justicia ciega bordada en sus pechos, se acercaron al joven. Tendría ya unos 18 años, despreocupado y algo chulo.

''- Te...''- se dejaba entresonar a lo lejos.

-¿Qué hace aquí a estas horas de la noche? Está molestando a aquel caballero. Si no quiere problemas, déjelo.

-Estoy aquí por culpa de ese hijo puta. Me alimentó, y ahora no puedo parar. ¿Problemas? No sabes lo que son problemas.

-Si sigue así nos veremos obligados a actuar. ¿Cuál es su nombre?

-Me llamo Amor.

El caballero estaba oyendolo todo - ¡eso no es cierto! - gritó enfurecido. Se le había faltado al respeto.

''- Yo te...''

- Ok, ok. Lo siento. Soy un impostor mandado. Me llamo Lujuria. A mi me vale cualquiera, pero mi hermana Esperanza está enferma en la cama, y no pudo venir a hacer su trabajo. Ella es maravillosa, pero tiende a enfermar. Demasiadas decepciones. Aunque se ve que es mucho mas sutil que yo... Pero debe hacerlo. Se lo debe a 'alguien'.

- Realmente no me importa que coño te ocurra. Está molestando a alguien importante, ¿es que quiere que me lo lleve detenido?. -No sería un mal plan...- susurró para si Lujuria.

Tras un forcejeo, Justicia se lo llevó detenido. Hacia lo correcto. Al pasar al lado del caballero, Lujuria esbozó una sonrisa y le dijo en voz baja: - no te hagas ilusiones; para mí, si no eras tu, era otro.

- No me hice ilusiones, y lo sabes. Pasas demasiado fugaz.

- ¡Te... te quiero!- dijo de repente una voz femenina.

El caballero se giró. No se había dado cuenta que una chica con los ojos llorosos, de unos 15 años, estaba temblando a sus espaldas. Tenía un precioso pelo largo, y gesticulaba con las manos nerviosa. Tenía unas plumas en la espalda, y un rastro de plumas en el suelo.

- Lo siento, pero no creo que sea así. Buscas una razón de ser y tienes miedo de no encontrarla. Pero todos lo tenemos. Haz crecer esas preciosas alas que sé escondes y echa a volar.

Las lágrimas empezaron a desfilar por la blanca tez de la chica. - Gracias...- Entonces dibujó una magnífica sonrisa, y salió corriendo. Pero antes de salir, se dio media vuelta y gritó: - ¡Gracias! Por cierto, me llamo Sueño. Te aconsejo que no lo olvides, ¡Ten por seguro que volverás a saber de mí!

- Me pregunto dónde está el mio...Se vé que no lo sé todo.- dijo el caballero tapandose la cara con el sombrero.

Ya había echo suficiente por hoy. Cuando se disponía a abandonar la escena, vió asomarse una cabeza tras el tronco de un arbol. Se trataba de un chiquillo. Un adolescente más en el mundo, con cara de niño.

- Vaya, por fin sales. Antes te defendí, ¿oiste?

- ...

- Oh, venga. No seas tímido. Acercate.

- Me gustaría, pero no puedo... - dijo el chico entrecortado.- Mis compañeros me encadenaron a este arbol hace tiempo. No estoy encerrado en este jardín por gusto, pero es lo que me toca.

- Es triste oir eso. Siempre te ví jugando por el jardín con esa amiga tuya tan enfermiza. Pensé que...

- Tranquilo, nadie lo sabe. Ni siquiera mi nombre. Pero siempre me fijé que estabas allí, al fondo del pasillo, mirando hacia el jardín. Pero siempre llegaba Verguenza, me echaba una mirada fulminante y cerraba la puerta.

- Nadie lo llamaba, pero siempre aparecía.

- ¿Sabes? Me había imaginado tu voz de mil maneras distintas. Yo soy el verdadero Amor, yo lleno los corazones del muchacho y de la joven con fuego mutuo.

- Entonces permíteme, yo soy el Amor que no se atreve a pronunciar su nombre.


Ramón.

2 de marzo de 2010

No puedo dormir...


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ALAMBRE

No podrá arreglar el ron
Lo que no pudo un hombre
Ni podrán mis ojos vidriosos
Borrar con lágrimas tu nombre

No apareces en sueños
Ni me cuesta olvidarte
Pero al moverse tus labios
Me cuelgan de este alambre

Alambre de polvo y mentira
Tras el que me escondo
Esperando perdón de la vida
En este encierro roto

Jamás podría yo solo
Cruzar este desierto
Porque entre tanto lodo
Necesitaría tu aliento

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